<odd>
<div id="content_area_user_title"><h2>Blog de Ubaldorodriguez</h2></div><entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" class="object" subclass="blog" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="owner_uuid" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="container_uuid" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="site_uuid" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="time_updated" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[1268211274]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="title" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[Berlín Alexanderplatz]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="description" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[<p><span>
En mi particular viaje por la novela europea de finales del siglo XIX y principios del XX nunca me hab&iacute;a topado con nadie parecido a Alfred D&ouml;blin (1878-1957), de quien s&oacute;lo conoc&iacute;a <em>Las dos amigas y el envenenamiento</em>, y me pregunto, y no tengo respuesta, c&oacute;mo he podido pasar cuarenta a&ntilde;os en este mundo sin haber le&iacute;do antes esa maravilla que es <em>Berl&iacute;n Alexanderplatz</em>, de 1929, que fue un gran &eacute;xito y que, como tantas otras cosas que merecen la pena, ha ca&iacute;do en un olvido de donde lo m&aacute;s probable es que ya no salga nunca.</span></p>
<p style="text-align: justify;">Alfred D&ouml;blin era psiquiatra, m&eacute;dico del seguro, y su profesi&oacute;n le obliga a ir de un sitio a otro de esa ciudad que era la fascinante metr&oacute;polis de los a&ntilde;os veinte que sobre todo el cine nos ha legado. Pero Berl&iacute;n no era s&oacute;lo un mundo de diversi&oacute;n, champ&aacute;n y cabarets, sino tambi&eacute;n la sordidez del medio en que vive Franz Biberkopf, que se ha pasado cuatro a&ntilde;os en la prisi&oacute;n de Tegel por el homicidio involuntario de su novia Ida y que sale dispuesto a convertirse en un hombre nuevo, en un hombre honrado. Con este fin busca trabajos decentes, y tan pronto vende botones como vocea peri&oacute;dicos en la calle, sin importarle mucho si para ello debe ponerse un brazalete nazi. Pero Biberkopf se ha equivocado en una cosa: si uno se ha pasado cuatro a&ntilde;os en la c&aacute;rcel porque beb&iacute;a y en mitad de una pelea ha matado a su novia, prostituta, aunque fuese sin querer, lo &uacute;ltimo que debe hacer para transformarse en una persona honrada es volver al mismo ambiente del que sali&oacute;, en el que pas&oacute; todo aquello. Y esto, precisamente esto, ay, es lo que hace. Por muy sanas que sean sus intenciones, no tarda mucho en comprender que no es sencillo salir adelante en la vida vendiendo peri&oacute;dicos en la calle, no tarda mucho en volver a las tabernas ni en entrar en contacto con esa misma gente del <em>submundo</em>, con ese mismo <em>lumpen</em> que ya conoce, y en especial con un tal Reinhold, que ser&aacute; la ruina de su vida. Y un d&iacute;a por una cosa y otro d&iacute;a por otra, pronto se involucra en los mismos golpes de rateros de tres al cuarto de los que, cuando sali&oacute; de Tegel, hizo el firme prop&oacute;sito de no volver a saber nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Reinhold y Biberkopf llegan a un extra&ntilde;o acuerdo: como Reinhold tiene la man&iacute;a de cambiar de mujer cada mes, en una inclinaci&oacute;n exagerada por ellas que no le impedir&aacute; perder la cabeza por un tal Konrad cuando &eacute;l mismo acabe en la c&aacute;rcel, se las arregla para convencer a Biberkopf de que se haga cargo de las que &eacute;l va abandonando. Por un tiempo, las cosas entre ellos funcionan bien. Reinhold parece el camarada que cualquiera espera encontrar en la vida. Un poco complicado, pero al fin y al cabo buena persona. Tiene sus man&iacute;as, pero Biberkopf conf&iacute;a en &eacute;l. Ahora bien, las cosas empiezan a torcerse, la verdad es que Reinhold no est&aacute; en sus cabales, y una de las consecuencias de este giro de los acontecimientos entre ambos es que al final de un robo Reinhold empuja a Biberkopf del autom&oacute;vil en que huyen y Biberkopf, atropellado por el que ven&iacute;a detr&aacute;s, pierde el brazo derecho. Pero Biberkopf, ahora pac&iacute;fico, lo comprende, lo comprende, no odia a Reinhold, no le dice a nadie lo que ha ocurrido. Y adem&aacute;s sucede un milagro: una muchacha preciosa, Mieze, tambi&eacute;n prostituta, se enamora perdidamente de &eacute;l, gordo y con un brazo de menos. Por primera vez en su vida, Biberkopf es feliz. La puta y el manco, extra&ntilde;a pareja. Pero Reinhold, el maldito Reinhold, no soporta tanta felicidad ajena y, una vez m&aacute;s, decidido a acabar con ella, mete all&iacute; las narices y termina por estrangular a Mieze.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo dem&aacute;s es sencillo de imaginar: alguien da un chivatazo y la polic&iacute;a encuentra el cad&aacute;ver, arresto del sospechoso Biberkopk, que ya antes hab&iacute;a asesinado a otra mujer, ingreso en un manicomio, absoluci&oacute;n, juicio y condena a Reinhold, salida de Biberkopf convertido otra vez en un hombre nuevo (pero, me pregunto, &iquest;cometer&aacute; los mismos errores?). Ahora bien, m&aacute;s interesante que lo que cuenta es la forma en que D&ouml;blin lo cuenta (creo que el verdadero arte siempre es, sobre todo, forma). En medio de tanto expresionismo hay una vuelta al narrador omnisciente que narra una historia dejando claro que lo que va a hacer es justamente eso, narrar una historia desde todos los puntos de vista imaginables. Es la gran diferencia con el narrador del siglo XIX, que lo sab&iacute;a todo y lo juzgaba todo desde s&iacute; mismo. En la vanguardia no hay nada de eso. La realidad tiene infinitas caras, de modo que el escritor debe multiplicarse, perderse en el relato de lo que cuenta, comprenderlo todo, sin entrar en juicios morales y dando de lado a toda clase de &ntilde;o&ntilde;er&iacute;as. Pero esto exige un trabajo previo de investigaci&oacute;n, lo que viene a ser lo mismo que un trabajo previo de estudio, de meditaci&oacute;n, de an&aacute;lisis de la realidad. Es decir, de modestia. Sin embargo, me parece que no hemos aprendido gran cosa.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/374/berln-alexanderplatz">Berlín Alexanderplatz</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				March 10, 2010				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/374/berln-alexanderplatz">Comentarios (0)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p><span><br />
En mi particular viaje por la novela europea de finales del siglo XIX y principios del XX nunca me hab&iacute;a topado con nadie parecido a Alfred D&ouml;blin (1878-1957), de quien s&oacute;lo conoc&iacute;a <em>Las dos amigas y el envenenamiento</em>, y me pregunto, y no tengo respuesta, c&oacute;mo he podido pasar cuarenta a&ntilde;os en este mundo sin haber le&iacute;do antes esa maravilla que es <em>Berl&iacute;n Alexanderplatz</em>, de 1929, que fue un gran &eacute;xito y que, como tantas otras cosas que merecen la pena, ha ca&iacute;do en un olvido de donde lo m&aacute;s probable es que ya no salga nunca.</span></p>
<p style="text-align: justify; ">Alfred D&ouml;blin era psiquiatra, m&eacute;dico del seguro, y su profesi&oacute;n le obliga a ir de un sitio a otro de esa ciudad que era la fascinante metr&oacute;polis de los a&ntilde;os veinte que sobre todo el cine nos ha legado. Pero Berl&iacute;n no era s&oacute;lo un mundo de diversi&oacute;n, champ&aacute;n y cabarets, sino tambi&eacute;n la sordidez del medio en que vive Franz Biberkopf, que se ha pasado cuatro a&ntilde;os en la prisi&oacute;n de Tegel por el homicidio involuntario de su novia Ida y que sale dispuesto a convertirse en un hombre nuevo, en un hombre honrado. Con este fin busca trabajos decentes, y tan pronto vende botones como vocea peri&oacute;dicos en la calle, sin importarle mucho si para ello debe ponerse un brazalete nazi. Pero Biberkopf se ha equivocado en una cosa: si uno se ha pasado cuatro a&ntilde;os en la c&aacute;rcel porque beb&iacute;a y en mitad de una pelea ha matado a su novia, prostituta, aunque fuese sin querer, lo &uacute;ltimo que debe hacer para transformarse en una persona honrada es volver al mismo ambiente del que sali&oacute;, en el que pas&oacute; todo aquello. Y esto, precisamente esto, ay, es lo que hace. Por muy sanas que sean sus intenciones, no tarda mucho en comprender que no es sencillo salir adelante en la vida vendiendo peri&oacute;dicos en la calle, no tarda mucho en volver a las tabernas ni en entrar en contacto con esa misma gente del <em>submundo</em>, con ese mismo <em>lumpen</em> que ya conoce, y en especial con un tal Reinhold, que ser&aacute; la ruina de su vida. Y un d&iacute;a por una cosa y otro d&iacute;a por otra, pronto se involucra en los mismos golpes de rateros de tres al cuarto de los que, cuando sali&oacute; de Tegel, hizo el firme prop&oacute;sito de no volver a saber nada.</p>
<p style="text-align: justify; ">Reinhold y Biberkopf llegan a un extra&ntilde;o acuerdo: como Reinhold tiene la man&iacute;a de cambiar de mujer cada mes, en una inclinaci&oacute;n exagerada por ellas que no le impedir&aacute; perder la cabeza por un tal Konrad cuando &eacute;l mismo acabe en la c&aacute;rcel, se las arregla para convencer a Biberkopf de que se haga cargo de las que &eacute;l va abandonando. Por un tiempo, las cosas entre ellos funcionan bien. Reinhold parece el camarada que cualquiera espera encontrar en la vida. Un poco complicado, pero al fin y al cabo buena persona. Tiene sus man&iacute;as, pero Biberkopf conf&iacute;a en &eacute;l. Ahora bien, las cosas empiezan a torcerse, la verdad es que Reinhold no est&aacute; en sus cabales, y una de las consecuencias de este giro de los acontecimientos entre ambos es que al final de un robo Reinhold empuja a Biberkopf del autom&oacute;vil en que huyen y Biberkopf, atropellado por el que ven&iacute;a detr&aacute;s, pierde el brazo derecho. Pero Biberkopf, ahora pac&iacute;fico, lo comprende, lo comprende, no odia a Reinhold, no le dice a nadie lo que ha ocurrido. Y adem&aacute;s sucede un milagro: una muchacha preciosa, Mieze, tambi&eacute;n prostituta, se enamora perdidamente de &eacute;l, gordo y con un brazo de menos. Por primera vez en su vida, Biberkopf es feliz. La puta y el manco, extra&ntilde;a pareja. Pero Reinhold, el maldito Reinhold, no soporta tanta felicidad ajena y, una vez m&aacute;s, decidido a acabar con ella, mete all&iacute; las narices y termina por estrangular a Mieze.</p>
<p style="text-align: justify; ">Lo dem&aacute;s es sencillo de imaginar: alguien da un chivatazo y la polic&iacute;a encuentra el cad&aacute;ver, arresto del sospechoso Biberkopk, que ya antes hab&iacute;a asesinado a otra mujer, ingreso en un manicomio, absoluci&oacute;n, juicio y condena a Reinhold, salida de Biberkopf convertido otra vez en un hombre nuevo (pero, me pregunto, &iquest;cometer&aacute; los mismos errores?). Ahora bien, m&aacute;s interesante que lo que cuenta es la forma en que D&ouml;blin lo cuenta (creo que el verdadero arte siempre es, sobre todo, forma). En medio de tanto expresionismo hay una vuelta al narrador omnisciente que narra una historia dejando claro que lo que va a hacer es justamente eso, narrar una historia desde todos los puntos de vista imaginables. Es la gran diferencia con el narrador del siglo XIX, que lo sab&iacute;a todo y lo juzgaba todo desde s&iacute; mismo. En la vanguardia no hay nada de eso. La realidad tiene infinitas caras, de modo que el escritor debe multiplicarse, perderse en el relato de lo que cuenta, comprenderlo todo, sin entrar en juicios morales y dando de lado a toda clase de &ntilde;o&ntilde;er&iacute;as. Pero esto exige un trabajo previo de investigaci&oacute;n, lo que viene a ser lo mismo que un trabajo previo de estudio, de meditaci&oacute;n, de an&aacute;lisis de la realidad. Es decir, de modestia. Sin embargo, me parece que no hemos aprendido gran cosa.</p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/metadata/4951/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="comments_on" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[on]]></metadata>
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" class="object" subclass="blog" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="owner_uuid" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="container_uuid" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="site_uuid" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="time_updated" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[1268211274]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="title" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[Berlín Alexanderplatz]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="description" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[<p><span>
En mi particular viaje por la novela europea de finales del siglo XIX y principios del XX nunca me hab&iacute;a topado con nadie parecido a Alfred D&ouml;blin (1878-1957), de quien s&oacute;lo conoc&iacute;a <em>Las dos amigas y el envenenamiento</em>, y me pregunto, y no tengo respuesta, c&oacute;mo he podido pasar cuarenta a&ntilde;os en este mundo sin haber le&iacute;do antes esa maravilla que es <em>Berl&iacute;n Alexanderplatz</em>, de 1929, que fue un gran &eacute;xito y que, como tantas otras cosas que merecen la pena, ha ca&iacute;do en un olvido de donde lo m&aacute;s probable es que ya no salga nunca.</span></p>
<p style="text-align: justify;">Alfred D&ouml;blin era psiquiatra, m&eacute;dico del seguro, y su profesi&oacute;n le obliga a ir de un sitio a otro de esa ciudad que era la fascinante metr&oacute;polis de los a&ntilde;os veinte que sobre todo el cine nos ha legado. Pero Berl&iacute;n no era s&oacute;lo un mundo de diversi&oacute;n, champ&aacute;n y cabarets, sino tambi&eacute;n la sordidez del medio en que vive Franz Biberkopf, que se ha pasado cuatro a&ntilde;os en la prisi&oacute;n de Tegel por el homicidio involuntario de su novia Ida y que sale dispuesto a convertirse en un hombre nuevo, en un hombre honrado. Con este fin busca trabajos decentes, y tan pronto vende botones como vocea peri&oacute;dicos en la calle, sin importarle mucho si para ello debe ponerse un brazalete nazi. Pero Biberkopf se ha equivocado en una cosa: si uno se ha pasado cuatro a&ntilde;os en la c&aacute;rcel porque beb&iacute;a y en mitad de una pelea ha matado a su novia, prostituta, aunque fuese sin querer, lo &uacute;ltimo que debe hacer para transformarse en una persona honrada es volver al mismo ambiente del que sali&oacute;, en el que pas&oacute; todo aquello. Y esto, precisamente esto, ay, es lo que hace. Por muy sanas que sean sus intenciones, no tarda mucho en comprender que no es sencillo salir adelante en la vida vendiendo peri&oacute;dicos en la calle, no tarda mucho en volver a las tabernas ni en entrar en contacto con esa misma gente del <em>submundo</em>, con ese mismo <em>lumpen</em> que ya conoce, y en especial con un tal Reinhold, que ser&aacute; la ruina de su vida. Y un d&iacute;a por una cosa y otro d&iacute;a por otra, pronto se involucra en los mismos golpes de rateros de tres al cuarto de los que, cuando sali&oacute; de Tegel, hizo el firme prop&oacute;sito de no volver a saber nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Reinhold y Biberkopf llegan a un extra&ntilde;o acuerdo: como Reinhold tiene la man&iacute;a de cambiar de mujer cada mes, en una inclinaci&oacute;n exagerada por ellas que no le impedir&aacute; perder la cabeza por un tal Konrad cuando &eacute;l mismo acabe en la c&aacute;rcel, se las arregla para convencer a Biberkopf de que se haga cargo de las que &eacute;l va abandonando. Por un tiempo, las cosas entre ellos funcionan bien. Reinhold parece el camarada que cualquiera espera encontrar en la vida. Un poco complicado, pero al fin y al cabo buena persona. Tiene sus man&iacute;as, pero Biberkopf conf&iacute;a en &eacute;l. Ahora bien, las cosas empiezan a torcerse, la verdad es que Reinhold no est&aacute; en sus cabales, y una de las consecuencias de este giro de los acontecimientos entre ambos es que al final de un robo Reinhold empuja a Biberkopf del autom&oacute;vil en que huyen y Biberkopf, atropellado por el que ven&iacute;a detr&aacute;s, pierde el brazo derecho. Pero Biberkopf, ahora pac&iacute;fico, lo comprende, lo comprende, no odia a Reinhold, no le dice a nadie lo que ha ocurrido. Y adem&aacute;s sucede un milagro: una muchacha preciosa, Mieze, tambi&eacute;n prostituta, se enamora perdidamente de &eacute;l, gordo y con un brazo de menos. Por primera vez en su vida, Biberkopf es feliz. La puta y el manco, extra&ntilde;a pareja. Pero Reinhold, el maldito Reinhold, no soporta tanta felicidad ajena y, una vez m&aacute;s, decidido a acabar con ella, mete all&iacute; las narices y termina por estrangular a Mieze.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo dem&aacute;s es sencillo de imaginar: alguien da un chivatazo y la polic&iacute;a encuentra el cad&aacute;ver, arresto del sospechoso Biberkopk, que ya antes hab&iacute;a asesinado a otra mujer, ingreso en un manicomio, absoluci&oacute;n, juicio y condena a Reinhold, salida de Biberkopf convertido otra vez en un hombre nuevo (pero, me pregunto, &iquest;cometer&aacute; los mismos errores?). Ahora bien, m&aacute;s interesante que lo que cuenta es la forma en que D&ouml;blin lo cuenta (creo que el verdadero arte siempre es, sobre todo, forma). En medio de tanto expresionismo hay una vuelta al narrador omnisciente que narra una historia dejando claro que lo que va a hacer es justamente eso, narrar una historia desde todos los puntos de vista imaginables. Es la gran diferencia con el narrador del siglo XIX, que lo sab&iacute;a todo y lo juzgaba todo desde s&iacute; mismo. En la vanguardia no hay nada de eso. La realidad tiene infinitas caras, de modo que el escritor debe multiplicarse, perderse en el relato de lo que cuenta, comprenderlo todo, sin entrar en juicios morales y dando de lado a toda clase de &ntilde;o&ntilde;er&iacute;as. Pero esto exige un trabajo previo de investigaci&oacute;n, lo que viene a ser lo mismo que un trabajo previo de estudio, de meditaci&oacute;n, de an&aacute;lisis de la realidad. Es decir, de modestia. Sin embargo, me parece que no hemos aprendido gran cosa.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/374/berln-alexanderplatz">Berlín Alexanderplatz</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				March 10, 2010				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/374/berln-alexanderplatz">Comentarios (0)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p><span><br />
En mi particular viaje por la novela europea de finales del siglo XIX y principios del XX nunca me hab&iacute;a topado con nadie parecido a Alfred D&ouml;blin (1878-1957), de quien s&oacute;lo conoc&iacute;a <em>Las dos amigas y el envenenamiento</em>, y me pregunto, y no tengo respuesta, c&oacute;mo he podido pasar cuarenta a&ntilde;os en este mundo sin haber le&iacute;do antes esa maravilla que es <em>Berl&iacute;n Alexanderplatz</em>, de 1929, que fue un gran &eacute;xito y que, como tantas otras cosas que merecen la pena, ha ca&iacute;do en un olvido de donde lo m&aacute;s probable es que ya no salga nunca.</span></p>
<p style="text-align: justify; ">Alfred D&ouml;blin era psiquiatra, m&eacute;dico del seguro, y su profesi&oacute;n le obliga a ir de un sitio a otro de esa ciudad que era la fascinante metr&oacute;polis de los a&ntilde;os veinte que sobre todo el cine nos ha legado. Pero Berl&iacute;n no era s&oacute;lo un mundo de diversi&oacute;n, champ&aacute;n y cabarets, sino tambi&eacute;n la sordidez del medio en que vive Franz Biberkopf, que se ha pasado cuatro a&ntilde;os en la prisi&oacute;n de Tegel por el homicidio involuntario de su novia Ida y que sale dispuesto a convertirse en un hombre nuevo, en un hombre honrado. Con este fin busca trabajos decentes, y tan pronto vende botones como vocea peri&oacute;dicos en la calle, sin importarle mucho si para ello debe ponerse un brazalete nazi. Pero Biberkopf se ha equivocado en una cosa: si uno se ha pasado cuatro a&ntilde;os en la c&aacute;rcel porque beb&iacute;a y en mitad de una pelea ha matado a su novia, prostituta, aunque fuese sin querer, lo &uacute;ltimo que debe hacer para transformarse en una persona honrada es volver al mismo ambiente del que sali&oacute;, en el que pas&oacute; todo aquello. Y esto, precisamente esto, ay, es lo que hace. Por muy sanas que sean sus intenciones, no tarda mucho en comprender que no es sencillo salir adelante en la vida vendiendo peri&oacute;dicos en la calle, no tarda mucho en volver a las tabernas ni en entrar en contacto con esa misma gente del <em>submundo</em>, con ese mismo <em>lumpen</em> que ya conoce, y en especial con un tal Reinhold, que ser&aacute; la ruina de su vida. Y un d&iacute;a por una cosa y otro d&iacute;a por otra, pronto se involucra en los mismos golpes de rateros de tres al cuarto de los que, cuando sali&oacute; de Tegel, hizo el firme prop&oacute;sito de no volver a saber nada.</p>
<p style="text-align: justify; ">Reinhold y Biberkopf llegan a un extra&ntilde;o acuerdo: como Reinhold tiene la man&iacute;a de cambiar de mujer cada mes, en una inclinaci&oacute;n exagerada por ellas que no le impedir&aacute; perder la cabeza por un tal Konrad cuando &eacute;l mismo acabe en la c&aacute;rcel, se las arregla para convencer a Biberkopf de que se haga cargo de las que &eacute;l va abandonando. Por un tiempo, las cosas entre ellos funcionan bien. Reinhold parece el camarada que cualquiera espera encontrar en la vida. Un poco complicado, pero al fin y al cabo buena persona. Tiene sus man&iacute;as, pero Biberkopf conf&iacute;a en &eacute;l. Ahora bien, las cosas empiezan a torcerse, la verdad es que Reinhold no est&aacute; en sus cabales, y una de las consecuencias de este giro de los acontecimientos entre ambos es que al final de un robo Reinhold empuja a Biberkopf del autom&oacute;vil en que huyen y Biberkopf, atropellado por el que ven&iacute;a detr&aacute;s, pierde el brazo derecho. Pero Biberkopf, ahora pac&iacute;fico, lo comprende, lo comprende, no odia a Reinhold, no le dice a nadie lo que ha ocurrido. Y adem&aacute;s sucede un milagro: una muchacha preciosa, Mieze, tambi&eacute;n prostituta, se enamora perdidamente de &eacute;l, gordo y con un brazo de menos. Por primera vez en su vida, Biberkopf es feliz. La puta y el manco, extra&ntilde;a pareja. Pero Reinhold, el maldito Reinhold, no soporta tanta felicidad ajena y, una vez m&aacute;s, decidido a acabar con ella, mete all&iacute; las narices y termina por estrangular a Mieze.</p>
<p style="text-align: justify; ">Lo dem&aacute;s es sencillo de imaginar: alguien da un chivatazo y la polic&iacute;a encuentra el cad&aacute;ver, arresto del sospechoso Biberkopk, que ya antes hab&iacute;a asesinado a otra mujer, ingreso en un manicomio, absoluci&oacute;n, juicio y condena a Reinhold, salida de Biberkopf convertido otra vez en un hombre nuevo (pero, me pregunto, &iquest;cometer&aacute; los mismos errores?). Ahora bien, m&aacute;s interesante que lo que cuenta es la forma en que D&ouml;blin lo cuenta (creo que el verdadero arte siempre es, sobre todo, forma). En medio de tanto expresionismo hay una vuelta al narrador omnisciente que narra una historia dejando claro que lo que va a hacer es justamente eso, narrar una historia desde todos los puntos de vista imaginables. Es la gran diferencia con el narrador del siglo XIX, que lo sab&iacute;a todo y lo juzgaba todo desde s&iacute; mismo. En la vanguardia no hay nada de eso. La realidad tiene infinitas caras, de modo que el escritor debe multiplicarse, perderse en el relato de lo que cuenta, comprenderlo todo, sin entrar en juicios morales y dando de lado a toda clase de &ntilde;o&ntilde;er&iacute;as. Pero esto exige un trabajo previo de investigaci&oacute;n, lo que viene a ser lo mismo que un trabajo previo de estudio, de meditaci&oacute;n, de an&aacute;lisis de la realidad. Es decir, de modestia. Sin embargo, me parece que no hemos aprendido gran cosa.</p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/metadata/4951/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/374/" name="comments_on" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Wed, 10 Mar 2010 01:54:34 -0700" ><![CDATA[on]]></metadata>
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" class="object" subclass="blog" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="owner_uuid" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="container_uuid" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="site_uuid" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="time_updated" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[1247481295]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="title" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[Juan Martínez, que sigue entre nosotros]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="description" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;">&nbsp;&nbsp; Me parece urgente que pongamos remedio a la injusticia que se est&aacute; cometiendo con el sevillano Manuel Chaves Nogales (1897-1944), periodista y escritor hundido en la penumbra en que muchos grandes cabecean sin que vengan a zarandearle para que se ponga de pie y se mueva por el sitio que verdaderamente le corresponde, que es, por ejemplo, al lado de Mariano Jos&eacute; de Larra y de Josep Pla.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;D</span>esde muy joven, llevado por su padre, Chaves Nogales se mete en las redacciones de los peri&oacute;dicos de la &eacute;poca, hasta que un d&iacute;a abandona Sevilla, como tantos acaban por hacer, y se instala en Madrid, donde en la convulsa &eacute;poca en que le toca vivir&nbsp;se pone de parte de Manuel Aza&ntilde;a y del esp&iacute;ritu republicano que representaba. En 1937, habi&eacute;ndose trasladado el gobierno a Valencia, Chaves Nogales se da cuenta de que no tiene nada que hacer all&iacute; y se exilia en Francia. Pero Francia cae en manos alemanas y la Gestapo le busca, de manera que vuelve a quitarse de en medio y se instala en Londres, donde muere.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Podr&iacute;a hablaros de <em>A sangre y fuego</em>, cuyo pr&oacute;logo es, sin duda, lo mejor que se ha escrito sobre la guerra civil <em>durante</em> la guerra civil, o de <em>Juan Belmonte, matador de toros</em>, libro que nos mete en una Sevilla, en una &eacute;poca y en la cabeza de un hombre que ya no volver&aacute;n, pero acabo de leer <em>El maestro Juan Mart&iacute;nez que estaba all&iacute;</em> (1934) y todav&iacute;a me impresiona la brutalidad con que la historia cae sobre unos pobres tipos que, sin comerlo ni beberlo, comprenden que sus vidas han cambiado radicalmente y no pueden hacer otra cosa que bandearse entre las circunstancias para ir sobreviviendo y que la riada de desgracia no se los lleve tambi&eacute;n por delante, como se lo lleva todo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;">&nbsp;&nbsp; Juan Mart&iacute;nez y su mujer, Soledad, son bailarines flamencos y viven y trabajan en Constantinopla, donde las cosas les van muy bien entre cabarets, teatros, copas de champ&aacute;n, altos funcionarios y militares de alta graduaci&oacute;n. Pero estalla la Gran Guerra y poco a poco las cosas dejan de ser como eran: de llevarse bien con los clientes sobre Juan Mart&iacute;nez cae ahora la terrible sospecha de ser un esp&iacute;a al servicio de Francia. Y ya se sabe qu&eacute; se hace con los esp&iacute;as en tiempos de guerra. Buscando tranquilidad y un sitio en que ganarse la vida Juan Mart&iacute;nez y Soledad se van a Rusia, pa&iacute;s enorme donde la guerra es todav&iacute;a algo muy lejano, y, en efecto, por un tiempo viven y trabajan sin problemas hasta que la guerra, en primer lugar, la revoluci&oacute;n bolchevique, luego, y la guerra civil rusa entre rojos y blancos, por &uacute;ltimo, se encargan de llevar la desgracia, la muerte y el hambre sobre millones de personas. Y ellos dos no son una excepci&oacute;n. Durante los seis a&ntilde;os que pasan en Kiev sin poder salir del pa&iacute;s les ocurre toda clase de fatalidades y est&aacute;n muchas veces a punto de unirse al bien nutrido grupo de los que han dejado este mundo de manera violenta, pero Juan Mart&iacute;nez es todo un buscavidas, todo un superviviente con el que no es sencillo acabar, y si para salir adelante tiene que trapichear con joyas, robar grano de los vagones o hacerse amigo de los funcionarios de la Checa, donde se fusilaba a los enemigos de la revoluci&oacute;n como el que se da un paseo por el parque, pues lo hace y en paz. All&iacute;, en la Checa de Kiev, entra en contacto con gente terrible: con el japon&eacute;s Masakita, por ejemplo, que se pasaba el d&iacute;a perdiendo al p&oacute;quer y cuando se quedaba sin dinero les pegaba un tiro en la nuca a dos o tres presos&nbsp;y segu&iacute;a jugando como si nada&nbsp;con el dinero que le daban por ello, o con el camarada Jacobleva, que orden&oacute; fusilar a su propio padre por contrarrevolucionario. Estremecedor, el relato del descubrimiento de cad&aacute;veres y miembros amputados en los s&oacute;tanos de la Checa. Sin embargo, es la propia Checa la que le ofrece la oportunidad de escapar, porque en un descuido de los guardias coge unos cuantos pasaportes extranjeros que, convenientemente manipulados, consiguen de la noche a la ma&ntilde;ana que Soledad y &eacute;l sean ciudadanos italianos y puedan escapar en un mercante hacia Turqu&iacute;a.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;">&nbsp;&nbsp; Pero, por m&aacute;s bestialidades que cuente Juan Mart&iacute;nez, propias de la cabeza de un lun&aacute;tico en una noche de pesadilla,&nbsp;el aut&eacute;ntico infortunio de su vida, la de &eacute;l y la de Soledad, est&aacute; en la p&eacute;rdida de su hija, de la que &eacute;l no nos cuenta nada y que Chaves Nogales, astuto,&nbsp;reserva para el final; su hija, a la que, en unos acontecimientos que parecen sacados de un follet&iacute;n, dejaron en Italia al cuidado de un ama de cr&iacute;a con el fin de que viviera en una estabilidad que ellos no pod&iacute;an darle. Pero la mujer muere y la ni&ntilde;a es llevada a un orfelinato donde la adopta una familia rica, y cuando regresan de Rusia, a pesar de todas sus gestiones y de todos sus intentos por recuperarla, Juan Mart&iacute;nez y Soledad pierden su pista para siempre, as&iacute; que no les queda m&aacute;s remedio que irse sin ella a Par&iacute;s a trabajar y envejecer. A Par&iacute;s, donde Chaves Nogales, que hac&iacute;a un reportaje sobre los expatriados de la revoluci&oacute;n rusa, les conoce y donde el bailar&iacute;n de Burgos le cuenta su vida sentado en un caf&eacute; de la Plaza del Tertre.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;</span></span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/314/juan-martnez-que-sigue-entre-nosotros">Juan Martínez, que sigue entre nosotros</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				July 13, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/314/juan-martnez-que-sigue-entre-nosotros">Comentarios (2)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp; Me parece urgente que pongamos remedio a la injusticia que se est&aacute; cometiendo con el sevillano Manuel Chaves Nogales (1897-1944), periodista y escritor hundido en la penumbra en que muchos grandes cabecean sin que vengan a zarandearle para que se ponga de pie y se mueva por el sitio que verdaderamente le corresponde, que es, por ejemplo, al lado de Mariano Jos&eacute; de Larra y de Josep Pla.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;D</span>esde muy joven, llevado por su padre, Chaves Nogales se mete en las redacciones de los peri&oacute;dicos de la &eacute;poca, hasta que un d&iacute;a abandona Sevilla, como tantos acaban por hacer, y se instala en Madrid, donde en la convulsa &eacute;poca en que le toca vivir&nbsp;se pone de parte de Manuel Aza&ntilde;a y del esp&iacute;ritu republicano que representaba. En 1937, habi&eacute;ndose trasladado el gobierno a Valencia, Chaves Nogales se da cuenta de que no tiene nada que hacer all&iacute; y se exilia en Francia. Pero Francia cae en manos alemanas y la Gestapo le busca, de manera que vuelve a quitarse de en medio y se instala en Londres, donde muere.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Podr&iacute;a hablaros de <em>A sangre y fuego</em>, cuyo pr&oacute;logo es, sin duda, lo mejor que se ha escrito sobre la guerra civil <em>durante</em> la guerra civil, o de <em>Juan Belmonte, matador de toros</em>, libro que nos mete en una Sevilla, en una &eacute;poca y en la cabeza de un hombre que ya no volver&aacute;n, pero acabo de leer <em>El maestro Juan Mart&iacute;nez que estaba all&iacute;</em> (1934) y todav&iacute;a me impresiona la brutalidad con que la historia cae sobre unos pobres tipos que, sin comerlo ni beberlo, comprenden que sus vidas han cambiado radicalmente y no pueden hacer otra cosa que bandearse entre las circunstancias para ir sobreviviendo y que la riada de desgracia no se los lleve tambi&eacute;n por delante, como se lo lleva todo.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp; Juan Mart&iacute;nez y su mujer, Soledad, son bailarines flamencos y viven y trabajan en Constantinopla, donde las cosas les van muy bien entre cabarets, teatros, copas de champ&aacute;n, altos funcionarios y militares de alta graduaci&oacute;n. Pero estalla la Gran Guerra y poco a poco las cosas dejan de ser como eran: de llevarse bien con los clientes sobre Juan Mart&iacute;nez cae ahora la terrible sospecha de ser un esp&iacute;a al servicio de Francia. Y ya se sabe qu&eacute; se hace con los esp&iacute;as en tiempos de guerra. Buscando tranquilidad y un sitio en que ganarse la vida Juan Mart&iacute;nez y Soledad se van a Rusia, pa&iacute;s enorme donde la guerra es todav&iacute;a algo muy lejano, y, en efecto, por un tiempo viven y trabajan sin problemas hasta que la guerra, en primer lugar, la revoluci&oacute;n bolchevique, luego, y la guerra civil rusa entre rojos y blancos, por &uacute;ltimo, se encargan de llevar la desgracia, la muerte y el hambre sobre millones de personas. Y ellos dos no son una excepci&oacute;n. Durante los seis a&ntilde;os que pasan en Kiev sin poder salir del pa&iacute;s les ocurre toda clase de fatalidades y est&aacute;n muchas veces a punto de unirse al bien nutrido grupo de los que han dejado este mundo de manera violenta, pero Juan Mart&iacute;nez es todo un buscavidas, todo un superviviente con el que no es sencillo acabar, y si para salir adelante tiene que trapichear con joyas, robar grano de los vagones o hacerse amigo de los funcionarios de la Checa, donde se fusilaba a los enemigos de la revoluci&oacute;n como el que se da un paseo por el parque, pues lo hace y en paz. All&iacute;, en la Checa de Kiev, entra en contacto con gente terrible: con el japon&eacute;s Masakita, por ejemplo, que se pasaba el d&iacute;a perdiendo al p&oacute;quer y cuando se quedaba sin dinero les pegaba un tiro en la nuca a dos o tres presos&nbsp;y segu&iacute;a jugando como si nada&nbsp;con el dinero que le daban por ello, o con el camarada Jacobleva, que orden&oacute; fusilar a su propio padre por contrarrevolucionario. Estremecedor, el relato del descubrimiento de cad&aacute;veres y miembros amputados en los s&oacute;tanos de la Checa. Sin embargo, es la propia Checa la que le ofrece la oportunidad de escapar, porque en un descuido de los guardias coge unos cuantos pasaportes extranjeros que, convenientemente manipulados, consiguen de la noche a la ma&ntilde;ana que Soledad y &eacute;l sean ciudadanos italianos y puedan escapar en un mercante hacia Turqu&iacute;a.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp; Pero, por m&aacute;s bestialidades que cuente Juan Mart&iacute;nez, propias de la cabeza de un lun&aacute;tico en una noche de pesadilla,&nbsp;el aut&eacute;ntico infortunio de su vida, la de &eacute;l y la de Soledad, est&aacute; en la p&eacute;rdida de su hija, de la que &eacute;l no nos cuenta nada y que Chaves Nogales, astuto,&nbsp;reserva para el final; su hija, a la que, en unos acontecimientos que parecen sacados de un follet&iacute;n, dejaron en Italia al cuidado de un ama de cr&iacute;a con el fin de que viviera en una estabilidad que ellos no pod&iacute;an darle. Pero la mujer muere y la ni&ntilde;a es llevada a un orfelinato donde la adopta una familia rica, y cuando regresan de Rusia, a pesar de todas sus gestiones y de todos sus intentos por recuperarla, Juan Mart&iacute;nez y Soledad pierden su pista para siempre, as&iacute; que no les queda m&aacute;s remedio que irse sin ella a Par&iacute;s a trabajar y envejecer. A Par&iacute;s, donde Chaves Nogales, que hac&iacute;a un reportaje sobre los expatriados de la revoluci&oacute;n rusa, les conoce y donde el bailar&iacute;n de Burgos le cuenta su vida sentado en un caf&eacute; de la Plaza del Tertre.<span>&nbsp; </span><span>&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;</span></span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

<div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/anadal/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/anadal/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/anadal/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/anadal">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/anadal">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/anadal">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/anadal">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/anadal ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/profile/icondirect.php?lastcache=1235304114&username=anadal&joindate=1222640539&guid=2&size=small" border="0"  alt="Andr&eacute;s Nadal" title="Andr&eacute;s Nadal"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>No sab&iacute;a nada de esta historia, Ubaldo. Muchas gracias por compartirla.</p>
<p>&iquest;Puedes recomendar obras del autor?</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a> <acronym title="16 July 2009 @ 9:07am">hace 416 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div --><div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Yo he le&iacute;do esas tres: <em>A sangre y fuego</em>, <em>Juan Belmonte, matador de toros</em> y <em>El maestro Juan Mart&iacute;nez que estaba all&iacute;. </em>Todas son muy buenas. Tiene tambi&eacute;n varios libros de reportajes period&iacute;sticos, estoy leyendo ahora su parte de <em>Cuatro historias de la guerra civil</em> aunque no la he terminado todav&iacute;a. No s&eacute; qu&eacute; me asombra m&aacute;s de &eacute;l, si su estilo, el que (incomprensiblemente)&nbsp;no sea muy conocido o el hecho de que no parezca de Sevilla. Un saludo.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> <acronym title="17 July 2009 @ 2:31am">hace 415 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div -->]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/annotation/72/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/2/" published="Thu, 16 Jul 2009 09:07:09 -0600" ><![CDATA[<p>No sab&iacute;a nada de esta historia, Ubaldo. Muchas gracias por compartirla.</p>
<p>&iquest;Puedes recomendar obras del autor?</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/annotation/73/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Fri, 17 Jul 2009 02:31:12 -0600" ><![CDATA[<p>Yo he le&iacute;do esas tres: <em>A sangre y fuego</em>, <em>Juan Belmonte, matador de toros</em> y <em>El maestro Juan Mart&iacute;nez que estaba all&iacute;. </em>Todas son muy buenas. Tiene tambi&eacute;n varios libros de reportajes period&iacute;sticos, estoy leyendo ahora su parte de <em>Cuatro historias de la guerra civil</em> aunque no la he terminado todav&iacute;a. No s&eacute; qu&eacute; me asombra m&aacute;s de &eacute;l, si su estilo, el que (incomprensiblemente)&nbsp;no sea muy conocido o el hecho de que no parezca de Sevilla. Un saludo.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/metadata/4161/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="comments_on" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[on]]></metadata>
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" class="object" subclass="blog" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="owner_uuid" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="container_uuid" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="site_uuid" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="time_updated" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[1247481295]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="title" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[Juan Martínez, que sigue entre nosotros]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="description" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;">&nbsp;&nbsp; Me parece urgente que pongamos remedio a la injusticia que se est&aacute; cometiendo con el sevillano Manuel Chaves Nogales (1897-1944), periodista y escritor hundido en la penumbra en que muchos grandes cabecean sin que vengan a zarandearle para que se ponga de pie y se mueva por el sitio que verdaderamente le corresponde, que es, por ejemplo, al lado de Mariano Jos&eacute; de Larra y de Josep Pla.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;D</span>esde muy joven, llevado por su padre, Chaves Nogales se mete en las redacciones de los peri&oacute;dicos de la &eacute;poca, hasta que un d&iacute;a abandona Sevilla, como tantos acaban por hacer, y se instala en Madrid, donde en la convulsa &eacute;poca en que le toca vivir&nbsp;se pone de parte de Manuel Aza&ntilde;a y del esp&iacute;ritu republicano que representaba. En 1937, habi&eacute;ndose trasladado el gobierno a Valencia, Chaves Nogales se da cuenta de que no tiene nada que hacer all&iacute; y se exilia en Francia. Pero Francia cae en manos alemanas y la Gestapo le busca, de manera que vuelve a quitarse de en medio y se instala en Londres, donde muere.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Podr&iacute;a hablaros de <em>A sangre y fuego</em>, cuyo pr&oacute;logo es, sin duda, lo mejor que se ha escrito sobre la guerra civil <em>durante</em> la guerra civil, o de <em>Juan Belmonte, matador de toros</em>, libro que nos mete en una Sevilla, en una &eacute;poca y en la cabeza de un hombre que ya no volver&aacute;n, pero acabo de leer <em>El maestro Juan Mart&iacute;nez que estaba all&iacute;</em> (1934) y todav&iacute;a me impresiona la brutalidad con que la historia cae sobre unos pobres tipos que, sin comerlo ni beberlo, comprenden que sus vidas han cambiado radicalmente y no pueden hacer otra cosa que bandearse entre las circunstancias para ir sobreviviendo y que la riada de desgracia no se los lleve tambi&eacute;n por delante, como se lo lleva todo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;">&nbsp;&nbsp; Juan Mart&iacute;nez y su mujer, Soledad, son bailarines flamencos y viven y trabajan en Constantinopla, donde las cosas les van muy bien entre cabarets, teatros, copas de champ&aacute;n, altos funcionarios y militares de alta graduaci&oacute;n. Pero estalla la Gran Guerra y poco a poco las cosas dejan de ser como eran: de llevarse bien con los clientes sobre Juan Mart&iacute;nez cae ahora la terrible sospecha de ser un esp&iacute;a al servicio de Francia. Y ya se sabe qu&eacute; se hace con los esp&iacute;as en tiempos de guerra. Buscando tranquilidad y un sitio en que ganarse la vida Juan Mart&iacute;nez y Soledad se van a Rusia, pa&iacute;s enorme donde la guerra es todav&iacute;a algo muy lejano, y, en efecto, por un tiempo viven y trabajan sin problemas hasta que la guerra, en primer lugar, la revoluci&oacute;n bolchevique, luego, y la guerra civil rusa entre rojos y blancos, por &uacute;ltimo, se encargan de llevar la desgracia, la muerte y el hambre sobre millones de personas. Y ellos dos no son una excepci&oacute;n. Durante los seis a&ntilde;os que pasan en Kiev sin poder salir del pa&iacute;s les ocurre toda clase de fatalidades y est&aacute;n muchas veces a punto de unirse al bien nutrido grupo de los que han dejado este mundo de manera violenta, pero Juan Mart&iacute;nez es todo un buscavidas, todo un superviviente con el que no es sencillo acabar, y si para salir adelante tiene que trapichear con joyas, robar grano de los vagones o hacerse amigo de los funcionarios de la Checa, donde se fusilaba a los enemigos de la revoluci&oacute;n como el que se da un paseo por el parque, pues lo hace y en paz. All&iacute;, en la Checa de Kiev, entra en contacto con gente terrible: con el japon&eacute;s Masakita, por ejemplo, que se pasaba el d&iacute;a perdiendo al p&oacute;quer y cuando se quedaba sin dinero les pegaba un tiro en la nuca a dos o tres presos&nbsp;y segu&iacute;a jugando como si nada&nbsp;con el dinero que le daban por ello, o con el camarada Jacobleva, que orden&oacute; fusilar a su propio padre por contrarrevolucionario. Estremecedor, el relato del descubrimiento de cad&aacute;veres y miembros amputados en los s&oacute;tanos de la Checa. Sin embargo, es la propia Checa la que le ofrece la oportunidad de escapar, porque en un descuido de los guardias coge unos cuantos pasaportes extranjeros que, convenientemente manipulados, consiguen de la noche a la ma&ntilde;ana que Soledad y &eacute;l sean ciudadanos italianos y puedan escapar en un mercante hacia Turqu&iacute;a.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;">&nbsp;&nbsp; Pero, por m&aacute;s bestialidades que cuente Juan Mart&iacute;nez, propias de la cabeza de un lun&aacute;tico en una noche de pesadilla,&nbsp;el aut&eacute;ntico infortunio de su vida, la de &eacute;l y la de Soledad, est&aacute; en la p&eacute;rdida de su hija, de la que &eacute;l no nos cuenta nada y que Chaves Nogales, astuto,&nbsp;reserva para el final; su hija, a la que, en unos acontecimientos que parecen sacados de un follet&iacute;n, dejaron en Italia al cuidado de un ama de cr&iacute;a con el fin de que viviera en una estabilidad que ellos no pod&iacute;an darle. Pero la mujer muere y la ni&ntilde;a es llevada a un orfelinato donde la adopta una familia rica, y cuando regresan de Rusia, a pesar de todas sus gestiones y de todos sus intentos por recuperarla, Juan Mart&iacute;nez y Soledad pierden su pista para siempre, as&iacute; que no les queda m&aacute;s remedio que irse sin ella a Par&iacute;s a trabajar y envejecer. A Par&iacute;s, donde Chaves Nogales, que hac&iacute;a un reportaje sobre los expatriados de la revoluci&oacute;n rusa, les conoce y donde el bailar&iacute;n de Burgos le cuenta su vida sentado en un caf&eacute; de la Plaza del Tertre.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;</span></span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/314/juan-martnez-que-sigue-entre-nosotros">Juan Martínez, que sigue entre nosotros</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				July 13, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/314/juan-martnez-que-sigue-entre-nosotros">Comentarios (2)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp; Me parece urgente que pongamos remedio a la injusticia que se est&aacute; cometiendo con el sevillano Manuel Chaves Nogales (1897-1944), periodista y escritor hundido en la penumbra en que muchos grandes cabecean sin que vengan a zarandearle para que se ponga de pie y se mueva por el sitio que verdaderamente le corresponde, que es, por ejemplo, al lado de Mariano Jos&eacute; de Larra y de Josep Pla.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;D</span>esde muy joven, llevado por su padre, Chaves Nogales se mete en las redacciones de los peri&oacute;dicos de la &eacute;poca, hasta que un d&iacute;a abandona Sevilla, como tantos acaban por hacer, y se instala en Madrid, donde en la convulsa &eacute;poca en que le toca vivir&nbsp;se pone de parte de Manuel Aza&ntilde;a y del esp&iacute;ritu republicano que representaba. En 1937, habi&eacute;ndose trasladado el gobierno a Valencia, Chaves Nogales se da cuenta de que no tiene nada que hacer all&iacute; y se exilia en Francia. Pero Francia cae en manos alemanas y la Gestapo le busca, de manera que vuelve a quitarse de en medio y se instala en Londres, donde muere.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Podr&iacute;a hablaros de <em>A sangre y fuego</em>, cuyo pr&oacute;logo es, sin duda, lo mejor que se ha escrito sobre la guerra civil <em>durante</em> la guerra civil, o de <em>Juan Belmonte, matador de toros</em>, libro que nos mete en una Sevilla, en una &eacute;poca y en la cabeza de un hombre que ya no volver&aacute;n, pero acabo de leer <em>El maestro Juan Mart&iacute;nez que estaba all&iacute;</em> (1934) y todav&iacute;a me impresiona la brutalidad con que la historia cae sobre unos pobres tipos que, sin comerlo ni beberlo, comprenden que sus vidas han cambiado radicalmente y no pueden hacer otra cosa que bandearse entre las circunstancias para ir sobreviviendo y que la riada de desgracia no se los lleve tambi&eacute;n por delante, como se lo lleva todo.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp; Juan Mart&iacute;nez y su mujer, Soledad, son bailarines flamencos y viven y trabajan en Constantinopla, donde las cosas les van muy bien entre cabarets, teatros, copas de champ&aacute;n, altos funcionarios y militares de alta graduaci&oacute;n. Pero estalla la Gran Guerra y poco a poco las cosas dejan de ser como eran: de llevarse bien con los clientes sobre Juan Mart&iacute;nez cae ahora la terrible sospecha de ser un esp&iacute;a al servicio de Francia. Y ya se sabe qu&eacute; se hace con los esp&iacute;as en tiempos de guerra. Buscando tranquilidad y un sitio en que ganarse la vida Juan Mart&iacute;nez y Soledad se van a Rusia, pa&iacute;s enorme donde la guerra es todav&iacute;a algo muy lejano, y, en efecto, por un tiempo viven y trabajan sin problemas hasta que la guerra, en primer lugar, la revoluci&oacute;n bolchevique, luego, y la guerra civil rusa entre rojos y blancos, por &uacute;ltimo, se encargan de llevar la desgracia, la muerte y el hambre sobre millones de personas. Y ellos dos no son una excepci&oacute;n. Durante los seis a&ntilde;os que pasan en Kiev sin poder salir del pa&iacute;s les ocurre toda clase de fatalidades y est&aacute;n muchas veces a punto de unirse al bien nutrido grupo de los que han dejado este mundo de manera violenta, pero Juan Mart&iacute;nez es todo un buscavidas, todo un superviviente con el que no es sencillo acabar, y si para salir adelante tiene que trapichear con joyas, robar grano de los vagones o hacerse amigo de los funcionarios de la Checa, donde se fusilaba a los enemigos de la revoluci&oacute;n como el que se da un paseo por el parque, pues lo hace y en paz. All&iacute;, en la Checa de Kiev, entra en contacto con gente terrible: con el japon&eacute;s Masakita, por ejemplo, que se pasaba el d&iacute;a perdiendo al p&oacute;quer y cuando se quedaba sin dinero les pegaba un tiro en la nuca a dos o tres presos&nbsp;y segu&iacute;a jugando como si nada&nbsp;con el dinero que le daban por ello, o con el camarada Jacobleva, que orden&oacute; fusilar a su propio padre por contrarrevolucionario. Estremecedor, el relato del descubrimiento de cad&aacute;veres y miembros amputados en los s&oacute;tanos de la Checa. Sin embargo, es la propia Checa la que le ofrece la oportunidad de escapar, porque en un descuido de los guardias coge unos cuantos pasaportes extranjeros que, convenientemente manipulados, consiguen de la noche a la ma&ntilde;ana que Soledad y &eacute;l sean ciudadanos italianos y puedan escapar en un mercante hacia Turqu&iacute;a.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp; Pero, por m&aacute;s bestialidades que cuente Juan Mart&iacute;nez, propias de la cabeza de un lun&aacute;tico en una noche de pesadilla,&nbsp;el aut&eacute;ntico infortunio de su vida, la de &eacute;l y la de Soledad, est&aacute; en la p&eacute;rdida de su hija, de la que &eacute;l no nos cuenta nada y que Chaves Nogales, astuto,&nbsp;reserva para el final; su hija, a la que, en unos acontecimientos que parecen sacados de un follet&iacute;n, dejaron en Italia al cuidado de un ama de cr&iacute;a con el fin de que viviera en una estabilidad que ellos no pod&iacute;an darle. Pero la mujer muere y la ni&ntilde;a es llevada a un orfelinato donde la adopta una familia rica, y cuando regresan de Rusia, a pesar de todas sus gestiones y de todos sus intentos por recuperarla, Juan Mart&iacute;nez y Soledad pierden su pista para siempre, as&iacute; que no les queda m&aacute;s remedio que irse sin ella a Par&iacute;s a trabajar y envejecer. A Par&iacute;s, donde Chaves Nogales, que hac&iacute;a un reportaje sobre los expatriados de la revoluci&oacute;n rusa, les conoce y donde el bailar&iacute;n de Burgos le cuenta su vida sentado en un caf&eacute; de la Plaza del Tertre.<span>&nbsp; </span><span>&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;</span></span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

<div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/anadal/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/anadal/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/anadal/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/anadal">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/anadal">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/anadal">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/anadal">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/anadal ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/profile/icondirect.php?lastcache=1235304114&username=anadal&joindate=1222640539&guid=2&size=small" border="0"  alt="Andr&eacute;s Nadal" title="Andr&eacute;s Nadal"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>No sab&iacute;a nada de esta historia, Ubaldo. Muchas gracias por compartirla.</p>
<p>&iquest;Puedes recomendar obras del autor?</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a> <acronym title="16 July 2009 @ 9:07am">hace 416 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div --><div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Yo he le&iacute;do esas tres: <em>A sangre y fuego</em>, <em>Juan Belmonte, matador de toros</em> y <em>El maestro Juan Mart&iacute;nez que estaba all&iacute;. </em>Todas son muy buenas. Tiene tambi&eacute;n varios libros de reportajes period&iacute;sticos, estoy leyendo ahora su parte de <em>Cuatro historias de la guerra civil</em> aunque no la he terminado todav&iacute;a. No s&eacute; qu&eacute; me asombra m&aacute;s de &eacute;l, si su estilo, el que (incomprensiblemente)&nbsp;no sea muy conocido o el hecho de que no parezca de Sevilla. Un saludo.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> <acronym title="17 July 2009 @ 2:31am">hace 415 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div -->]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/annotation/72/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/2/" published="Thu, 16 Jul 2009 09:07:09 -0600" ><![CDATA[<p>No sab&iacute;a nada de esta historia, Ubaldo. Muchas gracias por compartirla.</p>
<p>&iquest;Puedes recomendar obras del autor?</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/annotation/73/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Fri, 17 Jul 2009 02:31:12 -0600" ><![CDATA[<p>Yo he le&iacute;do esas tres: <em>A sangre y fuego</em>, <em>Juan Belmonte, matador de toros</em> y <em>El maestro Juan Mart&iacute;nez que estaba all&iacute;. </em>Todas son muy buenas. Tiene tambi&eacute;n varios libros de reportajes period&iacute;sticos, estoy leyendo ahora su parte de <em>Cuatro historias de la guerra civil</em> aunque no la he terminado todav&iacute;a. No s&eacute; qu&eacute; me asombra m&aacute;s de &eacute;l, si su estilo, el que (incomprensiblemente)&nbsp;no sea muy conocido o el hecho de que no parezca de Sevilla. Un saludo.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/metadata/4161/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/314/" name="comments_on" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Mon, 13 Jul 2009 04:34:55 -0600" ><![CDATA[on]]></metadata>
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" class="object" subclass="blog" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="owner_uuid" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="container_uuid" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="site_uuid" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="time_updated" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[1244462021]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="title" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[Ortega y su rebelión.]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="description" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small; font-family: Times New Roman;">Creo que en el cat&aacute;logo de los libros mal comprendidos por los lectores, de los cuales alguna vez habr&iacute;a que escribir la historia, <em>La rebeli&oacute;n de las masas</em> ocupa un puesto de honor, y eso a pesar de la advertencia que el propio Ortega (1883, 1955) hace al comienzo: las ideas que en &eacute;l se contienen no tienen nada que ver con la pol&iacute;tica sino que se sit&uacute;an en un nivel anterior a ella, en el subsuelo, nada m&aacute;s y nada menos que en los or&iacute;genes de la sociedad de masas que fue de los primeros en percibir, una transformaci&oacute;n fundamental que conoci&oacute; sus manifestaciones m&aacute;s violentas en la primera mitad del siglo XX y que en la actualidad nos ha dejado a todos adormecidos e impotentes ante fen&oacute;menos que por mucho que nos escandalicen, por mucho que sepamos que est&aacute;n mal, como son la sociedad de consumo y todos los males asociados a ella, est&aacute;n ah&iacute; y no nos dan m&aacute;s opci&oacute;n que vivir con ellos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small; font-family: Times New Roman;">Con seguridad el t&iacute;tulo, abracadabrante y apocal&iacute;ptico, abri&oacute; el camino para la terrible confusi&oacute;n que todav&iacute;a hoy arrastra, pero una lectura tranquila del libro consigue que se nos bajen los humos y que comprendamos que Ortega no nos cuenta ninguna historia de ciencia-ficci&oacute;n. Se est&eacute; o no de acuerdo con &eacute;l, y no es necesario estarlo, hay una virtud que mantiene siempre, desde el comienzo hasta el final de su trabajo, y es que se dirige al lector de t&uacute; a t&uacute;, trat&aacute;ndole en todo momento con un respeto absoluto, sin ningunearle nunca y sin pretender causar su asombro por medio de alguna verdad sacada de la chistera como en un espect&aacute;culo de magia. Y, si &eacute;sta es la actitud del fil&oacute;sofo, ser&aacute; una bella muestra de cortes&iacute;a que nosotros, sus lectores, respondamos a &eacute;l con la misma deferencia.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;">Dec&iacute;a al principio que <em>La rebeli&oacute;n </em><em>de las masas </em>es probablemente una de las obras peor le&iacute;das de la historia, y ahora insisto. Hablando no de clases sociales sino de clases de personas; tratando no de pol&iacute;tica, sino del paso de la sociedad liberal y estrecha del siglo XIX a la de masas del siglo XX, el libro ha sido, en cambio, entendido con irritante frecuencia como una defensa de la sociedad aristocr&aacute;tica y elitista, identificando esa aristocracia con las clases sociales m&aacute;s altas y el hombre-masa con el proletariado, cosas que no tienen nada que ver las unas con las otras.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span></span></p>
<p class="MsoBodyText" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">Ortega es espa&ntilde;ol y las circunstancias espa&ntilde;olas, determinadas por el sistema de la Restauraci&oacute;n, tienen mucho que ver. Pero &iquest;qui&eacute;nes eran los sujetos pol&iacute;ticos de </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Restauraci&oacute;n</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">, aqu&eacute;llos contra los que Ortega escribe y act&uacute;a? Las Cortes con el rey, principalmente. En ellos al un&iacute;sono recae la soberan&iacute;a y son los actores protagonistas. Hay despu&eacute;s algunos secundarios: partidos que durante un tiempo son extraparlamentarios como el PSOE (Pablo Iglesias no ser&aacute; diputado hasta 1910), regionalismos, la prensa, anarquistas... Pero el motor del sistema se compone de dos piezas vitales sin las que nada marcha: las Cortes con el rey. Esto quiere decir que lo que hoy entendemos por &ldquo;la masa&rdquo;, &ldquo;el pueblo&rdquo;, no ha entrado todav&iacute;a en escena. Existe, pero como existen las estrellas o los &aacute;rboles. El de </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Restauraci&oacute;n</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> es un mundo muy peque&ntilde;o. Pero entend&aacute;monos: el pueblo no ha entrado en la escena pol&iacute;tica, pero s&iacute; en la social, donde siempre ha estado. Hay millones de espa&ntilde;oles a los que el sistema de </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Restauraci&oacute;n</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> afecta aunque no tengan voz ni voto en &eacute;l. En este sentido afirma Ortega que la serie de art&iacute;culos que componen <em>La rebeli&oacute;n de las masas</em> no es pol&iacute;tica sino social, que lo que all&iacute; se dice es anterior a la pol&iacute;tica. La pol&iacute;tica, en efecto, no va con las masas, no es algo en lo que &eacute;stas tengan gran cosa que decir, teniendo en cuenta adem&aacute;s que hasta 1931 no se aprueba la entera libertad de sufragio para todos. La rebeli&oacute;n de las masas a la que alude Ortega es el paso al primer plano de la vida social, en un sentido extenso, de ampl&iacute;simos sectores que antes se limitaban a estar ah&iacute;. Y no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a, sino en toda Europa. Un sistema quiebra y aparecen los extremos. Ortega se da cuenta de lo que est&aacute; ocurriendo justo en el momento en el que est&aacute; ocurriendo, as&iacute; como en Francia, por ejemplo, Marcel Proust, que muere en 1922, detiene <em>En busca del tiempo perdido</em> tras el fin de </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Guerra Europea</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> y en el umbral del nuevo mundo del cine, el ne&oacute;n y el jazz, todo ello pensado para el gran p&uacute;blico. Ortega lo describe de manera muy gr&aacute;fica: de pronto los caf&eacute;s est&aacute;n llenos de gente, los cines est&aacute;n llenos de gente, las calles y los tranv&iacute;as est&aacute;n llenos de gente; de pronto, en fin, todo est&aacute; lleno de gente. &iquest;Y antes? Es muy posible que antes tambi&eacute;n, pero antes toda esa gente no contaba y ahora s&iacute; porque el mundo se ha ensanchado. Tras </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la I Guerra</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> Mundial, Europa se masifica. El cambio es cualitativo. </span></span></p>
<p class="MsoBodyText" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">Ortega es consciente de ello en lo que afecta al plano social, pero, a mi juicio, no advierte o no acepta las consecuencias que el cambio tiene para la pol&iacute;tica, porque la conciencia pol&iacute;tica de Ortega es tan limitada como </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Restauraci&oacute;n</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> en la que aqu&eacute;lla se genera. Es probable que siempre pensara con agrado en la revoluci&oacute;n desde arriba que propugnaba Maura. El horror que siente hacia la masa, que, repito, es un fen&oacute;meno cualitativo, psicol&oacute;gico, crece a medida que la masa gana terreno: el falangismo, el fascismo, el nacionalsocialismo, el comunismo... Todas &eacute;stas son las ideolog&iacute;as que marcan el siglo XX desde los primeros a&ntilde;os veinte, y todas ellas son ideolog&iacute;as de masas o para las masas, que adem&aacute;s de pasar al primer plano de la vida social han copado el poder pol&iacute;tico, pidi&eacute;ndolo todo para s&iacute; mismas. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a oponer Ortega a ellas? Lo m&aacute;s seguro es que si cada vez ten&iacute;a menos interlocutores en potencia ello se debiera no s&oacute;lo a los tejemanejes de los pol&iacute;ticos y sus contubernios, que deben ser valorados en su justa medida, sino tambi&eacute;n a que el desfase entre el mundo peque&ntilde;o en el que se hab&iacute;a formado y el mundo masificado que hab&iacute;a surgido era cada vez mayor y no supiera qu&eacute; hacer ni a qui&eacute;n hablar. Ortega nunca se dirige a la multitud ni mucho menos a la humanidad, no es &eacute;sa su intenci&oacute;n, sino que lo hace a cada uno de los miembros de la multitud, y de repente &eacute;sta reemplaza a aqu&eacute;llos y pierde la orientaci&oacute;n. En el mundo de su juventud, en el mundo en que se forma, los individuos, los personalismos, las camarillas que siguen a un l&iacute;der o a otro tienen una importancia que luego pierden progresivamente, mientras hay m&aacute;s conciencia de todos los elementos que intervienen en la vida pol&iacute;tica y que no son solamente el cacique tal o el ministro cual. </span></span></p>
<p class="MsoBodyText" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">Por eso, en mi opini&oacute;n, Ortega nunca dej&oacute; de ser un hombre de </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Restauraci&oacute;n</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">, al menos en este sentido, pero el n&uacute;cleo de lo que hoy conocemos est&aacute; ah&iacute;, en esas p&aacute;ginas que deber&iacute;an ser lectura obligatoria en el colegio.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span><strong></strong></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span><em><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;</span></em></span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/289/ortega-y-su-rebelin">Ortega y su rebelión.</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				June 8, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/289/ortega-y-su-rebelin">Comentarios (0)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; ">Creo que en el cat&aacute;logo de los libros mal comprendidos por los lectores, de los cuales alguna vez habr&iacute;a que escribir la historia, <em>La rebeli&oacute;n de las masas</em> ocupa un puesto de honor, y eso a pesar de la advertencia que el propio Ortega (1883, 1955) hace al comienzo: las ideas que en &eacute;l se contienen no tienen nada que ver con la pol&iacute;tica sino que se sit&uacute;an en un nivel anterior a ella, en el subsuelo, nada m&aacute;s y nada menos que en los or&iacute;genes de la sociedad de masas que fue de los primeros en percibir, una transformaci&oacute;n fundamental que conoci&oacute; sus manifestaciones m&aacute;s violentas en la primera mitad del siglo XX y que en la actualidad nos ha dejado a todos adormecidos e impotentes ante fen&oacute;menos que por mucho que nos escandalicen, por mucho que sepamos que est&aacute;n mal, como son la sociedad de consumo y todos los males asociados a ella, est&aacute;n ah&iacute; y no nos dan m&aacute;s opci&oacute;n que vivir con ellos.</span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; ">Con seguridad el t&iacute;tulo, abracadabrante y apocal&iacute;ptico, abri&oacute; el camino para la terrible confusi&oacute;n que todav&iacute;a hoy arrastra, pero una lectura tranquila del libro consigue que se nos bajen los humos y que comprendamos que Ortega no nos cuenta ninguna historia de ciencia-ficci&oacute;n. Se est&eacute; o no de acuerdo con &eacute;l, y no es necesario estarlo, hay una virtud que mantiene siempre, desde el comienzo hasta el final de su trabajo, y es que se dirige al lector de t&uacute; a t&uacute;, trat&aacute;ndole en todo momento con un respeto absoluto, sin ningunearle nunca y sin pretender causar su asombro por medio de alguna verdad sacada de la chistera como en un espect&aacute;culo de magia. Y, si &eacute;sta es la actitud del fil&oacute;sofo, ser&aacute; una bella muestra de cortes&iacute;a que nosotros, sus lectores, respondamos a &eacute;l con la misma deferencia.</span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>Dec&iacute;a al principio que <em>La rebeli&oacute;n </em><em>de las masas </em>es probablemente una de las obras peor le&iacute;das de la historia, y ahora insisto. Hablando no de clases sociales sino de clases de personas; tratando no de pol&iacute;tica, sino del paso de la sociedad liberal y estrecha del siglo XIX a la de masas del siglo XX, el libro ha sido, en cambio, entendido con irritante frecuencia como una defensa de la sociedad aristocr&aacute;tica y elitista, identificando esa aristocracia con las clases sociales m&aacute;s altas y el hombre-masa con el proletariado, cosas que no tienen nada que ver las unas con las otras.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; "><span style="font-size: small; "><span>Ortega es espa&ntilde;ol y las circunstancias espa&ntilde;olas, determinadas por el sistema de la Restauraci&oacute;n, tienen mucho que ver. Pero &iquest;qui&eacute;nes eran los sujetos pol&iacute;ticos de </span><span>la Restauraci&oacute;n</span><span>, aqu&eacute;llos contra los que Ortega escribe y act&uacute;a? Las Cortes con el rey, principalmente. En ellos al un&iacute;sono recae la soberan&iacute;a y son los actores protagonistas. Hay despu&eacute;s algunos secundarios: partidos que durante un tiempo son extraparlamentarios como el PSOE (Pablo Iglesias no ser&aacute; diputado hasta 1910), regionalismos, la prensa, anarquistas... Pero el motor del sistema se compone de dos piezas vitales sin las que nada marcha: las Cortes con el rey. Esto quiere decir que lo que hoy entendemos por &ldquo;la masa&rdquo;, &ldquo;el pueblo&rdquo;, no ha entrado todav&iacute;a en escena. Existe, pero como existen las estrellas o los &aacute;rboles. El de </span><span>la Restauraci&oacute;n</span><span> es un mundo muy peque&ntilde;o. Pero entend&aacute;monos: el pueblo no ha entrado en la escena pol&iacute;tica, pero s&iacute; en la social, donde siempre ha estado. Hay millones de espa&ntilde;oles a los que el sistema de </span><span>la Restauraci&oacute;n</span><span> afecta aunque no tengan voz ni voto en &eacute;l. En este sentido afirma Ortega que la serie de art&iacute;culos que componen <em>La rebeli&oacute;n de las masas</em> no es pol&iacute;tica sino social, que lo que all&iacute; se dice es anterior a la pol&iacute;tica. La pol&iacute;tica, en efecto, no va con las masas, no es algo en lo que &eacute;stas tengan gran cosa que decir, teniendo en cuenta adem&aacute;s que hasta 1931 no se aprueba la entera libertad de sufragio para todos. La rebeli&oacute;n de las masas a la que alude Ortega es el paso al primer plano de la vida social, en un sentido extenso, de ampl&iacute;simos sectores que antes se limitaban a estar ah&iacute;. Y no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a, sino en toda Europa. Un sistema quiebra y aparecen los extremos. Ortega se da cuenta de lo que est&aacute; ocurriendo justo en el momento en el que est&aacute; ocurriendo, as&iacute; como en Francia, por ejemplo, Marcel Proust, que muere en 1922, detiene <em>En busca del tiempo perdido</em> tras el fin de </span><span>la Guerra Europea</span><span> y en el umbral del nuevo mundo del cine, el ne&oacute;n y el jazz, todo ello pensado para el gran p&uacute;blico. Ortega lo describe de manera muy gr&aacute;fica: de pronto los caf&eacute;s est&aacute;n llenos de gente, los cines est&aacute;n llenos de gente, las calles y los tranv&iacute;as est&aacute;n llenos de gente; de pronto, en fin, todo est&aacute; lleno de gente. &iquest;Y antes? Es muy posible que antes tambi&eacute;n, pero antes toda esa gente no contaba y ahora s&iacute; porque el mundo se ha ensanchado. Tras </span><span>la I Guerra</span><span> Mundial, Europa se masifica. El cambio es cualitativo. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; "><span style="font-size: small; "><span>Ortega es consciente de ello en lo que afecta al plano social, pero, a mi juicio, no advierte o no acepta las consecuencias que el cambio tiene para la pol&iacute;tica, porque la conciencia pol&iacute;tica de Ortega es tan limitada como </span><span>la Restauraci&oacute;n</span><span> en la que aqu&eacute;lla se genera. Es probable que siempre pensara con agrado en la revoluci&oacute;n desde arriba que propugnaba Maura. El horror que siente hacia la masa, que, repito, es un fen&oacute;meno cualitativo, psicol&oacute;gico, crece a medida que la masa gana terreno: el falangismo, el fascismo, el nacionalsocialismo, el comunismo... Todas &eacute;stas son las ideolog&iacute;as que marcan el siglo XX desde los primeros a&ntilde;os veinte, y todas ellas son ideolog&iacute;as de masas o para las masas, que adem&aacute;s de pasar al primer plano de la vida social han copado el poder pol&iacute;tico, pidi&eacute;ndolo todo para s&iacute; mismas. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a oponer Ortega a ellas? Lo m&aacute;s seguro es que si cada vez ten&iacute;a menos interlocutores en potencia ello se debiera no s&oacute;lo a los tejemanejes de los pol&iacute;ticos y sus contubernios, que deben ser valorados en su justa medida, sino tambi&eacute;n a que el desfase entre el mundo peque&ntilde;o en el que se hab&iacute;a formado y el mundo masificado que hab&iacute;a surgido era cada vez mayor y no supiera qu&eacute; hacer ni a qui&eacute;n hablar. Ortega nunca se dirige a la multitud ni mucho menos a la humanidad, no es &eacute;sa su intenci&oacute;n, sino que lo hace a cada uno de los miembros de la multitud, y de repente &eacute;sta reemplaza a aqu&eacute;llos y pierde la orientaci&oacute;n. En el mundo de su juventud, en el mundo en que se forma, los individuos, los personalismos, las camarillas que siguen a un l&iacute;der o a otro tienen una importancia que luego pierden progresivamente, mientras hay m&aacute;s conciencia de todos los elementos que intervienen en la vida pol&iacute;tica y que no son solamente el cacique tal o el ministro cual. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; "><span style="font-size: small; "><span>Por eso, en mi opini&oacute;n, Ortega nunca dej&oacute; de ser un hombre de </span><span>la Restauraci&oacute;n</span><span>, al menos en este sentido, pero el n&uacute;cleo de lo que hoy conocemos est&aacute; ah&iacute;, en esas p&aacute;ginas que deber&iacute;an ser lectura obligatoria en el colegio.<span>&nbsp; </span><strong></strong></span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp; </span><em><span>&nbsp;</span></em></span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/metadata/4072/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="comments_on" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[on]]></metadata>
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" class="object" subclass="blog" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="owner_uuid" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="container_uuid" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="site_uuid" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="time_updated" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[1244462021]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="title" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[Ortega y su rebelión.]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="description" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small; font-family: Times New Roman;">Creo que en el cat&aacute;logo de los libros mal comprendidos por los lectores, de los cuales alguna vez habr&iacute;a que escribir la historia, <em>La rebeli&oacute;n de las masas</em> ocupa un puesto de honor, y eso a pesar de la advertencia que el propio Ortega (1883, 1955) hace al comienzo: las ideas que en &eacute;l se contienen no tienen nada que ver con la pol&iacute;tica sino que se sit&uacute;an en un nivel anterior a ella, en el subsuelo, nada m&aacute;s y nada menos que en los or&iacute;genes de la sociedad de masas que fue de los primeros en percibir, una transformaci&oacute;n fundamental que conoci&oacute; sus manifestaciones m&aacute;s violentas en la primera mitad del siglo XX y que en la actualidad nos ha dejado a todos adormecidos e impotentes ante fen&oacute;menos que por mucho que nos escandalicen, por mucho que sepamos que est&aacute;n mal, como son la sociedad de consumo y todos los males asociados a ella, est&aacute;n ah&iacute; y no nos dan m&aacute;s opci&oacute;n que vivir con ellos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small; font-family: Times New Roman;">Con seguridad el t&iacute;tulo, abracadabrante y apocal&iacute;ptico, abri&oacute; el camino para la terrible confusi&oacute;n que todav&iacute;a hoy arrastra, pero una lectura tranquila del libro consigue que se nos bajen los humos y que comprendamos que Ortega no nos cuenta ninguna historia de ciencia-ficci&oacute;n. Se est&eacute; o no de acuerdo con &eacute;l, y no es necesario estarlo, hay una virtud que mantiene siempre, desde el comienzo hasta el final de su trabajo, y es que se dirige al lector de t&uacute; a t&uacute;, trat&aacute;ndole en todo momento con un respeto absoluto, sin ningunearle nunca y sin pretender causar su asombro por medio de alguna verdad sacada de la chistera como en un espect&aacute;culo de magia. Y, si &eacute;sta es la actitud del fil&oacute;sofo, ser&aacute; una bella muestra de cortes&iacute;a que nosotros, sus lectores, respondamos a &eacute;l con la misma deferencia.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;">Dec&iacute;a al principio que <em>La rebeli&oacute;n </em><em>de las masas </em>es probablemente una de las obras peor le&iacute;das de la historia, y ahora insisto. Hablando no de clases sociales sino de clases de personas; tratando no de pol&iacute;tica, sino del paso de la sociedad liberal y estrecha del siglo XIX a la de masas del siglo XX, el libro ha sido, en cambio, entendido con irritante frecuencia como una defensa de la sociedad aristocr&aacute;tica y elitista, identificando esa aristocracia con las clases sociales m&aacute;s altas y el hombre-masa con el proletariado, cosas que no tienen nada que ver las unas con las otras.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span></span></p>
<p class="MsoBodyText" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">Ortega es espa&ntilde;ol y las circunstancias espa&ntilde;olas, determinadas por el sistema de la Restauraci&oacute;n, tienen mucho que ver. Pero &iquest;qui&eacute;nes eran los sujetos pol&iacute;ticos de </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Restauraci&oacute;n</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">, aqu&eacute;llos contra los que Ortega escribe y act&uacute;a? Las Cortes con el rey, principalmente. En ellos al un&iacute;sono recae la soberan&iacute;a y son los actores protagonistas. Hay despu&eacute;s algunos secundarios: partidos que durante un tiempo son extraparlamentarios como el PSOE (Pablo Iglesias no ser&aacute; diputado hasta 1910), regionalismos, la prensa, anarquistas... Pero el motor del sistema se compone de dos piezas vitales sin las que nada marcha: las Cortes con el rey. Esto quiere decir que lo que hoy entendemos por &ldquo;la masa&rdquo;, &ldquo;el pueblo&rdquo;, no ha entrado todav&iacute;a en escena. Existe, pero como existen las estrellas o los &aacute;rboles. El de </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Restauraci&oacute;n</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> es un mundo muy peque&ntilde;o. Pero entend&aacute;monos: el pueblo no ha entrado en la escena pol&iacute;tica, pero s&iacute; en la social, donde siempre ha estado. Hay millones de espa&ntilde;oles a los que el sistema de </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Restauraci&oacute;n</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> afecta aunque no tengan voz ni voto en &eacute;l. En este sentido afirma Ortega que la serie de art&iacute;culos que componen <em>La rebeli&oacute;n de las masas</em> no es pol&iacute;tica sino social, que lo que all&iacute; se dice es anterior a la pol&iacute;tica. La pol&iacute;tica, en efecto, no va con las masas, no es algo en lo que &eacute;stas tengan gran cosa que decir, teniendo en cuenta adem&aacute;s que hasta 1931 no se aprueba la entera libertad de sufragio para todos. La rebeli&oacute;n de las masas a la que alude Ortega es el paso al primer plano de la vida social, en un sentido extenso, de ampl&iacute;simos sectores que antes se limitaban a estar ah&iacute;. Y no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a, sino en toda Europa. Un sistema quiebra y aparecen los extremos. Ortega se da cuenta de lo que est&aacute; ocurriendo justo en el momento en el que est&aacute; ocurriendo, as&iacute; como en Francia, por ejemplo, Marcel Proust, que muere en 1922, detiene <em>En busca del tiempo perdido</em> tras el fin de </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Guerra Europea</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> y en el umbral del nuevo mundo del cine, el ne&oacute;n y el jazz, todo ello pensado para el gran p&uacute;blico. Ortega lo describe de manera muy gr&aacute;fica: de pronto los caf&eacute;s est&aacute;n llenos de gente, los cines est&aacute;n llenos de gente, las calles y los tranv&iacute;as est&aacute;n llenos de gente; de pronto, en fin, todo est&aacute; lleno de gente. &iquest;Y antes? Es muy posible que antes tambi&eacute;n, pero antes toda esa gente no contaba y ahora s&iacute; porque el mundo se ha ensanchado. Tras </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la I Guerra</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> Mundial, Europa se masifica. El cambio es cualitativo. </span></span></p>
<p class="MsoBodyText" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">Ortega es consciente de ello en lo que afecta al plano social, pero, a mi juicio, no advierte o no acepta las consecuencias que el cambio tiene para la pol&iacute;tica, porque la conciencia pol&iacute;tica de Ortega es tan limitada como </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Restauraci&oacute;n</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;"> en la que aqu&eacute;lla se genera. Es probable que siempre pensara con agrado en la revoluci&oacute;n desde arriba que propugnaba Maura. El horror que siente hacia la masa, que, repito, es un fen&oacute;meno cualitativo, psicol&oacute;gico, crece a medida que la masa gana terreno: el falangismo, el fascismo, el nacionalsocialismo, el comunismo... Todas &eacute;stas son las ideolog&iacute;as que marcan el siglo XX desde los primeros a&ntilde;os veinte, y todas ellas son ideolog&iacute;as de masas o para las masas, que adem&aacute;s de pasar al primer plano de la vida social han copado el poder pol&iacute;tico, pidi&eacute;ndolo todo para s&iacute; mismas. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a oponer Ortega a ellas? Lo m&aacute;s seguro es que si cada vez ten&iacute;a menos interlocutores en potencia ello se debiera no s&oacute;lo a los tejemanejes de los pol&iacute;ticos y sus contubernios, que deben ser valorados en su justa medida, sino tambi&eacute;n a que el desfase entre el mundo peque&ntilde;o en el que se hab&iacute;a formado y el mundo masificado que hab&iacute;a surgido era cada vez mayor y no supiera qu&eacute; hacer ni a qui&eacute;n hablar. Ortega nunca se dirige a la multitud ni mucho menos a la humanidad, no es &eacute;sa su intenci&oacute;n, sino que lo hace a cada uno de los miembros de la multitud, y de repente &eacute;sta reemplaza a aqu&eacute;llos y pierde la orientaci&oacute;n. En el mundo de su juventud, en el mundo en que se forma, los individuos, los personalismos, las camarillas que siguen a un l&iacute;der o a otro tienen una importancia que luego pierden progresivamente, mientras hay m&aacute;s conciencia de todos los elementos que intervienen en la vida pol&iacute;tica y que no son solamente el cacique tal o el ministro cual. </span></span></p>
<p class="MsoBodyText" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">Por eso, en mi opini&oacute;n, Ortega nunca dej&oacute; de ser un hombre de </span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">la Restauraci&oacute;n</span><span style="font-family: &quot;Times New Roman&quot;;">, al menos en este sentido, pero el n&uacute;cleo de lo que hoy conocemos est&aacute; ah&iacute;, en esas p&aacute;ginas que deber&iacute;an ser lectura obligatoria en el colegio.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span><strong></strong></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span><em><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;</span></em></span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/289/ortega-y-su-rebelin">Ortega y su rebelión.</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				June 8, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/289/ortega-y-su-rebelin">Comentarios (0)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; ">Creo que en el cat&aacute;logo de los libros mal comprendidos por los lectores, de los cuales alguna vez habr&iacute;a que escribir la historia, <em>La rebeli&oacute;n de las masas</em> ocupa un puesto de honor, y eso a pesar de la advertencia que el propio Ortega (1883, 1955) hace al comienzo: las ideas que en &eacute;l se contienen no tienen nada que ver con la pol&iacute;tica sino que se sit&uacute;an en un nivel anterior a ella, en el subsuelo, nada m&aacute;s y nada menos que en los or&iacute;genes de la sociedad de masas que fue de los primeros en percibir, una transformaci&oacute;n fundamental que conoci&oacute; sus manifestaciones m&aacute;s violentas en la primera mitad del siglo XX y que en la actualidad nos ha dejado a todos adormecidos e impotentes ante fen&oacute;menos que por mucho que nos escandalicen, por mucho que sepamos que est&aacute;n mal, como son la sociedad de consumo y todos los males asociados a ella, est&aacute;n ah&iacute; y no nos dan m&aacute;s opci&oacute;n que vivir con ellos.</span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; ">Con seguridad el t&iacute;tulo, abracadabrante y apocal&iacute;ptico, abri&oacute; el camino para la terrible confusi&oacute;n que todav&iacute;a hoy arrastra, pero una lectura tranquila del libro consigue que se nos bajen los humos y que comprendamos que Ortega no nos cuenta ninguna historia de ciencia-ficci&oacute;n. Se est&eacute; o no de acuerdo con &eacute;l, y no es necesario estarlo, hay una virtud que mantiene siempre, desde el comienzo hasta el final de su trabajo, y es que se dirige al lector de t&uacute; a t&uacute;, trat&aacute;ndole en todo momento con un respeto absoluto, sin ningunearle nunca y sin pretender causar su asombro por medio de alguna verdad sacada de la chistera como en un espect&aacute;culo de magia. Y, si &eacute;sta es la actitud del fil&oacute;sofo, ser&aacute; una bella muestra de cortes&iacute;a que nosotros, sus lectores, respondamos a &eacute;l con la misma deferencia.</span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>Dec&iacute;a al principio que <em>La rebeli&oacute;n </em><em>de las masas </em>es probablemente una de las obras peor le&iacute;das de la historia, y ahora insisto. Hablando no de clases sociales sino de clases de personas; tratando no de pol&iacute;tica, sino del paso de la sociedad liberal y estrecha del siglo XIX a la de masas del siglo XX, el libro ha sido, en cambio, entendido con irritante frecuencia como una defensa de la sociedad aristocr&aacute;tica y elitista, identificando esa aristocracia con las clases sociales m&aacute;s altas y el hombre-masa con el proletariado, cosas que no tienen nada que ver las unas con las otras.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; "><span style="font-size: small; "><span>Ortega es espa&ntilde;ol y las circunstancias espa&ntilde;olas, determinadas por el sistema de la Restauraci&oacute;n, tienen mucho que ver. Pero &iquest;qui&eacute;nes eran los sujetos pol&iacute;ticos de </span><span>la Restauraci&oacute;n</span><span>, aqu&eacute;llos contra los que Ortega escribe y act&uacute;a? Las Cortes con el rey, principalmente. En ellos al un&iacute;sono recae la soberan&iacute;a y son los actores protagonistas. Hay despu&eacute;s algunos secundarios: partidos que durante un tiempo son extraparlamentarios como el PSOE (Pablo Iglesias no ser&aacute; diputado hasta 1910), regionalismos, la prensa, anarquistas... Pero el motor del sistema se compone de dos piezas vitales sin las que nada marcha: las Cortes con el rey. Esto quiere decir que lo que hoy entendemos por &ldquo;la masa&rdquo;, &ldquo;el pueblo&rdquo;, no ha entrado todav&iacute;a en escena. Existe, pero como existen las estrellas o los &aacute;rboles. El de </span><span>la Restauraci&oacute;n</span><span> es un mundo muy peque&ntilde;o. Pero entend&aacute;monos: el pueblo no ha entrado en la escena pol&iacute;tica, pero s&iacute; en la social, donde siempre ha estado. Hay millones de espa&ntilde;oles a los que el sistema de </span><span>la Restauraci&oacute;n</span><span> afecta aunque no tengan voz ni voto en &eacute;l. En este sentido afirma Ortega que la serie de art&iacute;culos que componen <em>La rebeli&oacute;n de las masas</em> no es pol&iacute;tica sino social, que lo que all&iacute; se dice es anterior a la pol&iacute;tica. La pol&iacute;tica, en efecto, no va con las masas, no es algo en lo que &eacute;stas tengan gran cosa que decir, teniendo en cuenta adem&aacute;s que hasta 1931 no se aprueba la entera libertad de sufragio para todos. La rebeli&oacute;n de las masas a la que alude Ortega es el paso al primer plano de la vida social, en un sentido extenso, de ampl&iacute;simos sectores que antes se limitaban a estar ah&iacute;. Y no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a, sino en toda Europa. Un sistema quiebra y aparecen los extremos. Ortega se da cuenta de lo que est&aacute; ocurriendo justo en el momento en el que est&aacute; ocurriendo, as&iacute; como en Francia, por ejemplo, Marcel Proust, que muere en 1922, detiene <em>En busca del tiempo perdido</em> tras el fin de </span><span>la Guerra Europea</span><span> y en el umbral del nuevo mundo del cine, el ne&oacute;n y el jazz, todo ello pensado para el gran p&uacute;blico. Ortega lo describe de manera muy gr&aacute;fica: de pronto los caf&eacute;s est&aacute;n llenos de gente, los cines est&aacute;n llenos de gente, las calles y los tranv&iacute;as est&aacute;n llenos de gente; de pronto, en fin, todo est&aacute; lleno de gente. &iquest;Y antes? Es muy posible que antes tambi&eacute;n, pero antes toda esa gente no contaba y ahora s&iacute; porque el mundo se ha ensanchado. Tras </span><span>la I Guerra</span><span> Mundial, Europa se masifica. El cambio es cualitativo. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; "><span style="font-size: small; "><span>Ortega es consciente de ello en lo que afecta al plano social, pero, a mi juicio, no advierte o no acepta las consecuencias que el cambio tiene para la pol&iacute;tica, porque la conciencia pol&iacute;tica de Ortega es tan limitada como </span><span>la Restauraci&oacute;n</span><span> en la que aqu&eacute;lla se genera. Es probable que siempre pensara con agrado en la revoluci&oacute;n desde arriba que propugnaba Maura. El horror que siente hacia la masa, que, repito, es un fen&oacute;meno cualitativo, psicol&oacute;gico, crece a medida que la masa gana terreno: el falangismo, el fascismo, el nacionalsocialismo, el comunismo... Todas &eacute;stas son las ideolog&iacute;as que marcan el siglo XX desde los primeros a&ntilde;os veinte, y todas ellas son ideolog&iacute;as de masas o para las masas, que adem&aacute;s de pasar al primer plano de la vida social han copado el poder pol&iacute;tico, pidi&eacute;ndolo todo para s&iacute; mismas. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a oponer Ortega a ellas? Lo m&aacute;s seguro es que si cada vez ten&iacute;a menos interlocutores en potencia ello se debiera no s&oacute;lo a los tejemanejes de los pol&iacute;ticos y sus contubernios, que deben ser valorados en su justa medida, sino tambi&eacute;n a que el desfase entre el mundo peque&ntilde;o en el que se hab&iacute;a formado y el mundo masificado que hab&iacute;a surgido era cada vez mayor y no supiera qu&eacute; hacer ni a qui&eacute;n hablar. Ortega nunca se dirige a la multitud ni mucho menos a la humanidad, no es &eacute;sa su intenci&oacute;n, sino que lo hace a cada uno de los miembros de la multitud, y de repente &eacute;sta reemplaza a aqu&eacute;llos y pierde la orientaci&oacute;n. En el mundo de su juventud, en el mundo en que se forma, los individuos, los personalismos, las camarillas que siguen a un l&iacute;der o a otro tienen una importancia que luego pierden progresivamente, mientras hay m&aacute;s conciencia de todos los elementos que intervienen en la vida pol&iacute;tica y que no son solamente el cacique tal o el ministro cual. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; "><span style="font-size: small; "><span>Por eso, en mi opini&oacute;n, Ortega nunca dej&oacute; de ser un hombre de </span><span>la Restauraci&oacute;n</span><span>, al menos en este sentido, pero el n&uacute;cleo de lo que hoy conocemos est&aacute; ah&iacute;, en esas p&aacute;ginas que deber&iacute;an ser lectura obligatoria en el colegio.<span>&nbsp; </span><strong></strong></span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp; </span><em><span>&nbsp;</span></em></span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/metadata/4072/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/289/" name="comments_on" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Mon, 08 Jun 2009 05:53:41 -0600" ><![CDATA[on]]></metadata>
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" class="object" subclass="blog" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="owner_uuid" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="container_uuid" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="site_uuid" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="time_updated" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[1239996005]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="title" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[La rinocerontidad como norma]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="description" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>No s&eacute; si cuando Eug&egrave;ne Ionesco (1912-1994) escribi&oacute; <em>El rinoceronte</em>, relato publicado en las <em>Lettres</em> <em>Nouvelles </em>de Par&iacute;s en 1957 que se convertir&iacute;a en punto de partida para la que tal vez sea su obra de teatro m&aacute;s conocida junto a <em>La cantante calva</em>, no s&eacute;, digo, si era ya consciente de que llegar&iacute;a un d&iacute;a en que uno mirar&iacute;a a su alrededor y se preguntar&iacute;a con toda seriedad si la transformaci&oacute;n de las personas ha terminado y, en efecto, nos hemos convertido todos en rinocerontes. No lo s&eacute;, pero si s&eacute; que una de las cualidades de los grandes escritores es dar con la tecla sin darse cuenta, sin propon&eacute;rselo siquiera, as&iacute; que no hay m&aacute;s remedio que contar con esa posibilidad que en el mundo dividido y absoluto del siglo XX, sobre todo en su primera mitad, era todav&iacute;a m&aacute;s clara que en la actualidad. No pienso ya en el ascenso del fascismo, del nazismo y del estalinismo en la Europa de los a&ntilde;os 30, sino que me pregunto por lo que ha quedado de todo eso.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>En los a&ntilde;os 1937 y 1938, en Rumania, la gente, los conocidos de Ionesco, comienza de pronto a cambiar y llega un momento en que resulta imposible entenderse con los compa&ntilde;eros de trabajo, con los parientes, con los amigos, con la mujer, porque todo el mundo habla en otro idioma y nadie entiende a nadie. La mutaci&oacute;n hab&iacute;a comenzado por donde siempre comienzan las mutaciones, es decir, por el lenguaje. De repente ya no hab&iacute;a manera de comprender y hacerse comprender. Aunque cada uno segu&iacute;a conservando sus rasgos de siempre, s&oacute;lo hab&iacute;a un argumento domin&aacute;ndolo todo: Te aplastar&eacute;. En esta posibilidad, la de aplastar al otro, se condensaba y resum&iacute;a la soluci&oacute;n a todos los problemas. Pero adem&aacute;s, y esto es lo m&aacute;s curioso, la conversi&oacute;n de la gente en rinocerontes que lo &uacute;nico que saben es aplastar al otro tiene lugar en un contexto disparatado que conserva su apariencia de absoluta normalidad. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El relato comienza con una situaci&oacute;n inveros&iacute;mil planteada con toda l&oacute;gica: mientras est&aacute;n sentados en la terraza de un caf&eacute;, el protagonista y su amigo Jean ven que por la acera de enfrente pasa un rinoceronte. Entre los peatones hay cierta alarma, pero sus reacciones no llegan al extremo y dejan que el animal se pierda de vista. Una vez desaparecido, la gente lo comenta y luego vuelve a sus cosas. El mismo protagonista y Jean no le dan m&aacute;s importancia y siguen hablando de algo mucho m&aacute;s importante, nada m&aacute;s y nada menos que del tiempo. Poco a poco, sin embargo, no es un solo rinoceronte el que camina por la calle, sino que primero es uno, y luego otro, y luego otro m&aacute;s, hasta que &ldquo;los reba&ntilde;os de rinocerontes recorriendo las calles a toda velocidad se volvieron algo habitual de lo que ya nadie se asombraba. La gente se apartaba y continuaba luego su paseo, dedic&aacute;ndose a sus negocios habituales como si no ocurriera nada&rdquo;. Rinocerontes, todo lleno de rinocerontes aplastando a los dem&aacute;s. Y as&iacute;, como prueba de que la irracionalidad se presenta casi siempre con un aspecto de completa racionalidad, las conversaciones tratan no de la irrupci&oacute;n de esos animales en la vida ciudadana, cosa que se da por sobreentendida, sino sobre el n&uacute;mero de cuernos que tienen y, en consecuencia, sobre si son rinocerontes africanos o asi&aacute;ticos. En las cabezas de los primeros lucen dos, mientras que en las de los segundos s&oacute;lo uno. Esto es lo que importa: averiguar el n&uacute;mero de cuernos. Y, como todo es absurdo en el fondo aunque en la superficie nada ha cambiado, en los peri&oacute;dicos hay toda una secci&oacute;n dedicada no a la econom&iacute;a, ni a los deportes, ni a la informaci&oacute;n internacional, sino a los gatos aplastados. A los gatos, o sea, a los que se atreven a ponerse en el camino de los rinocerontes. Lo absurdo, lo delirante, lo brutal se han hecho norma y costumbre.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Dec&iacute;a antes que no s&eacute; qu&eacute; ha quedado de todo eso, suponiendo que haya quedado algo. Ya no hay fascismo, no hay nazismo, no hay estalinismo. Sus manifestaciones, aunque salvajes, son insignificantes y espor&aacute;dicas. Ahora bien, en el momento de su aparici&oacute;n todos esos movimientos causaron al menos sorpresa incluso entre quienes paulatinamente fueron cediendo a ellos, la aprobaci&oacute;n de unos y el rechazo de otros. En cambio, me pregunto si no ocurrir&aacute; que hoy en d&iacute;a nos limitamos a no escuchar a los dem&aacute;s, a considerarlos bien estorbos para nuestros planes bien meros instrumentos de los que servirnos mientras nos resulten &uacute;tiles, a aplastarlos cuando ya no nos sirven o se ponen muy pesados, sin m&aacute;s problemas ni quebraderos de cabeza, y no s&eacute; hasta qu&eacute; punto toda esa animalidad del siglo XX nos afecta todav&iacute;a mucho m&aacute;s profundamente de lo que nosotros mismos creemos, c&oacute;mo podemos deshacernos de ella. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-size: small; font-family: Times New Roman;">&nbsp;</span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/252/la-rinocerontidad-como-norma">La rinocerontidad como norma</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				April 17, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/252/la-rinocerontidad-como-norma">Comentarios (3)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>No s&eacute; si cuando Eug&egrave;ne Ionesco (1912-1994) escribi&oacute; <em>El rinoceronte</em>, relato publicado en las <em>Lettres</em> <em>Nouvelles </em>de Par&iacute;s en 1957 que se convertir&iacute;a en punto de partida para la que tal vez sea su obra de teatro m&aacute;s conocida junto a <em>La cantante calva</em>, no s&eacute;, digo, si era ya consciente de que llegar&iacute;a un d&iacute;a en que uno mirar&iacute;a a su alrededor y se preguntar&iacute;a con toda seriedad si la transformaci&oacute;n de las personas ha terminado y, en efecto, nos hemos convertido todos en rinocerontes. No lo s&eacute;, pero si s&eacute; que una de las cualidades de los grandes escritores es dar con la tecla sin darse cuenta, sin propon&eacute;rselo siquiera, as&iacute; que no hay m&aacute;s remedio que contar con esa posibilidad que en el mundo dividido y absoluto del siglo XX, sobre todo en su primera mitad, era todav&iacute;a m&aacute;s clara que en la actualidad. No pienso ya en el ascenso del fascismo, del nazismo y del estalinismo en la Europa de los a&ntilde;os 30, sino que me pregunto por lo que ha quedado de todo eso.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>En los a&ntilde;os 1937 y 1938, en Rumania, la gente, los conocidos de Ionesco, comienza de pronto a cambiar y llega un momento en que resulta imposible entenderse con los compa&ntilde;eros de trabajo, con los parientes, con los amigos, con la mujer, porque todo el mundo habla en otro idioma y nadie entiende a nadie. La mutaci&oacute;n hab&iacute;a comenzado por donde siempre comienzan las mutaciones, es decir, por el lenguaje. De repente ya no hab&iacute;a manera de comprender y hacerse comprender. Aunque cada uno segu&iacute;a conservando sus rasgos de siempre, s&oacute;lo hab&iacute;a un argumento domin&aacute;ndolo todo: Te aplastar&eacute;. En esta posibilidad, la de aplastar al otro, se condensaba y resum&iacute;a la soluci&oacute;n a todos los problemas. Pero adem&aacute;s, y esto es lo m&aacute;s curioso, la conversi&oacute;n de la gente en rinocerontes que lo &uacute;nico que saben es aplastar al otro tiene lugar en un contexto disparatado que conserva su apariencia de absoluta normalidad. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El relato comienza con una situaci&oacute;n inveros&iacute;mil planteada con toda l&oacute;gica: mientras est&aacute;n sentados en la terraza de un caf&eacute;, el protagonista y su amigo Jean ven que por la acera de enfrente pasa un rinoceronte. Entre los peatones hay cierta alarma, pero sus reacciones no llegan al extremo y dejan que el animal se pierda de vista. Una vez desaparecido, la gente lo comenta y luego vuelve a sus cosas. El mismo protagonista y Jean no le dan m&aacute;s importancia y siguen hablando de algo mucho m&aacute;s importante, nada m&aacute;s y nada menos que del tiempo. Poco a poco, sin embargo, no es un solo rinoceronte el que camina por la calle, sino que primero es uno, y luego otro, y luego otro m&aacute;s, hasta que &ldquo;los reba&ntilde;os de rinocerontes recorriendo las calles a toda velocidad se volvieron algo habitual de lo que ya nadie se asombraba. La gente se apartaba y continuaba luego su paseo, dedic&aacute;ndose a sus negocios habituales como si no ocurriera nada&rdquo;. Rinocerontes, todo lleno de rinocerontes aplastando a los dem&aacute;s. Y as&iacute;, como prueba de que la irracionalidad se presenta casi siempre con un aspecto de completa racionalidad, las conversaciones tratan no de la irrupci&oacute;n de esos animales en la vida ciudadana, cosa que se da por sobreentendida, sino sobre el n&uacute;mero de cuernos que tienen y, en consecuencia, sobre si son rinocerontes africanos o asi&aacute;ticos. En las cabezas de los primeros lucen dos, mientras que en las de los segundos s&oacute;lo uno. Esto es lo que importa: averiguar el n&uacute;mero de cuernos. Y, como todo es absurdo en el fondo aunque en la superficie nada ha cambiado, en los peri&oacute;dicos hay toda una secci&oacute;n dedicada no a la econom&iacute;a, ni a los deportes, ni a la informaci&oacute;n internacional, sino a los gatos aplastados. A los gatos, o sea, a los que se atreven a ponerse en el camino de los rinocerontes. Lo absurdo, lo delirante, lo brutal se han hecho norma y costumbre.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Dec&iacute;a antes que no s&eacute; qu&eacute; ha quedado de todo eso, suponiendo que haya quedado algo. Ya no hay fascismo, no hay nazismo, no hay estalinismo. Sus manifestaciones, aunque salvajes, son insignificantes y espor&aacute;dicas. Ahora bien, en el momento de su aparici&oacute;n todos esos movimientos causaron al menos sorpresa incluso entre quienes paulatinamente fueron cediendo a ellos, la aprobaci&oacute;n de unos y el rechazo de otros. En cambio, me pregunto si no ocurrir&aacute; que hoy en d&iacute;a nos limitamos a no escuchar a los dem&aacute;s, a considerarlos bien estorbos para nuestros planes bien meros instrumentos de los que servirnos mientras nos resulten &uacute;tiles, a aplastarlos cuando ya no nos sirven o se ponen muy pesados, sin m&aacute;s problemas ni quebraderos de cabeza, y no s&eacute; hasta qu&eacute; punto toda esa animalidad del siglo XX nos afecta todav&iacute;a mucho m&aacute;s profundamente de lo que nosotros mismos creemos, c&oacute;mo podemos deshacernos de ella. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

<div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Silvia</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Simalme/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Simalme/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Simalme/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Simalme">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Simalme">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Simalme">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Simalme">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Simalme ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Silvia" title="Silvia"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Los rinocerontes tienen muchos nombres distintos. Pero...&iquest;qu&eacute; haces cuando una masa enfervorecida corre hacia ti sin dejar hueco ni para huir?...O corres con ellos, o te aplastan. Aunque quiero creer que hay una tercera opci&oacute;n. Un hueco, un &aacute;rbol, un grupo de gente que se una para frenarles...</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Silvia</a> <acronym title="18 April 2009 @ 5:13am">hace 505 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div --><div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Me parece que lo &uacute;nico que se puede hacer es intentar influir en los dem&aacute;s para que eso no ocurra. Pero, si ocurre, no permitir que la rinocerontidad le afecte demasiado a uno&nbsp;y, desde luego, estar siempre alerta y quitarse de en medio. Un saludo.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> <acronym title="18 April 2009 @ 12:20pm">hace 504 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div --><div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Silvia</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Simalme/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Simalme/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Simalme/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Simalme">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Simalme">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Simalme">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Simalme">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Simalme ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Silvia" title="Silvia"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Rinocerontidad es no saludarte si pasan por tu lado, ni mirarte siquiera. Rinocerontidad es sacar una conclusi&oacute;n de alguien sin haberle dado siquiera la oportunidad&nbsp;de hablar. Rinocerontidad es echar la culpa a uno, quiz&aacute; el que menos la tiene, pero sabes que es el que m&aacute;s calla. Rinocerontidad es creerse culto y no tratar a las personas como personas. Rinocerontidad, al fin y al cabo, es creerse la &uacute;nica persona (los dem&aacute;s son meros peones). Hay tantos rinocerontes...</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Silvia</a> <acronym title="26 May 2009 @ 7:22am">hace 467 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div -->]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/annotation/51/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/127/" published="Sat, 18 Apr 2009 05:13:17 -0600" ><![CDATA[<p>Los rinocerontes tienen muchos nombres distintos. Pero...&iquest;qu&eacute; haces cuando una masa enfervorecida corre hacia ti sin dejar hueco ni para huir?...O corres con ellos, o te aplastan. Aunque quiero creer que hay una tercera opci&oacute;n. Un hueco, un &aacute;rbol, un grupo de gente que se una para frenarles...</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/annotation/52/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Sat, 18 Apr 2009 12:20:24 -0600" ><![CDATA[<p>Me parece que lo &uacute;nico que se puede hacer es intentar influir en los dem&aacute;s para que eso no ocurra. Pero, si ocurre, no permitir que la rinocerontidad le afecte demasiado a uno&nbsp;y, desde luego, estar siempre alerta y quitarse de en medio. Un saludo.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/annotation/68/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/127/" published="Tue, 26 May 2009 07:22:32 -0600" ><![CDATA[<p>Rinocerontidad es no saludarte si pasan por tu lado, ni mirarte siquiera. Rinocerontidad es sacar una conclusi&oacute;n de alguien sin haberle dado siquiera la oportunidad&nbsp;de hablar. Rinocerontidad es echar la culpa a uno, quiz&aacute; el que menos la tiene, pero sabes que es el que m&aacute;s calla. Rinocerontidad es creerse culto y no tratar a las personas como personas. Rinocerontidad, al fin y al cabo, es creerse la &uacute;nica persona (los dem&aacute;s son meros peones). Hay tantos rinocerontes...</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/metadata/3949/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="comments_on" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[on]]></metadata>
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" class="object" subclass="blog" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="owner_uuid" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="container_uuid" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="site_uuid" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="time_updated" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[1239996005]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="title" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[La rinocerontidad como norma]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="description" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>No s&eacute; si cuando Eug&egrave;ne Ionesco (1912-1994) escribi&oacute; <em>El rinoceronte</em>, relato publicado en las <em>Lettres</em> <em>Nouvelles </em>de Par&iacute;s en 1957 que se convertir&iacute;a en punto de partida para la que tal vez sea su obra de teatro m&aacute;s conocida junto a <em>La cantante calva</em>, no s&eacute;, digo, si era ya consciente de que llegar&iacute;a un d&iacute;a en que uno mirar&iacute;a a su alrededor y se preguntar&iacute;a con toda seriedad si la transformaci&oacute;n de las personas ha terminado y, en efecto, nos hemos convertido todos en rinocerontes. No lo s&eacute;, pero si s&eacute; que una de las cualidades de los grandes escritores es dar con la tecla sin darse cuenta, sin propon&eacute;rselo siquiera, as&iacute; que no hay m&aacute;s remedio que contar con esa posibilidad que en el mundo dividido y absoluto del siglo XX, sobre todo en su primera mitad, era todav&iacute;a m&aacute;s clara que en la actualidad. No pienso ya en el ascenso del fascismo, del nazismo y del estalinismo en la Europa de los a&ntilde;os 30, sino que me pregunto por lo que ha quedado de todo eso.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>En los a&ntilde;os 1937 y 1938, en Rumania, la gente, los conocidos de Ionesco, comienza de pronto a cambiar y llega un momento en que resulta imposible entenderse con los compa&ntilde;eros de trabajo, con los parientes, con los amigos, con la mujer, porque todo el mundo habla en otro idioma y nadie entiende a nadie. La mutaci&oacute;n hab&iacute;a comenzado por donde siempre comienzan las mutaciones, es decir, por el lenguaje. De repente ya no hab&iacute;a manera de comprender y hacerse comprender. Aunque cada uno segu&iacute;a conservando sus rasgos de siempre, s&oacute;lo hab&iacute;a un argumento domin&aacute;ndolo todo: Te aplastar&eacute;. En esta posibilidad, la de aplastar al otro, se condensaba y resum&iacute;a la soluci&oacute;n a todos los problemas. Pero adem&aacute;s, y esto es lo m&aacute;s curioso, la conversi&oacute;n de la gente en rinocerontes que lo &uacute;nico que saben es aplastar al otro tiene lugar en un contexto disparatado que conserva su apariencia de absoluta normalidad. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El relato comienza con una situaci&oacute;n inveros&iacute;mil planteada con toda l&oacute;gica: mientras est&aacute;n sentados en la terraza de un caf&eacute;, el protagonista y su amigo Jean ven que por la acera de enfrente pasa un rinoceronte. Entre los peatones hay cierta alarma, pero sus reacciones no llegan al extremo y dejan que el animal se pierda de vista. Una vez desaparecido, la gente lo comenta y luego vuelve a sus cosas. El mismo protagonista y Jean no le dan m&aacute;s importancia y siguen hablando de algo mucho m&aacute;s importante, nada m&aacute;s y nada menos que del tiempo. Poco a poco, sin embargo, no es un solo rinoceronte el que camina por la calle, sino que primero es uno, y luego otro, y luego otro m&aacute;s, hasta que &ldquo;los reba&ntilde;os de rinocerontes recorriendo las calles a toda velocidad se volvieron algo habitual de lo que ya nadie se asombraba. La gente se apartaba y continuaba luego su paseo, dedic&aacute;ndose a sus negocios habituales como si no ocurriera nada&rdquo;. Rinocerontes, todo lleno de rinocerontes aplastando a los dem&aacute;s. Y as&iacute;, como prueba de que la irracionalidad se presenta casi siempre con un aspecto de completa racionalidad, las conversaciones tratan no de la irrupci&oacute;n de esos animales en la vida ciudadana, cosa que se da por sobreentendida, sino sobre el n&uacute;mero de cuernos que tienen y, en consecuencia, sobre si son rinocerontes africanos o asi&aacute;ticos. En las cabezas de los primeros lucen dos, mientras que en las de los segundos s&oacute;lo uno. Esto es lo que importa: averiguar el n&uacute;mero de cuernos. Y, como todo es absurdo en el fondo aunque en la superficie nada ha cambiado, en los peri&oacute;dicos hay toda una secci&oacute;n dedicada no a la econom&iacute;a, ni a los deportes, ni a la informaci&oacute;n internacional, sino a los gatos aplastados. A los gatos, o sea, a los que se atreven a ponerse en el camino de los rinocerontes. Lo absurdo, lo delirante, lo brutal se han hecho norma y costumbre.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Times New Roman;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Dec&iacute;a antes que no s&eacute; qu&eacute; ha quedado de todo eso, suponiendo que haya quedado algo. Ya no hay fascismo, no hay nazismo, no hay estalinismo. Sus manifestaciones, aunque salvajes, son insignificantes y espor&aacute;dicas. Ahora bien, en el momento de su aparici&oacute;n todos esos movimientos causaron al menos sorpresa incluso entre quienes paulatinamente fueron cediendo a ellos, la aprobaci&oacute;n de unos y el rechazo de otros. En cambio, me pregunto si no ocurrir&aacute; que hoy en d&iacute;a nos limitamos a no escuchar a los dem&aacute;s, a considerarlos bien estorbos para nuestros planes bien meros instrumentos de los que servirnos mientras nos resulten &uacute;tiles, a aplastarlos cuando ya no nos sirven o se ponen muy pesados, sin m&aacute;s problemas ni quebraderos de cabeza, y no s&eacute; hasta qu&eacute; punto toda esa animalidad del siglo XX nos afecta todav&iacute;a mucho m&aacute;s profundamente de lo que nosotros mismos creemos, c&oacute;mo podemos deshacernos de ella. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-size: small; font-family: Times New Roman;">&nbsp;</span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/252/la-rinocerontidad-como-norma">La rinocerontidad como norma</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				April 17, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/252/la-rinocerontidad-como-norma">Comentarios (3)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>No s&eacute; si cuando Eug&egrave;ne Ionesco (1912-1994) escribi&oacute; <em>El rinoceronte</em>, relato publicado en las <em>Lettres</em> <em>Nouvelles </em>de Par&iacute;s en 1957 que se convertir&iacute;a en punto de partida para la que tal vez sea su obra de teatro m&aacute;s conocida junto a <em>La cantante calva</em>, no s&eacute;, digo, si era ya consciente de que llegar&iacute;a un d&iacute;a en que uno mirar&iacute;a a su alrededor y se preguntar&iacute;a con toda seriedad si la transformaci&oacute;n de las personas ha terminado y, en efecto, nos hemos convertido todos en rinocerontes. No lo s&eacute;, pero si s&eacute; que una de las cualidades de los grandes escritores es dar con la tecla sin darse cuenta, sin propon&eacute;rselo siquiera, as&iacute; que no hay m&aacute;s remedio que contar con esa posibilidad que en el mundo dividido y absoluto del siglo XX, sobre todo en su primera mitad, era todav&iacute;a m&aacute;s clara que en la actualidad. No pienso ya en el ascenso del fascismo, del nazismo y del estalinismo en la Europa de los a&ntilde;os 30, sino que me pregunto por lo que ha quedado de todo eso.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>En los a&ntilde;os 1937 y 1938, en Rumania, la gente, los conocidos de Ionesco, comienza de pronto a cambiar y llega un momento en que resulta imposible entenderse con los compa&ntilde;eros de trabajo, con los parientes, con los amigos, con la mujer, porque todo el mundo habla en otro idioma y nadie entiende a nadie. La mutaci&oacute;n hab&iacute;a comenzado por donde siempre comienzan las mutaciones, es decir, por el lenguaje. De repente ya no hab&iacute;a manera de comprender y hacerse comprender. Aunque cada uno segu&iacute;a conservando sus rasgos de siempre, s&oacute;lo hab&iacute;a un argumento domin&aacute;ndolo todo: Te aplastar&eacute;. En esta posibilidad, la de aplastar al otro, se condensaba y resum&iacute;a la soluci&oacute;n a todos los problemas. Pero adem&aacute;s, y esto es lo m&aacute;s curioso, la conversi&oacute;n de la gente en rinocerontes que lo &uacute;nico que saben es aplastar al otro tiene lugar en un contexto disparatado que conserva su apariencia de absoluta normalidad. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>El relato comienza con una situaci&oacute;n inveros&iacute;mil planteada con toda l&oacute;gica: mientras est&aacute;n sentados en la terraza de un caf&eacute;, el protagonista y su amigo Jean ven que por la acera de enfrente pasa un rinoceronte. Entre los peatones hay cierta alarma, pero sus reacciones no llegan al extremo y dejan que el animal se pierda de vista. Una vez desaparecido, la gente lo comenta y luego vuelve a sus cosas. El mismo protagonista y Jean no le dan m&aacute;s importancia y siguen hablando de algo mucho m&aacute;s importante, nada m&aacute;s y nada menos que del tiempo. Poco a poco, sin embargo, no es un solo rinoceronte el que camina por la calle, sino que primero es uno, y luego otro, y luego otro m&aacute;s, hasta que &ldquo;los reba&ntilde;os de rinocerontes recorriendo las calles a toda velocidad se volvieron algo habitual de lo que ya nadie se asombraba. La gente se apartaba y continuaba luego su paseo, dedic&aacute;ndose a sus negocios habituales como si no ocurriera nada&rdquo;. Rinocerontes, todo lleno de rinocerontes aplastando a los dem&aacute;s. Y as&iacute;, como prueba de que la irracionalidad se presenta casi siempre con un aspecto de completa racionalidad, las conversaciones tratan no de la irrupci&oacute;n de esos animales en la vida ciudadana, cosa que se da por sobreentendida, sino sobre el n&uacute;mero de cuernos que tienen y, en consecuencia, sobre si son rinocerontes africanos o asi&aacute;ticos. En las cabezas de los primeros lucen dos, mientras que en las de los segundos s&oacute;lo uno. Esto es lo que importa: averiguar el n&uacute;mero de cuernos. Y, como todo es absurdo en el fondo aunque en la superficie nada ha cambiado, en los peri&oacute;dicos hay toda una secci&oacute;n dedicada no a la econom&iacute;a, ni a los deportes, ni a la informaci&oacute;n internacional, sino a los gatos aplastados. A los gatos, o sea, a los que se atreven a ponerse en el camino de los rinocerontes. Lo absurdo, lo delirante, lo brutal se han hecho norma y costumbre.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span>Dec&iacute;a antes que no s&eacute; qu&eacute; ha quedado de todo eso, suponiendo que haya quedado algo. Ya no hay fascismo, no hay nazismo, no hay estalinismo. Sus manifestaciones, aunque salvajes, son insignificantes y espor&aacute;dicas. Ahora bien, en el momento de su aparici&oacute;n todos esos movimientos causaron al menos sorpresa incluso entre quienes paulatinamente fueron cediendo a ellos, la aprobaci&oacute;n de unos y el rechazo de otros. En cambio, me pregunto si no ocurrir&aacute; que hoy en d&iacute;a nos limitamos a no escuchar a los dem&aacute;s, a considerarlos bien estorbos para nuestros planes bien meros instrumentos de los que servirnos mientras nos resulten &uacute;tiles, a aplastarlos cuando ya no nos sirven o se ponen muy pesados, sin m&aacute;s problemas ni quebraderos de cabeza, y no s&eacute; hasta qu&eacute; punto toda esa animalidad del siglo XX nos afecta todav&iacute;a mucho m&aacute;s profundamente de lo que nosotros mismos creemos, c&oacute;mo podemos deshacernos de ella. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

<div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Silvia</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Simalme/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Simalme/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Simalme/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Simalme">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Simalme">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Simalme">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Simalme">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Simalme ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Silvia" title="Silvia"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Los rinocerontes tienen muchos nombres distintos. Pero...&iquest;qu&eacute; haces cuando una masa enfervorecida corre hacia ti sin dejar hueco ni para huir?...O corres con ellos, o te aplastan. Aunque quiero creer que hay una tercera opci&oacute;n. Un hueco, un &aacute;rbol, un grupo de gente que se una para frenarles...</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Silvia</a> <acronym title="18 April 2009 @ 5:13am">hace 505 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div --><div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Me parece que lo &uacute;nico que se puede hacer es intentar influir en los dem&aacute;s para que eso no ocurra. Pero, si ocurre, no permitir que la rinocerontidad le afecte demasiado a uno&nbsp;y, desde luego, estar siempre alerta y quitarse de en medio. Un saludo.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> <acronym title="18 April 2009 @ 12:20pm">hace 504 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div --><div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Silvia</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Simalme/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Simalme/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Simalme/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Simalme">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Simalme">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Simalme">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Simalme">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Simalme ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Silvia" title="Silvia"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Rinocerontidad es no saludarte si pasan por tu lado, ni mirarte siquiera. Rinocerontidad es sacar una conclusi&oacute;n de alguien sin haberle dado siquiera la oportunidad&nbsp;de hablar. Rinocerontidad es echar la culpa a uno, quiz&aacute; el que menos la tiene, pero sabes que es el que m&aacute;s calla. Rinocerontidad es creerse culto y no tratar a las personas como personas. Rinocerontidad, al fin y al cabo, es creerse la &uacute;nica persona (los dem&aacute;s son meros peones). Hay tantos rinocerontes...</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Simalme">Silvia</a> <acronym title="26 May 2009 @ 7:22am">hace 467 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div -->]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/annotation/51/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/127/" published="Sat, 18 Apr 2009 05:13:17 -0600" ><![CDATA[<p>Los rinocerontes tienen muchos nombres distintos. Pero...&iquest;qu&eacute; haces cuando una masa enfervorecida corre hacia ti sin dejar hueco ni para huir?...O corres con ellos, o te aplastan. Aunque quiero creer que hay una tercera opci&oacute;n. Un hueco, un &aacute;rbol, un grupo de gente que se una para frenarles...</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/annotation/52/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Sat, 18 Apr 2009 12:20:24 -0600" ><![CDATA[<p>Me parece que lo &uacute;nico que se puede hacer es intentar influir en los dem&aacute;s para que eso no ocurra. Pero, si ocurre, no permitir que la rinocerontidad le afecte demasiado a uno&nbsp;y, desde luego, estar siempre alerta y quitarse de en medio. Un saludo.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/annotation/68/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/127/" published="Tue, 26 May 2009 07:22:32 -0600" ><![CDATA[<p>Rinocerontidad es no saludarte si pasan por tu lado, ni mirarte siquiera. Rinocerontidad es sacar una conclusi&oacute;n de alguien sin haberle dado siquiera la oportunidad&nbsp;de hablar. Rinocerontidad es echar la culpa a uno, quiz&aacute; el que menos la tiene, pero sabes que es el que m&aacute;s calla. Rinocerontidad es creerse culto y no tratar a las personas como personas. Rinocerontidad, al fin y al cabo, es creerse la &uacute;nica persona (los dem&aacute;s son meros peones). Hay tantos rinocerontes...</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/metadata/3949/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/252/" name="comments_on" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Fri, 17 Apr 2009 13:20:05 -0600" ><![CDATA[on]]></metadata>
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" class="object" subclass="blog" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="owner_uuid" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="container_uuid" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="site_uuid" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="time_updated" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[1238064442]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="title" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[Austerlitz, el más desamparado de los hombres]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="description" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><strong><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;"></span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hay, al menos que yo sepa, pocos intentos por conseguir que la gran literatura europea ocupe el lugar que debe ocupar m&aacute;s logrados que el de W. G. Sebald (1944-2001), lejos de la estrechez de miras, de la pobreza intelectual y de la espantosa, predominante vulgaridad que por todos los medios, en especial audiovisuales, nos llegan sin parar del otro lado del oc&eacute;ano, si es que existe alguno. Me refiero al lugar que nunca debi&oacute; abandonar, del que nunca debi&oacute; permitir que la expulsaran. En Europa, donde las cosas jam&aacute;s se han reducido a un mero negocio entre partes, la gran literatura tiene siempre car&aacute;cter fundacional en el sentido de que se dirige directamente a las ra&iacute;ces mismas de la realidad, sea para afirmarlas, rechazarlas, ridiculizarlas o transformarlas, lo que quiere decir, entre otras cosas, que nunca le ha bastado con narrar una historia cualquiera que ya vendr&aacute; luego la industria a apoyarla. Pienso que no. Por lo com&uacute;n, en Europa los grandes escritores tratan ni m&aacute;s ni menos que de encontrar la forma del mundo que han conocido, en lo cual no se diferencian demasiado de los fil&oacute;sofos. Nada que ver con el ej&eacute;rcito de editores, cr&iacute;ticos, traductores, profesores, periodistas y promotores de negocios en general que intentan darnos gato por liebre y hacen pasar a perfectos segundones por verdaderos genios del tipo de Shakespeare y Proust. Incluso cuando se lee a uno de los m&aacute;s celebrados en la actualidad, Raymond Carver, uno se encoge de hombros y piensa: Est&aacute; bien, pero &iquest;es todo lo que puedes hacer? &iquest;No hay m&aacute;s? &iquest;Ya has llegado al l&iacute;mite de tus capacidades? Con esto quiero decir que, en mi opini&oacute;n, ya es hora de que en Europa nos demos cuenta de que tenemos a nuestra disposici&oacute;n un magn&iacute;fico repertorio de obras e ideas, porque, de hecho, de Europa ha salido la mayor parte de las obras e ideas que m&aacute;s merecen la pena, tanto en literatura como en filosof&iacute;a. En el pensamiento genial, una anda con frecuencia muy cerca de la otra. Es posible, lo admito, que con ellas, y sobre todo con la filosof&iacute;a, hayamos pretendido ir demasiado lejos, pero pienso que en el camino hemos logrado grandes cosas. Y esta realidad, que sobre todo desde la segunda mitad del siglo XX parece estar de capa ca&iacute;da, se presenta de nuevo ante los lectores de verdad en la obra de Sebald, la melancol&iacute;a absoluta con que la literatura inaugura una &eacute;poca llena de esperanza y promesas. Como un mago en una funci&oacute;n de circo, Sebald se las compone para que la atenci&oacute;n del lector est&eacute; pendiente de &eacute;l y nada m&aacute;s que de &eacute;l. Pero, a diferencia del n&uacute;mero del mago, su finalidad no es el puro entretenimiento, sino que el tremendo poder de hipnotismo de Sebald es el hipnotismo de la historia y su desgracia. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">Estoy de acuerdo con Harold Bloom: en el futuro ser&aacute; muy dif&iacute;cil hablar de grandes corrientes literarias y los lectores tendr&aacute;n que acudir a los escritores considerados en sentido individual, aprendiendo a distinguir entre ellos. Ya no hay recetas, y el mundo es bastante m&aacute;s complicado que en el siglo XIX, el siglo de la novela. Ahora bien, esto no es necesariamente negativo. Es verdad que un lector de hoy halla m&aacute;s dificultades a la hora de elegir y que los libros flotan dispersos en un mar ingobernable, pero cuando lo hace y acierta, cuando ese milagro ocurre, la uni&oacute;n tambi&eacute;n es m&aacute;s s&oacute;lida que antes, es decir, m&aacute;s personal. Al no haber corrientes de por medio, lo que hay es el encuentro de dos intimidades desnudas. Y esto es justamente lo que sucede con Jacques Austerlitz, que se planta ah&iacute;, delante de nosotros, y nos pide ayuda para vencer su desesperada soledad. <span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">Porque, en efecto, Austerlitz, el europeo errante, el eterno caminante siempre con la mochila a la espalda en busca de algo que no va a encontrar, es el m&aacute;s desamparado de los hombres. A lo largo del di&aacute;logo de treinta a&ntilde;os, a veces casual y a veces interrumpido despu&eacute;s de una de sus inexplicables desapariciones, que mantiene con el narrador, con el que se encuentra mientras saca fotograf&iacute;as de la estaci&oacute;n de Amberes y que ser&aacute; como el espejo ante el cual desgrana su vida, nos enteramos de que a Austerlitz le han quitado lo m&aacute;s importante que una persona puede tener en su vida, una infancia en paz rodeada de gente que le ame, y esa carencia ya no hay manera de llenarla. A la edad en que s&oacute;lo tendr&iacute;a que haber recibido el amor de sus padres se encontr&oacute; viajando primero en el tren y despu&eacute;s en el barco que le pondr&iacute;an a salvo del avance de las tropas alemanas, en Gales, con otros muchos ni&ntilde;os jud&iacute;os de Praga, de manera que a los cuatro a&ntilde;os sus principales y &uacute;nicos puntos de referencia en el mundo desaparecen por completo. Desde ese momento, en un proceso tal vez no del todo involuntario con el que intenta sobrevivir adapt&aacute;ndose a las circunstancias, lo que nunca es gratuito y por lo general tiene efectos destructores sobre las personas, Austerlitz comienza a olvidarlo todo: a su padre, Maximilian, socialista desaparecido en los Pirineos; a su madre, Ag&aacute;ta, actriz deportada en primer lugar al gueto de Terez&iacute;n con otras sesenta mil personas y luego a alg&uacute;n lugar a mil kil&oacute;metros al este, donde su pista se pierde para siempre; a Vera, su ni&ntilde;era, que al no ser jud&iacute;a salva la vida; olvida su idioma natal, el checo, las calles de Praga y los paisajes de Bohemia, y es llevado a vivir con un matrimonio viejo y triste en cuya casa no encuentra un &aacute;pice de felicidad. La historia, en fin, ha ca&iacute;do con todo su peso sobre &eacute;l y lo &uacute;nico que puede hacer es dar brazadas a la desesperada para que no se lo lleve por el desag&uuml;e. Austerlitz, al que se ha despojado de todo, es por largos a&ntilde;os el hombre sin pasado que por no tener no tiene ni un nombre de verdad, porque el suyo s&oacute;lo lo aprende mucho tiempo despu&eacute;s, en el internado al que se va a vivir cuando la mujer muere y el hombre enloquece sin remedio. Pero Jacques Austerlitz no es un nombre checo, al menos no uno muy usual, y adem&aacute;s su padre se apellidaba Aychenwald, de modo que sobre &eacute;l siempre planea la duda de qui&eacute;n es en realidad. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">Claro que, sea en el nivel que sea, los recuerdos perviven para decirnos que lo que hemos vivido no desaparece del todo jam&aacute;s, y as&iacute;, durante a&ntilde;os, Austerlitz, neur&oacute;tico hasta el paroxismo, sufre atroces ataques de p&aacute;nico, v&eacute;rtigo y malestar y un extra&ntilde;amiento tan profundo que comprende que nunca podr&aacute; mantener relaciones duraderas de ning&uacute;n tipo con nadie. Sus continuos viajes, con los que en realidad se aleja de s&iacute; mismo, no consiguen m&aacute;s que acentuar su progresiva p&eacute;rdida de identidad, su desvanecimiento en la nada del tiempo. No conoce la causa de su tormento; lo que s&iacute; sabe es que no tendr&aacute; un solo instante de paz mientras viva. Y, ya que no de alcanzar &eacute;sta, por lo menos s&iacute; est&aacute; en condiciones de investigar la primera el d&iacute;a en que por casualidad, en una librer&iacute;a de viejo cerca del Museo Brit&aacute;nico, escucha en la radio a dos mujeres hablar del barco, el <em>Prague</em>, en que llegaron a Inglaterra en el verano de 1939. Ese nombre, <em>Prague</em>, desencadena una tormenta en su cabeza. Poco a poco se da cuenta de que la historia de esas dos mujeres es su propia historia, y la necesidad de viajar a esa ciudad se le vuelve imperiosa. All&iacute;, en un archivo salido de una pesadilla de Kafka, su porvenir comienza a aclararse un poco: resulta que Vera todav&iacute;a vive, y es ella la que en largas conversaciones le proporciona las claves de su propia existencia. Pero s&oacute;lo las claves, lo que quiere decir que en adelante sabr&aacute; por qu&eacute; es un extra&ntilde;o entre los hombres, siempre solo y siempre triste, y de ah&iacute; no pasar&aacute;. Las palabras de Vera no constituyen un sortilegio a partir del cual la vida de Austerlitz mejora, sino tan s&oacute;lo el conocimiento exacto del origen de su desolaci&oacute;n.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">Pero no olvidemos que <em>Austerlitz</em> es, ante todo, una novela; es decir, una obra de arte; es decir, forma. El desvelamiento de la vida de Austerlitz, que es tambi&eacute;n la de innumerables europeos en los a&ntilde;os treinta y cuarenta del siglo pasado, no es lineal, no ocurre de una sola vez, de golpe, sino en el transcurso de casi trescientas p&aacute;ginas sin cap&iacute;tulos ni puntos y aparte, en estilo indirecto, llenas de dibujos y fotograf&iacute;as, que uno, hechizado por una lenta prosa de soberbia elegancia, devora con el &aacute;nimo encogido por la certeza de que todo, lo grande y lo peque&ntilde;o, lo fundamental y lo intrascendente, lo real y lo imaginado, lo personal y lo general, los vivos y los muertos, lo pasado y lo presente, est&aacute; conectado entre s&iacute; por los misteriosos conductos del tiempo, mirando dentro del cual se siente mucho fr&iacute;o y mucho miedo. Como ha comprendido Austerlitz, que mire adonde mire s&oacute;lo ve signos de muerte a su alrededor, la conciencia de que todo est&aacute; relacionado con todo, de que nada deja de suceder de manera definitiva, de que al final la vida se reduce a un punto ciego sin duraci&oacute;n, &uacute;nicamente puede conducir a la m&aacute;s estricta desesperaci&oacute;n.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/230/austerlitz-el-ms-desamparado-de-los-hombres">Austerlitz, el más desamparado de los hombres</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				March 26, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/230/austerlitz-el-ms-desamparado-de-los-hombres">Comentarios (2)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><strong><span><span style="font-size: small; "></span></span></strong></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hay, al menos que yo sepa, pocos intentos por conseguir que la gran literatura europea ocupe el lugar que debe ocupar m&aacute;s logrados que el de W. G. Sebald (1944-2001), lejos de la estrechez de miras, de la pobreza intelectual y de la espantosa, predominante vulgaridad que por todos los medios, en especial audiovisuales, nos llegan sin parar del otro lado del oc&eacute;ano, si es que existe alguno. Me refiero al lugar que nunca debi&oacute; abandonar, del que nunca debi&oacute; permitir que la expulsaran. En Europa, donde las cosas jam&aacute;s se han reducido a un mero negocio entre partes, la gran literatura tiene siempre car&aacute;cter fundacional en el sentido de que se dirige directamente a las ra&iacute;ces mismas de la realidad, sea para afirmarlas, rechazarlas, ridiculizarlas o transformarlas, lo que quiere decir, entre otras cosas, que nunca le ha bastado con narrar una historia cualquiera que ya vendr&aacute; luego la industria a apoyarla. Pienso que no. Por lo com&uacute;n, en Europa los grandes escritores tratan ni m&aacute;s ni menos que de encontrar la forma del mundo que han conocido, en lo cual no se diferencian demasiado de los fil&oacute;sofos. Nada que ver con el ej&eacute;rcito de editores, cr&iacute;ticos, traductores, profesores, periodistas y promotores de negocios en general que intentan darnos gato por liebre y hacen pasar a perfectos segundones por verdaderos genios del tipo de Shakespeare y Proust. Incluso cuando se lee a uno de los m&aacute;s celebrados en la actualidad, Raymond Carver, uno se encoge de hombros y piensa: Est&aacute; bien, pero &iquest;es todo lo que puedes hacer? &iquest;No hay m&aacute;s? &iquest;Ya has llegado al l&iacute;mite de tus capacidades? Con esto quiero decir que, en mi opini&oacute;n, ya es hora de que en Europa nos demos cuenta de que tenemos a nuestra disposici&oacute;n un magn&iacute;fico repertorio de obras e ideas, porque, de hecho, de Europa ha salido la mayor parte de las obras e ideas que m&aacute;s merecen la pena, tanto en literatura como en filosof&iacute;a. En el pensamiento genial, una anda con frecuencia muy cerca de la otra. Es posible, lo admito, que con ellas, y sobre todo con la filosof&iacute;a, hayamos pretendido ir demasiado lejos, pero pienso que en el camino hemos logrado grandes cosas. Y esta realidad, que sobre todo desde la segunda mitad del siglo XX parece estar de capa ca&iacute;da, se presenta de nuevo ante los lectores de verdad en la obra de Sebald, la melancol&iacute;a absoluta con que la literatura inaugura una &eacute;poca llena de esperanza y promesas. Como un mago en una funci&oacute;n de circo, Sebald se las compone para que la atenci&oacute;n del lector est&eacute; pendiente de &eacute;l y nada m&aacute;s que de &eacute;l. Pero, a diferencia del n&uacute;mero del mago, su finalidad no es el puro entretenimiento, sino que el tremendo poder de hipnotismo de Sebald es el hipnotismo de la historia y su desgracia. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">Estoy de acuerdo con Harold Bloom: en el futuro ser&aacute; muy dif&iacute;cil hablar de grandes corrientes literarias y los lectores tendr&aacute;n que acudir a los escritores considerados en sentido individual, aprendiendo a distinguir entre ellos. Ya no hay recetas, y el mundo es bastante m&aacute;s complicado que en el siglo XIX, el siglo de la novela. Ahora bien, esto no es necesariamente negativo. Es verdad que un lector de hoy halla m&aacute;s dificultades a la hora de elegir y que los libros flotan dispersos en un mar ingobernable, pero cuando lo hace y acierta, cuando ese milagro ocurre, la uni&oacute;n tambi&eacute;n es m&aacute;s s&oacute;lida que antes, es decir, m&aacute;s personal. Al no haber corrientes de por medio, lo que hay es el encuentro de dos intimidades desnudas. Y esto es justamente lo que sucede con Jacques Austerlitz, que se planta ah&iacute;, delante de nosotros, y nos pide ayuda para vencer su desesperada soledad. <span>&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;</span></span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">Porque, en efecto, Austerlitz, el europeo errante, el eterno caminante siempre con la mochila a la espalda en busca de algo que no va a encontrar, es el m&aacute;s desamparado de los hombres. A lo largo del di&aacute;logo de treinta a&ntilde;os, a veces casual y a veces interrumpido despu&eacute;s de una de sus inexplicables desapariciones, que mantiene con el narrador, con el que se encuentra mientras saca fotograf&iacute;as de la estaci&oacute;n de Amberes y que ser&aacute; como el espejo ante el cual desgrana su vida, nos enteramos de que a Austerlitz le han quitado lo m&aacute;s importante que una persona puede tener en su vida, una infancia en paz rodeada de gente que le ame, y esa carencia ya no hay manera de llenarla. A la edad en que s&oacute;lo tendr&iacute;a que haber recibido el amor de sus padres se encontr&oacute; viajando primero en el tren y despu&eacute;s en el barco que le pondr&iacute;an a salvo del avance de las tropas alemanas, en Gales, con otros muchos ni&ntilde;os jud&iacute;os de Praga, de manera que a los cuatro a&ntilde;os sus principales y &uacute;nicos puntos de referencia en el mundo desaparecen por completo. Desde ese momento, en un proceso tal vez no del todo involuntario con el que intenta sobrevivir adapt&aacute;ndose a las circunstancias, lo que nunca es gratuito y por lo general tiene efectos destructores sobre las personas, Austerlitz comienza a olvidarlo todo: a su padre, Maximilian, socialista desaparecido en los Pirineos; a su madre, Ag&aacute;ta, actriz deportada en primer lugar al gueto de Terez&iacute;n con otras sesenta mil personas y luego a alg&uacute;n lugar a mil kil&oacute;metros al este, donde su pista se pierde para siempre; a Vera, su ni&ntilde;era, que al no ser jud&iacute;a salva la vida; olvida su idioma natal, el checo, las calles de Praga y los paisajes de Bohemia, y es llevado a vivir con un matrimonio viejo y triste en cuya casa no encuentra un &aacute;pice de felicidad. La historia, en fin, ha ca&iacute;do con todo su peso sobre &eacute;l y lo &uacute;nico que puede hacer es dar brazadas a la desesperada para que no se lo lleve por el desag&uuml;e. Austerlitz, al que se ha despojado de todo, es por largos a&ntilde;os el hombre sin pasado que por no tener no tiene ni un nombre de verdad, porque el suyo s&oacute;lo lo aprende mucho tiempo despu&eacute;s, en el internado al que se va a vivir cuando la mujer muere y el hombre enloquece sin remedio. Pero Jacques Austerlitz no es un nombre checo, al menos no uno muy usual, y adem&aacute;s su padre se apellidaba Aychenwald, de modo que sobre &eacute;l siempre planea la duda de qui&eacute;n es en realidad. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">Claro que, sea en el nivel que sea, los recuerdos perviven para decirnos que lo que hemos vivido no desaparece del todo jam&aacute;s, y as&iacute;, durante a&ntilde;os, Austerlitz, neur&oacute;tico hasta el paroxismo, sufre atroces ataques de p&aacute;nico, v&eacute;rtigo y malestar y un extra&ntilde;amiento tan profundo que comprende que nunca podr&aacute; mantener relaciones duraderas de ning&uacute;n tipo con nadie. Sus continuos viajes, con los que en realidad se aleja de s&iacute; mismo, no consiguen m&aacute;s que acentuar su progresiva p&eacute;rdida de identidad, su desvanecimiento en la nada del tiempo. No conoce la causa de su tormento; lo que s&iacute; sabe es que no tendr&aacute; un solo instante de paz mientras viva. Y, ya que no de alcanzar &eacute;sta, por lo menos s&iacute; est&aacute; en condiciones de investigar la primera el d&iacute;a en que por casualidad, en una librer&iacute;a de viejo cerca del Museo Brit&aacute;nico, escucha en la radio a dos mujeres hablar del barco, el <em>Prague</em>, en que llegaron a Inglaterra en el verano de 1939. Ese nombre, <em>Prague</em>, desencadena una tormenta en su cabeza. Poco a poco se da cuenta de que la historia de esas dos mujeres es su propia historia, y la necesidad de viajar a esa ciudad se le vuelve imperiosa. All&iacute;, en un archivo salido de una pesadilla de Kafka, su porvenir comienza a aclararse un poco: resulta que Vera todav&iacute;a vive, y es ella la que en largas conversaciones le proporciona las claves de su propia existencia. Pero s&oacute;lo las claves, lo que quiere decir que en adelante sabr&aacute; por qu&eacute; es un extra&ntilde;o entre los hombres, siempre solo y siempre triste, y de ah&iacute; no pasar&aacute;. Las palabras de Vera no constituyen un sortilegio a partir del cual la vida de Austerlitz mejora, sino tan s&oacute;lo el conocimiento exacto del origen de su desolaci&oacute;n.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">Pero no olvidemos que <em>Austerlitz</em> es, ante todo, una novela; es decir, una obra de arte; es decir, forma. El desvelamiento de la vida de Austerlitz, que es tambi&eacute;n la de innumerables europeos en los a&ntilde;os treinta y cuarenta del siglo pasado, no es lineal, no ocurre de una sola vez, de golpe, sino en el transcurso de casi trescientas p&aacute;ginas sin cap&iacute;tulos ni puntos y aparte, en estilo indirecto, llenas de dibujos y fotograf&iacute;as, que uno, hechizado por una lenta prosa de soberbia elegancia, devora con el &aacute;nimo encogido por la certeza de que todo, lo grande y lo peque&ntilde;o, lo fundamental y lo intrascendente, lo real y lo imaginado, lo personal y lo general, los vivos y los muertos, lo pasado y lo presente, est&aacute; conectado entre s&iacute; por los misteriosos conductos del tiempo, mirando dentro del cual se siente mucho fr&iacute;o y mucho miedo. Como ha comprendido Austerlitz, que mire adonde mire s&oacute;lo ve signos de muerte a su alrededor, la conciencia de que todo est&aacute; relacionado con todo, de que nada deja de suceder de manera definitiva, de que al final la vida se reduce a un punto ciego sin duraci&oacute;n, &uacute;nicamente puede conducir a la m&aacute;s estricta desesperaci&oacute;n.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

<div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/IvanVergara">Ivan Vergara</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/IvanVergara">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/IvanVergara/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/IvanVergara/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/IvanVergara/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/IvanVergara">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/IvanVergara">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/IvanVergara">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/IvanVergara">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/IvanVergara ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/IvanVergara" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Ivan Vergara" title="Ivan Vergara"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Estimado Ubaldo.</p>
<p>Tu extenso post lo encuentro dividido en dos posturas: una que se dirige a hacer una presentaci&oacute;n de la novela: Austerlitz, de W. G. Sebald; y la otra postura postula una actitud cr&iacute;tica hacia la literatura venida del otro lado del oc&eacute;ano.</p>
<p>Y es sobre eso que versar&aacute; mi comentario.</p>
<p>1. No entiendo porque se tiene que comparar la literatura de ambos continentes, ambas son enriquecedores por s&iacute; mismos.</p>
<p>2. No entiendo donde dejas a escritores y poetas como Neruda, Paz, Huidobro, Jorge Luis Borges, o escritores como Fuentes, Bola&ntilde;o, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Cort&aacute;zar, Vargas Llosa, Onetti, S&aacute;bato, Lezama Lima; si tu comentario se refiere a lo que llega de Estados Unidos, d&oacute;nde queda Herman Mellville, Nathaniel Hawthorne, Walt Withman, Emily Dickinson, Tennessee Williams, William Faulkner, Tom Wolfe, Norman Mailer, Allen Ginsberg, J. D. Salinger, Thomas Pynchon, Paul Auster, entre otros.</p>
<p>4. Harold Bloom naci&oacute; en Nueva York.</p>
<p>5. Me gustar&iacute;a seguir la discusi&oacute;n, seguramente hay algo que no pillo, quiz&aacute; podr&iacute;amos continuar dialogando, no lo crees?</p>
<p>Saludos desde Sevilla Ubaldo.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/IvanVergara">Ivan Vergara</a> <acronym title="26 March 2009 @ 11:22am">hace 527 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div --><div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Estimado Iv&aacute;n, por descontado no es una descalificaci&oacute;n en t&eacute;rminos absolutos de toda la literatura procedente de toda Am&eacute;rica. Ya s&eacute; que Harold Bloom es de Nueva York, por ejemplo.&nbsp;Cada vez me gusta menos esa manera de tratar los problemas y no se me ocurrir&iacute;a hacerlo. El post se dirige &uacute;nicamente hacia lo que en mi opini&oacute;n es la literatura predominante en un solo pa&iacute;s de un continente (que, por cierto, toma el todo por la parte y se apropia incluso del nombre), y en ese pa&iacute;s, los Estados Unidos, que vomita diariamente pel&iacute;culas y novelas de un nivel &iacute;nfimo, tienen sin embargo la m&aacute;s poderosa industria existente en el mundo. Basta poner la televisi&oacute;n para comprobarlo. Y uno de los resortes de esa industria es hacer pasar a gente como Carver, que no es nada del otro mundo, como si fuesen de primera fila. Es una invasi&oacute;n cultural de la que pienso que en Europa tenemos que defendernos. En Europa hemos hecho lo mejor y lo peor, pero creo que si uno mira el patrimonio elaborado desde el siglo VI a.C. no hay m&aacute;s remedio que convenir en que ser&iacute;a una l&aacute;stima que se echara a perder. Y justamente eso, y por razones que ser&iacute;a muy largo contar aqu&iacute;, creo que es lo que est&aacute; ocurriendo. En literatura hemos olvidado la existencia del espacio y lo hemos reducido todo a tiempo, a lo que pasa dentro de la cabeza del escritor. Pero el espacio es fundamental, y no es lo mismo una historia en Manhattan que en una aldea de la Sierra de Aracena. Estamos olvidando lo pr&oacute;ximo por obra de una industria estadounidense que se mete hasta el fondo y en Europa&nbsp;queremos ser lo que no somos. En fin, todo esto dicho de una manera muy general.</p>
<p>Si se me permite decirlo, estoy metido&nbsp;en un ensayo, que creo que titular&eacute; El continente neur&oacute;tico, donde espero tratar esto m&aacute;s extensamente.</p>
<p>Por lo dem&aacute;s, soy de Sevilla y tambi&eacute;n vivo aqu&iacute;.</p>
<p>Un saludo.&nbsp;&nbsp;</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> <acronym title="26 March 2009 @ 11:54am">hace 527 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div -->]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/annotation/39/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/73/" published="Thu, 26 Mar 2009 11:22:19 -0600" ><![CDATA[<p>Estimado Ubaldo.</p>
<p>Tu extenso post lo encuentro dividido en dos posturas: una que se dirige a hacer una presentaci&oacute;n de la novela: Austerlitz, de W. G. Sebald; y la otra postura postula una actitud cr&iacute;tica hacia la literatura venida del otro lado del oc&eacute;ano.</p>
<p>Y es sobre eso que versar&aacute; mi comentario.</p>
<p>1. No entiendo porque se tiene que comparar la literatura de ambos continentes, ambas son enriquecedores por s&iacute; mismos.</p>
<p>2. No entiendo donde dejas a escritores y poetas como Neruda, Paz, Huidobro, Jorge Luis Borges, o escritores como Fuentes, Bola&ntilde;o, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Cort&aacute;zar, Vargas Llosa, Onetti, S&aacute;bato, Lezama Lima; si tu comentario se refiere a lo que llega de Estados Unidos, d&oacute;nde queda Herman Mellville, Nathaniel Hawthorne, Walt Withman, Emily Dickinson, Tennessee Williams, William Faulkner, Tom Wolfe, Norman Mailer, Allen Ginsberg, J. D. Salinger, Thomas Pynchon, Paul Auster, entre otros.</p>
<p>4. Harold Bloom naci&oacute; en Nueva York.</p>
<p>5. Me gustar&iacute;a seguir la discusi&oacute;n, seguramente hay algo que no pillo, quiz&aacute; podr&iacute;amos continuar dialogando, no lo crees?</p>
<p>Saludos desde Sevilla Ubaldo.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/annotation/42/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Thu, 26 Mar 2009 11:54:35 -0600" ><![CDATA[<p>Estimado Iv&aacute;n, por descontado no es una descalificaci&oacute;n en t&eacute;rminos absolutos de toda la literatura procedente de toda Am&eacute;rica. Ya s&eacute; que Harold Bloom es de Nueva York, por ejemplo.&nbsp;Cada vez me gusta menos esa manera de tratar los problemas y no se me ocurrir&iacute;a hacerlo. El post se dirige &uacute;nicamente hacia lo que en mi opini&oacute;n es la literatura predominante en un solo pa&iacute;s de un continente (que, por cierto, toma el todo por la parte y se apropia incluso del nombre), y en ese pa&iacute;s, los Estados Unidos, que vomita diariamente pel&iacute;culas y novelas de un nivel &iacute;nfimo, tienen sin embargo la m&aacute;s poderosa industria existente en el mundo. Basta poner la televisi&oacute;n para comprobarlo. Y uno de los resortes de esa industria es hacer pasar a gente como Carver, que no es nada del otro mundo, como si fuesen de primera fila. Es una invasi&oacute;n cultural de la que pienso que en Europa tenemos que defendernos. En Europa hemos hecho lo mejor y lo peor, pero creo que si uno mira el patrimonio elaborado desde el siglo VI a.C. no hay m&aacute;s remedio que convenir en que ser&iacute;a una l&aacute;stima que se echara a perder. Y justamente eso, y por razones que ser&iacute;a muy largo contar aqu&iacute;, creo que es lo que est&aacute; ocurriendo. En literatura hemos olvidado la existencia del espacio y lo hemos reducido todo a tiempo, a lo que pasa dentro de la cabeza del escritor. Pero el espacio es fundamental, y no es lo mismo una historia en Manhattan que en una aldea de la Sierra de Aracena. Estamos olvidando lo pr&oacute;ximo por obra de una industria estadounidense que se mete hasta el fondo y en Europa&nbsp;queremos ser lo que no somos. En fin, todo esto dicho de una manera muy general.</p>
<p>Si se me permite decirlo, estoy metido&nbsp;en un ensayo, que creo que titular&eacute; El continente neur&oacute;tico, donde espero tratar esto m&aacute;s extensamente.</p>
<p>Por lo dem&aacute;s, soy de Sevilla y tambi&eacute;n vivo aqu&iacute;.</p>
<p>Un saludo.&nbsp;&nbsp;</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/metadata/3662/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="comments_on" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[on]]></metadata>
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" class="object" subclass="blog" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="owner_uuid" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="container_uuid" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="site_uuid" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="time_updated" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[1238064442]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="title" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[Austerlitz, el más desamparado de los hombres]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="description" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><strong><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;"></span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hay, al menos que yo sepa, pocos intentos por conseguir que la gran literatura europea ocupe el lugar que debe ocupar m&aacute;s logrados que el de W. G. Sebald (1944-2001), lejos de la estrechez de miras, de la pobreza intelectual y de la espantosa, predominante vulgaridad que por todos los medios, en especial audiovisuales, nos llegan sin parar del otro lado del oc&eacute;ano, si es que existe alguno. Me refiero al lugar que nunca debi&oacute; abandonar, del que nunca debi&oacute; permitir que la expulsaran. En Europa, donde las cosas jam&aacute;s se han reducido a un mero negocio entre partes, la gran literatura tiene siempre car&aacute;cter fundacional en el sentido de que se dirige directamente a las ra&iacute;ces mismas de la realidad, sea para afirmarlas, rechazarlas, ridiculizarlas o transformarlas, lo que quiere decir, entre otras cosas, que nunca le ha bastado con narrar una historia cualquiera que ya vendr&aacute; luego la industria a apoyarla. Pienso que no. Por lo com&uacute;n, en Europa los grandes escritores tratan ni m&aacute;s ni menos que de encontrar la forma del mundo que han conocido, en lo cual no se diferencian demasiado de los fil&oacute;sofos. Nada que ver con el ej&eacute;rcito de editores, cr&iacute;ticos, traductores, profesores, periodistas y promotores de negocios en general que intentan darnos gato por liebre y hacen pasar a perfectos segundones por verdaderos genios del tipo de Shakespeare y Proust. Incluso cuando se lee a uno de los m&aacute;s celebrados en la actualidad, Raymond Carver, uno se encoge de hombros y piensa: Est&aacute; bien, pero &iquest;es todo lo que puedes hacer? &iquest;No hay m&aacute;s? &iquest;Ya has llegado al l&iacute;mite de tus capacidades? Con esto quiero decir que, en mi opini&oacute;n, ya es hora de que en Europa nos demos cuenta de que tenemos a nuestra disposici&oacute;n un magn&iacute;fico repertorio de obras e ideas, porque, de hecho, de Europa ha salido la mayor parte de las obras e ideas que m&aacute;s merecen la pena, tanto en literatura como en filosof&iacute;a. En el pensamiento genial, una anda con frecuencia muy cerca de la otra. Es posible, lo admito, que con ellas, y sobre todo con la filosof&iacute;a, hayamos pretendido ir demasiado lejos, pero pienso que en el camino hemos logrado grandes cosas. Y esta realidad, que sobre todo desde la segunda mitad del siglo XX parece estar de capa ca&iacute;da, se presenta de nuevo ante los lectores de verdad en la obra de Sebald, la melancol&iacute;a absoluta con que la literatura inaugura una &eacute;poca llena de esperanza y promesas. Como un mago en una funci&oacute;n de circo, Sebald se las compone para que la atenci&oacute;n del lector est&eacute; pendiente de &eacute;l y nada m&aacute;s que de &eacute;l. Pero, a diferencia del n&uacute;mero del mago, su finalidad no es el puro entretenimiento, sino que el tremendo poder de hipnotismo de Sebald es el hipnotismo de la historia y su desgracia. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">Estoy de acuerdo con Harold Bloom: en el futuro ser&aacute; muy dif&iacute;cil hablar de grandes corrientes literarias y los lectores tendr&aacute;n que acudir a los escritores considerados en sentido individual, aprendiendo a distinguir entre ellos. Ya no hay recetas, y el mundo es bastante m&aacute;s complicado que en el siglo XIX, el siglo de la novela. Ahora bien, esto no es necesariamente negativo. Es verdad que un lector de hoy halla m&aacute;s dificultades a la hora de elegir y que los libros flotan dispersos en un mar ingobernable, pero cuando lo hace y acierta, cuando ese milagro ocurre, la uni&oacute;n tambi&eacute;n es m&aacute;s s&oacute;lida que antes, es decir, m&aacute;s personal. Al no haber corrientes de por medio, lo que hay es el encuentro de dos intimidades desnudas. Y esto es justamente lo que sucede con Jacques Austerlitz, que se planta ah&iacute;, delante de nosotros, y nos pide ayuda para vencer su desesperada soledad. <span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">Porque, en efecto, Austerlitz, el europeo errante, el eterno caminante siempre con la mochila a la espalda en busca de algo que no va a encontrar, es el m&aacute;s desamparado de los hombres. A lo largo del di&aacute;logo de treinta a&ntilde;os, a veces casual y a veces interrumpido despu&eacute;s de una de sus inexplicables desapariciones, que mantiene con el narrador, con el que se encuentra mientras saca fotograf&iacute;as de la estaci&oacute;n de Amberes y que ser&aacute; como el espejo ante el cual desgrana su vida, nos enteramos de que a Austerlitz le han quitado lo m&aacute;s importante que una persona puede tener en su vida, una infancia en paz rodeada de gente que le ame, y esa carencia ya no hay manera de llenarla. A la edad en que s&oacute;lo tendr&iacute;a que haber recibido el amor de sus padres se encontr&oacute; viajando primero en el tren y despu&eacute;s en el barco que le pondr&iacute;an a salvo del avance de las tropas alemanas, en Gales, con otros muchos ni&ntilde;os jud&iacute;os de Praga, de manera que a los cuatro a&ntilde;os sus principales y &uacute;nicos puntos de referencia en el mundo desaparecen por completo. Desde ese momento, en un proceso tal vez no del todo involuntario con el que intenta sobrevivir adapt&aacute;ndose a las circunstancias, lo que nunca es gratuito y por lo general tiene efectos destructores sobre las personas, Austerlitz comienza a olvidarlo todo: a su padre, Maximilian, socialista desaparecido en los Pirineos; a su madre, Ag&aacute;ta, actriz deportada en primer lugar al gueto de Terez&iacute;n con otras sesenta mil personas y luego a alg&uacute;n lugar a mil kil&oacute;metros al este, donde su pista se pierde para siempre; a Vera, su ni&ntilde;era, que al no ser jud&iacute;a salva la vida; olvida su idioma natal, el checo, las calles de Praga y los paisajes de Bohemia, y es llevado a vivir con un matrimonio viejo y triste en cuya casa no encuentra un &aacute;pice de felicidad. La historia, en fin, ha ca&iacute;do con todo su peso sobre &eacute;l y lo &uacute;nico que puede hacer es dar brazadas a la desesperada para que no se lo lleve por el desag&uuml;e. Austerlitz, al que se ha despojado de todo, es por largos a&ntilde;os el hombre sin pasado que por no tener no tiene ni un nombre de verdad, porque el suyo s&oacute;lo lo aprende mucho tiempo despu&eacute;s, en el internado al que se va a vivir cuando la mujer muere y el hombre enloquece sin remedio. Pero Jacques Austerlitz no es un nombre checo, al menos no uno muy usual, y adem&aacute;s su padre se apellidaba Aychenwald, de modo que sobre &eacute;l siempre planea la duda de qui&eacute;n es en realidad. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">Claro que, sea en el nivel que sea, los recuerdos perviven para decirnos que lo que hemos vivido no desaparece del todo jam&aacute;s, y as&iacute;, durante a&ntilde;os, Austerlitz, neur&oacute;tico hasta el paroxismo, sufre atroces ataques de p&aacute;nico, v&eacute;rtigo y malestar y un extra&ntilde;amiento tan profundo que comprende que nunca podr&aacute; mantener relaciones duraderas de ning&uacute;n tipo con nadie. Sus continuos viajes, con los que en realidad se aleja de s&iacute; mismo, no consiguen m&aacute;s que acentuar su progresiva p&eacute;rdida de identidad, su desvanecimiento en la nada del tiempo. No conoce la causa de su tormento; lo que s&iacute; sabe es que no tendr&aacute; un solo instante de paz mientras viva. Y, ya que no de alcanzar &eacute;sta, por lo menos s&iacute; est&aacute; en condiciones de investigar la primera el d&iacute;a en que por casualidad, en una librer&iacute;a de viejo cerca del Museo Brit&aacute;nico, escucha en la radio a dos mujeres hablar del barco, el <em>Prague</em>, en que llegaron a Inglaterra en el verano de 1939. Ese nombre, <em>Prague</em>, desencadena una tormenta en su cabeza. Poco a poco se da cuenta de que la historia de esas dos mujeres es su propia historia, y la necesidad de viajar a esa ciudad se le vuelve imperiosa. All&iacute;, en un archivo salido de una pesadilla de Kafka, su porvenir comienza a aclararse un poco: resulta que Vera todav&iacute;a vive, y es ella la que en largas conversaciones le proporciona las claves de su propia existencia. Pero s&oacute;lo las claves, lo que quiere decir que en adelante sabr&aacute; por qu&eacute; es un extra&ntilde;o entre los hombres, siempre solo y siempre triste, y de ah&iacute; no pasar&aacute;. Las palabras de Vera no constituyen un sortilegio a partir del cual la vida de Austerlitz mejora, sino tan s&oacute;lo el conocimiento exacto del origen de su desolaci&oacute;n.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">Pero no olvidemos que <em>Austerlitz</em> es, ante todo, una novela; es decir, una obra de arte; es decir, forma. El desvelamiento de la vida de Austerlitz, que es tambi&eacute;n la de innumerables europeos en los a&ntilde;os treinta y cuarenta del siglo pasado, no es lineal, no ocurre de una sola vez, de golpe, sino en el transcurso de casi trescientas p&aacute;ginas sin cap&iacute;tulos ni puntos y aparte, en estilo indirecto, llenas de dibujos y fotograf&iacute;as, que uno, hechizado por una lenta prosa de soberbia elegancia, devora con el &aacute;nimo encogido por la certeza de que todo, lo grande y lo peque&ntilde;o, lo fundamental y lo intrascendente, lo real y lo imaginado, lo personal y lo general, los vivos y los muertos, lo pasado y lo presente, est&aacute; conectado entre s&iacute; por los misteriosos conductos del tiempo, mirando dentro del cual se siente mucho fr&iacute;o y mucho miedo. Como ha comprendido Austerlitz, que mire adonde mire s&oacute;lo ve signos de muerte a su alrededor, la conciencia de que todo est&aacute; relacionado con todo, de que nada deja de suceder de manera definitiva, de que al final la vida se reduce a un punto ciego sin duraci&oacute;n, &uacute;nicamente puede conducir a la m&aacute;s estricta desesperaci&oacute;n.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/230/austerlitz-el-ms-desamparado-de-los-hombres">Austerlitz, el más desamparado de los hombres</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				March 26, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/230/austerlitz-el-ms-desamparado-de-los-hombres">Comentarios (2)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><strong><span><span style="font-size: small; "></span></span></strong></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hay, al menos que yo sepa, pocos intentos por conseguir que la gran literatura europea ocupe el lugar que debe ocupar m&aacute;s logrados que el de W. G. Sebald (1944-2001), lejos de la estrechez de miras, de la pobreza intelectual y de la espantosa, predominante vulgaridad que por todos los medios, en especial audiovisuales, nos llegan sin parar del otro lado del oc&eacute;ano, si es que existe alguno. Me refiero al lugar que nunca debi&oacute; abandonar, del que nunca debi&oacute; permitir que la expulsaran. En Europa, donde las cosas jam&aacute;s se han reducido a un mero negocio entre partes, la gran literatura tiene siempre car&aacute;cter fundacional en el sentido de que se dirige directamente a las ra&iacute;ces mismas de la realidad, sea para afirmarlas, rechazarlas, ridiculizarlas o transformarlas, lo que quiere decir, entre otras cosas, que nunca le ha bastado con narrar una historia cualquiera que ya vendr&aacute; luego la industria a apoyarla. Pienso que no. Por lo com&uacute;n, en Europa los grandes escritores tratan ni m&aacute;s ni menos que de encontrar la forma del mundo que han conocido, en lo cual no se diferencian demasiado de los fil&oacute;sofos. Nada que ver con el ej&eacute;rcito de editores, cr&iacute;ticos, traductores, profesores, periodistas y promotores de negocios en general que intentan darnos gato por liebre y hacen pasar a perfectos segundones por verdaderos genios del tipo de Shakespeare y Proust. Incluso cuando se lee a uno de los m&aacute;s celebrados en la actualidad, Raymond Carver, uno se encoge de hombros y piensa: Est&aacute; bien, pero &iquest;es todo lo que puedes hacer? &iquest;No hay m&aacute;s? &iquest;Ya has llegado al l&iacute;mite de tus capacidades? Con esto quiero decir que, en mi opini&oacute;n, ya es hora de que en Europa nos demos cuenta de que tenemos a nuestra disposici&oacute;n un magn&iacute;fico repertorio de obras e ideas, porque, de hecho, de Europa ha salido la mayor parte de las obras e ideas que m&aacute;s merecen la pena, tanto en literatura como en filosof&iacute;a. En el pensamiento genial, una anda con frecuencia muy cerca de la otra. Es posible, lo admito, que con ellas, y sobre todo con la filosof&iacute;a, hayamos pretendido ir demasiado lejos, pero pienso que en el camino hemos logrado grandes cosas. Y esta realidad, que sobre todo desde la segunda mitad del siglo XX parece estar de capa ca&iacute;da, se presenta de nuevo ante los lectores de verdad en la obra de Sebald, la melancol&iacute;a absoluta con que la literatura inaugura una &eacute;poca llena de esperanza y promesas. Como un mago en una funci&oacute;n de circo, Sebald se las compone para que la atenci&oacute;n del lector est&eacute; pendiente de &eacute;l y nada m&aacute;s que de &eacute;l. Pero, a diferencia del n&uacute;mero del mago, su finalidad no es el puro entretenimiento, sino que el tremendo poder de hipnotismo de Sebald es el hipnotismo de la historia y su desgracia. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">Estoy de acuerdo con Harold Bloom: en el futuro ser&aacute; muy dif&iacute;cil hablar de grandes corrientes literarias y los lectores tendr&aacute;n que acudir a los escritores considerados en sentido individual, aprendiendo a distinguir entre ellos. Ya no hay recetas, y el mundo es bastante m&aacute;s complicado que en el siglo XIX, el siglo de la novela. Ahora bien, esto no es necesariamente negativo. Es verdad que un lector de hoy halla m&aacute;s dificultades a la hora de elegir y que los libros flotan dispersos en un mar ingobernable, pero cuando lo hace y acierta, cuando ese milagro ocurre, la uni&oacute;n tambi&eacute;n es m&aacute;s s&oacute;lida que antes, es decir, m&aacute;s personal. Al no haber corrientes de por medio, lo que hay es el encuentro de dos intimidades desnudas. Y esto es justamente lo que sucede con Jacques Austerlitz, que se planta ah&iacute;, delante de nosotros, y nos pide ayuda para vencer su desesperada soledad. <span>&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;</span></span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">Porque, en efecto, Austerlitz, el europeo errante, el eterno caminante siempre con la mochila a la espalda en busca de algo que no va a encontrar, es el m&aacute;s desamparado de los hombres. A lo largo del di&aacute;logo de treinta a&ntilde;os, a veces casual y a veces interrumpido despu&eacute;s de una de sus inexplicables desapariciones, que mantiene con el narrador, con el que se encuentra mientras saca fotograf&iacute;as de la estaci&oacute;n de Amberes y que ser&aacute; como el espejo ante el cual desgrana su vida, nos enteramos de que a Austerlitz le han quitado lo m&aacute;s importante que una persona puede tener en su vida, una infancia en paz rodeada de gente que le ame, y esa carencia ya no hay manera de llenarla. A la edad en que s&oacute;lo tendr&iacute;a que haber recibido el amor de sus padres se encontr&oacute; viajando primero en el tren y despu&eacute;s en el barco que le pondr&iacute;an a salvo del avance de las tropas alemanas, en Gales, con otros muchos ni&ntilde;os jud&iacute;os de Praga, de manera que a los cuatro a&ntilde;os sus principales y &uacute;nicos puntos de referencia en el mundo desaparecen por completo. Desde ese momento, en un proceso tal vez no del todo involuntario con el que intenta sobrevivir adapt&aacute;ndose a las circunstancias, lo que nunca es gratuito y por lo general tiene efectos destructores sobre las personas, Austerlitz comienza a olvidarlo todo: a su padre, Maximilian, socialista desaparecido en los Pirineos; a su madre, Ag&aacute;ta, actriz deportada en primer lugar al gueto de Terez&iacute;n con otras sesenta mil personas y luego a alg&uacute;n lugar a mil kil&oacute;metros al este, donde su pista se pierde para siempre; a Vera, su ni&ntilde;era, que al no ser jud&iacute;a salva la vida; olvida su idioma natal, el checo, las calles de Praga y los paisajes de Bohemia, y es llevado a vivir con un matrimonio viejo y triste en cuya casa no encuentra un &aacute;pice de felicidad. La historia, en fin, ha ca&iacute;do con todo su peso sobre &eacute;l y lo &uacute;nico que puede hacer es dar brazadas a la desesperada para que no se lo lleve por el desag&uuml;e. Austerlitz, al que se ha despojado de todo, es por largos a&ntilde;os el hombre sin pasado que por no tener no tiene ni un nombre de verdad, porque el suyo s&oacute;lo lo aprende mucho tiempo despu&eacute;s, en el internado al que se va a vivir cuando la mujer muere y el hombre enloquece sin remedio. Pero Jacques Austerlitz no es un nombre checo, al menos no uno muy usual, y adem&aacute;s su padre se apellidaba Aychenwald, de modo que sobre &eacute;l siempre planea la duda de qui&eacute;n es en realidad. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">Claro que, sea en el nivel que sea, los recuerdos perviven para decirnos que lo que hemos vivido no desaparece del todo jam&aacute;s, y as&iacute;, durante a&ntilde;os, Austerlitz, neur&oacute;tico hasta el paroxismo, sufre atroces ataques de p&aacute;nico, v&eacute;rtigo y malestar y un extra&ntilde;amiento tan profundo que comprende que nunca podr&aacute; mantener relaciones duraderas de ning&uacute;n tipo con nadie. Sus continuos viajes, con los que en realidad se aleja de s&iacute; mismo, no consiguen m&aacute;s que acentuar su progresiva p&eacute;rdida de identidad, su desvanecimiento en la nada del tiempo. No conoce la causa de su tormento; lo que s&iacute; sabe es que no tendr&aacute; un solo instante de paz mientras viva. Y, ya que no de alcanzar &eacute;sta, por lo menos s&iacute; est&aacute; en condiciones de investigar la primera el d&iacute;a en que por casualidad, en una librer&iacute;a de viejo cerca del Museo Brit&aacute;nico, escucha en la radio a dos mujeres hablar del barco, el <em>Prague</em>, en que llegaron a Inglaterra en el verano de 1939. Ese nombre, <em>Prague</em>, desencadena una tormenta en su cabeza. Poco a poco se da cuenta de que la historia de esas dos mujeres es su propia historia, y la necesidad de viajar a esa ciudad se le vuelve imperiosa. All&iacute;, en un archivo salido de una pesadilla de Kafka, su porvenir comienza a aclararse un poco: resulta que Vera todav&iacute;a vive, y es ella la que en largas conversaciones le proporciona las claves de su propia existencia. Pero s&oacute;lo las claves, lo que quiere decir que en adelante sabr&aacute; por qu&eacute; es un extra&ntilde;o entre los hombres, siempre solo y siempre triste, y de ah&iacute; no pasar&aacute;. Las palabras de Vera no constituyen un sortilegio a partir del cual la vida de Austerlitz mejora, sino tan s&oacute;lo el conocimiento exacto del origen de su desolaci&oacute;n.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">Pero no olvidemos que <em>Austerlitz</em> es, ante todo, una novela; es decir, una obra de arte; es decir, forma. El desvelamiento de la vida de Austerlitz, que es tambi&eacute;n la de innumerables europeos en los a&ntilde;os treinta y cuarenta del siglo pasado, no es lineal, no ocurre de una sola vez, de golpe, sino en el transcurso de casi trescientas p&aacute;ginas sin cap&iacute;tulos ni puntos y aparte, en estilo indirecto, llenas de dibujos y fotograf&iacute;as, que uno, hechizado por una lenta prosa de soberbia elegancia, devora con el &aacute;nimo encogido por la certeza de que todo, lo grande y lo peque&ntilde;o, lo fundamental y lo intrascendente, lo real y lo imaginado, lo personal y lo general, los vivos y los muertos, lo pasado y lo presente, est&aacute; conectado entre s&iacute; por los misteriosos conductos del tiempo, mirando dentro del cual se siente mucho fr&iacute;o y mucho miedo. Como ha comprendido Austerlitz, que mire adonde mire s&oacute;lo ve signos de muerte a su alrededor, la conciencia de que todo est&aacute; relacionado con todo, de que nada deja de suceder de manera definitiva, de que al final la vida se reduce a un punto ciego sin duraci&oacute;n, &uacute;nicamente puede conducir a la m&aacute;s estricta desesperaci&oacute;n.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

<div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/IvanVergara">Ivan Vergara</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/IvanVergara">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/IvanVergara/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/IvanVergara/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/IvanVergara/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/IvanVergara">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/IvanVergara">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/IvanVergara">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/IvanVergara">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/IvanVergara ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/IvanVergara" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Ivan Vergara" title="Ivan Vergara"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Estimado Ubaldo.</p>
<p>Tu extenso post lo encuentro dividido en dos posturas: una que se dirige a hacer una presentaci&oacute;n de la novela: Austerlitz, de W. G. Sebald; y la otra postura postula una actitud cr&iacute;tica hacia la literatura venida del otro lado del oc&eacute;ano.</p>
<p>Y es sobre eso que versar&aacute; mi comentario.</p>
<p>1. No entiendo porque se tiene que comparar la literatura de ambos continentes, ambas son enriquecedores por s&iacute; mismos.</p>
<p>2. No entiendo donde dejas a escritores y poetas como Neruda, Paz, Huidobro, Jorge Luis Borges, o escritores como Fuentes, Bola&ntilde;o, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Cort&aacute;zar, Vargas Llosa, Onetti, S&aacute;bato, Lezama Lima; si tu comentario se refiere a lo que llega de Estados Unidos, d&oacute;nde queda Herman Mellville, Nathaniel Hawthorne, Walt Withman, Emily Dickinson, Tennessee Williams, William Faulkner, Tom Wolfe, Norman Mailer, Allen Ginsberg, J. D. Salinger, Thomas Pynchon, Paul Auster, entre otros.</p>
<p>4. Harold Bloom naci&oacute; en Nueva York.</p>
<p>5. Me gustar&iacute;a seguir la discusi&oacute;n, seguramente hay algo que no pillo, quiz&aacute; podr&iacute;amos continuar dialogando, no lo crees?</p>
<p>Saludos desde Sevilla Ubaldo.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/IvanVergara">Ivan Vergara</a> <acronym title="26 March 2009 @ 11:22am">hace 527 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div --><div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Estimado Iv&aacute;n, por descontado no es una descalificaci&oacute;n en t&eacute;rminos absolutos de toda la literatura procedente de toda Am&eacute;rica. Ya s&eacute; que Harold Bloom es de Nueva York, por ejemplo.&nbsp;Cada vez me gusta menos esa manera de tratar los problemas y no se me ocurrir&iacute;a hacerlo. El post se dirige &uacute;nicamente hacia lo que en mi opini&oacute;n es la literatura predominante en un solo pa&iacute;s de un continente (que, por cierto, toma el todo por la parte y se apropia incluso del nombre), y en ese pa&iacute;s, los Estados Unidos, que vomita diariamente pel&iacute;culas y novelas de un nivel &iacute;nfimo, tienen sin embargo la m&aacute;s poderosa industria existente en el mundo. Basta poner la televisi&oacute;n para comprobarlo. Y uno de los resortes de esa industria es hacer pasar a gente como Carver, que no es nada del otro mundo, como si fuesen de primera fila. Es una invasi&oacute;n cultural de la que pienso que en Europa tenemos que defendernos. En Europa hemos hecho lo mejor y lo peor, pero creo que si uno mira el patrimonio elaborado desde el siglo VI a.C. no hay m&aacute;s remedio que convenir en que ser&iacute;a una l&aacute;stima que se echara a perder. Y justamente eso, y por razones que ser&iacute;a muy largo contar aqu&iacute;, creo que es lo que est&aacute; ocurriendo. En literatura hemos olvidado la existencia del espacio y lo hemos reducido todo a tiempo, a lo que pasa dentro de la cabeza del escritor. Pero el espacio es fundamental, y no es lo mismo una historia en Manhattan que en una aldea de la Sierra de Aracena. Estamos olvidando lo pr&oacute;ximo por obra de una industria estadounidense que se mete hasta el fondo y en Europa&nbsp;queremos ser lo que no somos. En fin, todo esto dicho de una manera muy general.</p>
<p>Si se me permite decirlo, estoy metido&nbsp;en un ensayo, que creo que titular&eacute; El continente neur&oacute;tico, donde espero tratar esto m&aacute;s extensamente.</p>
<p>Por lo dem&aacute;s, soy de Sevilla y tambi&eacute;n vivo aqu&iacute;.</p>
<p>Un saludo.&nbsp;&nbsp;</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> <acronym title="26 March 2009 @ 11:54am">hace 527 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div -->]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/annotation/39/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/73/" published="Thu, 26 Mar 2009 11:22:19 -0600" ><![CDATA[<p>Estimado Ubaldo.</p>
<p>Tu extenso post lo encuentro dividido en dos posturas: una que se dirige a hacer una presentaci&oacute;n de la novela: Austerlitz, de W. G. Sebald; y la otra postura postula una actitud cr&iacute;tica hacia la literatura venida del otro lado del oc&eacute;ano.</p>
<p>Y es sobre eso que versar&aacute; mi comentario.</p>
<p>1. No entiendo porque se tiene que comparar la literatura de ambos continentes, ambas son enriquecedores por s&iacute; mismos.</p>
<p>2. No entiendo donde dejas a escritores y poetas como Neruda, Paz, Huidobro, Jorge Luis Borges, o escritores como Fuentes, Bola&ntilde;o, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Cort&aacute;zar, Vargas Llosa, Onetti, S&aacute;bato, Lezama Lima; si tu comentario se refiere a lo que llega de Estados Unidos, d&oacute;nde queda Herman Mellville, Nathaniel Hawthorne, Walt Withman, Emily Dickinson, Tennessee Williams, William Faulkner, Tom Wolfe, Norman Mailer, Allen Ginsberg, J. D. Salinger, Thomas Pynchon, Paul Auster, entre otros.</p>
<p>4. Harold Bloom naci&oacute; en Nueva York.</p>
<p>5. Me gustar&iacute;a seguir la discusi&oacute;n, seguramente hay algo que no pillo, quiz&aacute; podr&iacute;amos continuar dialogando, no lo crees?</p>
<p>Saludos desde Sevilla Ubaldo.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/annotation/42/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Thu, 26 Mar 2009 11:54:35 -0600" ><![CDATA[<p>Estimado Iv&aacute;n, por descontado no es una descalificaci&oacute;n en t&eacute;rminos absolutos de toda la literatura procedente de toda Am&eacute;rica. Ya s&eacute; que Harold Bloom es de Nueva York, por ejemplo.&nbsp;Cada vez me gusta menos esa manera de tratar los problemas y no se me ocurrir&iacute;a hacerlo. El post se dirige &uacute;nicamente hacia lo que en mi opini&oacute;n es la literatura predominante en un solo pa&iacute;s de un continente (que, por cierto, toma el todo por la parte y se apropia incluso del nombre), y en ese pa&iacute;s, los Estados Unidos, que vomita diariamente pel&iacute;culas y novelas de un nivel &iacute;nfimo, tienen sin embargo la m&aacute;s poderosa industria existente en el mundo. Basta poner la televisi&oacute;n para comprobarlo. Y uno de los resortes de esa industria es hacer pasar a gente como Carver, que no es nada del otro mundo, como si fuesen de primera fila. Es una invasi&oacute;n cultural de la que pienso que en Europa tenemos que defendernos. En Europa hemos hecho lo mejor y lo peor, pero creo que si uno mira el patrimonio elaborado desde el siglo VI a.C. no hay m&aacute;s remedio que convenir en que ser&iacute;a una l&aacute;stima que se echara a perder. Y justamente eso, y por razones que ser&iacute;a muy largo contar aqu&iacute;, creo que es lo que est&aacute; ocurriendo. En literatura hemos olvidado la existencia del espacio y lo hemos reducido todo a tiempo, a lo que pasa dentro de la cabeza del escritor. Pero el espacio es fundamental, y no es lo mismo una historia en Manhattan que en una aldea de la Sierra de Aracena. Estamos olvidando lo pr&oacute;ximo por obra de una industria estadounidense que se mete hasta el fondo y en Europa&nbsp;queremos ser lo que no somos. En fin, todo esto dicho de una manera muy general.</p>
<p>Si se me permite decirlo, estoy metido&nbsp;en un ensayo, que creo que titular&eacute; El continente neur&oacute;tico, donde espero tratar esto m&aacute;s extensamente.</p>
<p>Por lo dem&aacute;s, soy de Sevilla y tambi&eacute;n vivo aqu&iacute;.</p>
<p>Un saludo.&nbsp;&nbsp;</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/metadata/3662/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/230/" name="comments_on" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Thu, 26 Mar 2009 04:47:22 -0600" ><![CDATA[on]]></metadata>
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" class="object" subclass="blog" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="owner_uuid" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="container_uuid" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="site_uuid" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="time_updated" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[1236764818]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="title" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[Sobre una crónica de Joseph Roth]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="description" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De todos los art&iacute;culos escritos entre 1920 y 1933 y reunidos con posterioridad en el volumen titulado <em>Cr&oacute;nicas berlinesas,</em> con seguridad es el &uacute;ltimo, <em>El auto de fe del esp&iacute;ritu,</em> publicado en los <em>Cahiers juifs</em> de Par&iacute;s en 1933, aqu&eacute;l en que el jud&iacute;o Joseph Roth (1894-1939) se muestra m&aacute;s l&uacute;cido y anal&iacute;tico sobre las circunstancias que en esos momentos viv&iacute;a Europa, lo cual hoy en d&iacute;a debe darnos mucho en lo que pensar.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Cuenta Sebald una an&eacute;cdota que, conociendo el desarrollo de las cosas y sabiendo c&oacute;mo acab&oacute; todo, pone los vellos de punta: en 1931 Roth, que est&aacute; de viaje por Sajonia-Anhalt, entra para tomar algo en un mes&oacute;n de Halberstadt; de inmediato comprende que all&iacute; dentro est&aacute; en peligro y que lo mejor que puede hacer para salvar el pellejo es camuflarse con el ambiente, dejando de ser el que verdaderamente es, y pasar lo m&aacute;s inadvertido posible, as&iacute; que pide una cerveza y se sienta a leer el <em>Amtsanzeiger</em>, peri&oacute;dico de extrema derecha de ideas antisemitas y antidemocr&aacute;ticas. Ese gesto tranquiliza a los dem&aacute;s clientes, recelosos con el reci&eacute;n llegado, hasta el punto de que uno de sus vecinos de mesa incluso levanta su cerveza en el aire y brinda por su salud. Roth se bebe la suya y sale de all&iacute; lo antes posible, y m&aacute;s tarde, en una conversaci&oacute;n con unos parientes, les dice que es muy tarde ya y que esas ciudades alemanas se encuentran &ldquo;a cinco minutos del pogromo&rdquo;.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Las funestas ideas del pogromo, de la patria perdida, del exilio, de la exterminaci&oacute;n, del pueblo errante y perseguido est&aacute;n claramente expresadas en esta cr&oacute;nica, cuyo t&iacute;tulo trae a la memoria la quema de libros en </span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;">la Bebelplatz</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;">, frente a la &Oacute;pera Nacional, el 10 de mayo de 1933, con el inquietante a&ntilde;adido de que es una vocaci&oacute;n esencialmente europe&iacute;sta la que cae aplastada bajo el peso de las botas de un ej&eacute;rcito compuesto de cabos embrutecidos. Porque &eacute;sa, la mentalidad de cabo embriagado de poder y soberbia, es la que da el tono exacto a la desgraciada &eacute;poca que comienza. Descorazonado, irritado por la ignominiosa losa de insultos y mentiras que de repente ha ca&iacute;do sobre los jud&iacute;os en todos los &oacute;rdenes, en especial si son alemanes, Roth, al que Berl&iacute;n jam&aacute;s le lleg&oacute; a gustar, comprende que &eacute;l mismo se encuentra en una posici&oacute;n cada d&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil y que no tiene otra salida ante s&iacute; que el exilio en Par&iacute;s, en un mundo que no es el suyo, donde no tarda en morir entre reflujos de alcohol.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un</span>a idea que le domin&oacute; siempre es que con el imperio austroh&uacute;ngaro no es s&oacute;lo una entidad pol&iacute;tica y militar lo que deja de existir para pasar a la historia, sino tambi&eacute;n toda una idea, la de Europa, en la que por lo menos no hab&iacute;a lugar para el estallido de la barbarie en estado puro. En &eacute;l hay una correlaci&oacute;n estricta entre la propia identidad y la pertenencia al imperio, de manera que el fin de uno implica el extrav&iacute;o de la otra. Desolado, pasa revista a muchos de los nombres jud&iacute;os nacidos en Europa y volcados hacia la cultura europea, y no puede aceptar que sus magn&iacute;ficos logros sean ahora enarbolados por quienes, con sus primarios esp&iacute;ritus de cabos salvajes y endemoniados, se consideran a s&iacute; mismos la aut&eacute;ntica encarnaci&oacute;n del europeo y no vacilan a la hora de usurpar toda una tradici&oacute;n. &ldquo;El mundo amenazado y aterrorizado debe darse cuenta de que la intrusi&oacute;n del cabo Hitler en la civilizaci&oacute;n europea no significa solamente el principio de un nuevo cap&iacute;tulo en el terreno del antisemitismo. &iexcl;No! Lo que dicen los incendiarios es cierto, pero en otro sentido: este Tercer Reich es el comienzo de la destrucci&oacute;n&rdquo;, dice. Pero tambi&eacute;n tienen una parte de responsabilidad los jud&iacute;os de los estratos m&aacute;s altos de la sociedad que buscaron una asimilaci&oacute;n imposible, dejando de ser lo que eran y locos por aparentar que son lo que no son. Tambi&eacute;n ellos pusieron su grano de arena para el desencadenamiento del desastre en mitad de una Europa que asiste al definitivo derrumbamiento de su mito, porque la grandeza de Europa puede muy bien no haber sido m&aacute;s que eso, un mito fundamentado en el colonialismo, en su capacidad econ&oacute;mica e industrial y en el indudablemente impresionante repertorio de ideas al que ha dado lugar desde Grecia, de modo que es posible que ahora, en 2009, en medio de una crisis que no es s&oacute;lo financiera y econ&oacute;mica sino tambi&eacute;n de ideas, tengamos nosotros, los europeos, la oportunidad de poner en claro nuestro pasado y nuestra funci&oacute;n en el mundo, tachando lo que haya que tachar, haciendo borr&oacute;n y cuenta nueva cuando sea necesario y elaborando un nuevo modo de pensar para el complicado mundo que se nos viene encima y que no ser&aacute; el que hemos conocido hasta ahora.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Por eso pienso que la lectura de Roth, y en particular la de esta cr&oacute;nica, es una buena ocasi&oacute;n para recordar lo m&aacute;s negro de Europa, un continente desplazado de s&iacute; mismo, y para vislumbrar por d&oacute;nde hemos de ir en el futuro en lo que nos es m&aacute;s propio, es decir, en el terreno de las ideas. <span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;</span></span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/159/sobre-una-crnica-de-joseph-roth">Sobre una crónica de Joseph Roth</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				March 11, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/159/sobre-una-crnica-de-joseph-roth">Comentarios (2)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De todos los art&iacute;culos escritos entre 1920 y 1933 y reunidos con posterioridad en el volumen titulado <em>Cr&oacute;nicas berlinesas,</em> con seguridad es el &uacute;ltimo, <em>El auto de fe del esp&iacute;ritu,</em> publicado en los <em>Cahiers juifs</em> de Par&iacute;s en 1933, aqu&eacute;l en que el jud&iacute;o Joseph Roth (1894-1939) se muestra m&aacute;s l&uacute;cido y anal&iacute;tico sobre las circunstancias que en esos momentos viv&iacute;a Europa, lo cual hoy en d&iacute;a debe darnos mucho en lo que pensar.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Cuenta Sebald una an&eacute;cdota que, conociendo el desarrollo de las cosas y sabiendo c&oacute;mo acab&oacute; todo, pone los vellos de punta: en 1931 Roth, que est&aacute; de viaje por Sajonia-Anhalt, entra para tomar algo en un mes&oacute;n de Halberstadt; de inmediato comprende que all&iacute; dentro est&aacute; en peligro y que lo mejor que puede hacer para salvar el pellejo es camuflarse con el ambiente, dejando de ser el que verdaderamente es, y pasar lo m&aacute;s inadvertido posible, as&iacute; que pide una cerveza y se sienta a leer el <em>Amtsanzeiger</em>, peri&oacute;dico de extrema derecha de ideas antisemitas y antidemocr&aacute;ticas. Ese gesto tranquiliza a los dem&aacute;s clientes, recelosos con el reci&eacute;n llegado, hasta el punto de que uno de sus vecinos de mesa incluso levanta su cerveza en el aire y brinda por su salud. Roth se bebe la suya y sale de all&iacute; lo antes posible, y m&aacute;s tarde, en una conversaci&oacute;n con unos parientes, les dice que es muy tarde ya y que esas ciudades alemanas se encuentran &ldquo;a cinco minutos del pogromo&rdquo;.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Las funestas ideas del pogromo, de la patria perdida, del exilio, de la exterminaci&oacute;n, del pueblo errante y perseguido est&aacute;n claramente expresadas en esta cr&oacute;nica, cuyo t&iacute;tulo trae a la memoria la quema de libros en </span><span>la Bebelplatz</span><span>, frente a la &Oacute;pera Nacional, el 10 de mayo de 1933, con el inquietante a&ntilde;adido de que es una vocaci&oacute;n esencialmente europe&iacute;sta la que cae aplastada bajo el peso de las botas de un ej&eacute;rcito compuesto de cabos embrutecidos. Porque &eacute;sa, la mentalidad de cabo embriagado de poder y soberbia, es la que da el tono exacto a la desgraciada &eacute;poca que comienza. Descorazonado, irritado por la ignominiosa losa de insultos y mentiras que de repente ha ca&iacute;do sobre los jud&iacute;os en todos los &oacute;rdenes, en especial si son alemanes, Roth, al que Berl&iacute;n jam&aacute;s le lleg&oacute; a gustar, comprende que &eacute;l mismo se encuentra en una posici&oacute;n cada d&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil y que no tiene otra salida ante s&iacute; que el exilio en Par&iacute;s, en un mundo que no es el suyo, donde no tarda en morir entre reflujos de alcohol.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un</span>a idea que le domin&oacute; siempre es que con el imperio austroh&uacute;ngaro no es s&oacute;lo una entidad pol&iacute;tica y militar lo que deja de existir para pasar a la historia, sino tambi&eacute;n toda una idea, la de Europa, en la que por lo menos no hab&iacute;a lugar para el estallido de la barbarie en estado puro. En &eacute;l hay una correlaci&oacute;n estricta entre la propia identidad y la pertenencia al imperio, de manera que el fin de uno implica el extrav&iacute;o de la otra. Desolado, pasa revista a muchos de los nombres jud&iacute;os nacidos en Europa y volcados hacia la cultura europea, y no puede aceptar que sus magn&iacute;ficos logros sean ahora enarbolados por quienes, con sus primarios esp&iacute;ritus de cabos salvajes y endemoniados, se consideran a s&iacute; mismos la aut&eacute;ntica encarnaci&oacute;n del europeo y no vacilan a la hora de usurpar toda una tradici&oacute;n. &ldquo;El mundo amenazado y aterrorizado debe darse cuenta de que la intrusi&oacute;n del cabo Hitler en la civilizaci&oacute;n europea no significa solamente el principio de un nuevo cap&iacute;tulo en el terreno del antisemitismo. &iexcl;No! Lo que dicen los incendiarios es cierto, pero en otro sentido: este Tercer Reich es el comienzo de la destrucci&oacute;n&rdquo;, dice. Pero tambi&eacute;n tienen una parte de responsabilidad los jud&iacute;os de los estratos m&aacute;s altos de la sociedad que buscaron una asimilaci&oacute;n imposible, dejando de ser lo que eran y locos por aparentar que son lo que no son. Tambi&eacute;n ellos pusieron su grano de arena para el desencadenamiento del desastre en mitad de una Europa que asiste al definitivo derrumbamiento de su mito, porque la grandeza de Europa puede muy bien no haber sido m&aacute;s que eso, un mito fundamentado en el colonialismo, en su capacidad econ&oacute;mica e industrial y en el indudablemente impresionante repertorio de ideas al que ha dado lugar desde Grecia, de modo que es posible que ahora, en 2009, en medio de una crisis que no es s&oacute;lo financiera y econ&oacute;mica sino tambi&eacute;n de ideas, tengamos nosotros, los europeos, la oportunidad de poner en claro nuestro pasado y nuestra funci&oacute;n en el mundo, tachando lo que haya que tachar, haciendo borr&oacute;n y cuenta nueva cuando sea necesario y elaborando un nuevo modo de pensar para el complicado mundo que se nos viene encima y que no ser&aacute; el que hemos conocido hasta ahora.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Por eso pienso que la lectura de Roth, y en particular la de esta cr&oacute;nica, es una buena ocasi&oacute;n para recordar lo m&aacute;s negro de Europa, un continente desplazado de s&iacute; mismo, y para vislumbrar por d&oacute;nde hemos de ir en el futuro en lo que nos es m&aacute;s propio, es decir, en el terreno de las ideas. <span>&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;</span></span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

<div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/anadal/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/anadal/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/anadal/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/anadal">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/anadal">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/anadal">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/anadal">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/anadal ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/profile/icondirect.php?lastcache=1235304114&username=anadal&joindate=1222640539&guid=2&size=small" border="0"  alt="Andr&eacute;s Nadal" title="Andr&eacute;s Nadal"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Tengo que confesar que no he le&iacute;do nada del se&ntilde;or Roth. Espero que te de una comisi&oacute;n por ganar un lector para &eacute;l.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a> <acronym title="13 March 2009 @ 5:28am">hace 541 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div --><div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Escribi&oacute; mucho. Yo no lo he le&iacute;do todo, pero casi. Tiene cosas mejores y peores, pero sobre todo una inmensa nostalgia por la Europa perdida, como Zweig, M&aacute;rai y otros que tuvieron que emigrar y acabaron suicid&aacute;ndose en California o en Brasil.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> <acronym title="13 March 2009 @ 5:40am">hace 541 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div -->]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/annotation/23/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/2/" published="Fri, 13 Mar 2009 05:28:52 -0600" ><![CDATA[<p>Tengo que confesar que no he le&iacute;do nada del se&ntilde;or Roth. Espero que te de una comisi&oacute;n por ganar un lector para &eacute;l.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/annotation/24/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Fri, 13 Mar 2009 05:40:08 -0600" ><![CDATA[<p>Escribi&oacute; mucho. Yo no lo he le&iacute;do todo, pero casi. Tiene cosas mejores y peores, pero sobre todo una inmensa nostalgia por la Europa perdida, como Zweig, M&aacute;rai y otros que tuvieron que emigrar y acabaron suicid&aacute;ndose en California o en Brasil.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/metadata/1049/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="tags" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" />
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" class="object" subclass="blog" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="owner_uuid" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="container_uuid" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="site_uuid" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="time_updated" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[1236764818]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="title" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[Sobre una crónica de Joseph Roth]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="description" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De todos los art&iacute;culos escritos entre 1920 y 1933 y reunidos con posterioridad en el volumen titulado <em>Cr&oacute;nicas berlinesas,</em> con seguridad es el &uacute;ltimo, <em>El auto de fe del esp&iacute;ritu,</em> publicado en los <em>Cahiers juifs</em> de Par&iacute;s en 1933, aqu&eacute;l en que el jud&iacute;o Joseph Roth (1894-1939) se muestra m&aacute;s l&uacute;cido y anal&iacute;tico sobre las circunstancias que en esos momentos viv&iacute;a Europa, lo cual hoy en d&iacute;a debe darnos mucho en lo que pensar.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Cuenta Sebald una an&eacute;cdota que, conociendo el desarrollo de las cosas y sabiendo c&oacute;mo acab&oacute; todo, pone los vellos de punta: en 1931 Roth, que est&aacute; de viaje por Sajonia-Anhalt, entra para tomar algo en un mes&oacute;n de Halberstadt; de inmediato comprende que all&iacute; dentro est&aacute; en peligro y que lo mejor que puede hacer para salvar el pellejo es camuflarse con el ambiente, dejando de ser el que verdaderamente es, y pasar lo m&aacute;s inadvertido posible, as&iacute; que pide una cerveza y se sienta a leer el <em>Amtsanzeiger</em>, peri&oacute;dico de extrema derecha de ideas antisemitas y antidemocr&aacute;ticas. Ese gesto tranquiliza a los dem&aacute;s clientes, recelosos con el reci&eacute;n llegado, hasta el punto de que uno de sus vecinos de mesa incluso levanta su cerveza en el aire y brinda por su salud. Roth se bebe la suya y sale de all&iacute; lo antes posible, y m&aacute;s tarde, en una conversaci&oacute;n con unos parientes, les dice que es muy tarde ya y que esas ciudades alemanas se encuentran &ldquo;a cinco minutos del pogromo&rdquo;.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Las funestas ideas del pogromo, de la patria perdida, del exilio, de la exterminaci&oacute;n, del pueblo errante y perseguido est&aacute;n claramente expresadas en esta cr&oacute;nica, cuyo t&iacute;tulo trae a la memoria la quema de libros en </span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;">la Bebelplatz</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;">, frente a la &Oacute;pera Nacional, el 10 de mayo de 1933, con el inquietante a&ntilde;adido de que es una vocaci&oacute;n esencialmente europe&iacute;sta la que cae aplastada bajo el peso de las botas de un ej&eacute;rcito compuesto de cabos embrutecidos. Porque &eacute;sa, la mentalidad de cabo embriagado de poder y soberbia, es la que da el tono exacto a la desgraciada &eacute;poca que comienza. Descorazonado, irritado por la ignominiosa losa de insultos y mentiras que de repente ha ca&iacute;do sobre los jud&iacute;os en todos los &oacute;rdenes, en especial si son alemanes, Roth, al que Berl&iacute;n jam&aacute;s le lleg&oacute; a gustar, comprende que &eacute;l mismo se encuentra en una posici&oacute;n cada d&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil y que no tiene otra salida ante s&iacute; que el exilio en Par&iacute;s, en un mundo que no es el suyo, donde no tarda en morir entre reflujos de alcohol.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un</span>a idea que le domin&oacute; siempre es que con el imperio austroh&uacute;ngaro no es s&oacute;lo una entidad pol&iacute;tica y militar lo que deja de existir para pasar a la historia, sino tambi&eacute;n toda una idea, la de Europa, en la que por lo menos no hab&iacute;a lugar para el estallido de la barbarie en estado puro. En &eacute;l hay una correlaci&oacute;n estricta entre la propia identidad y la pertenencia al imperio, de manera que el fin de uno implica el extrav&iacute;o de la otra. Desolado, pasa revista a muchos de los nombres jud&iacute;os nacidos en Europa y volcados hacia la cultura europea, y no puede aceptar que sus magn&iacute;ficos logros sean ahora enarbolados por quienes, con sus primarios esp&iacute;ritus de cabos salvajes y endemoniados, se consideran a s&iacute; mismos la aut&eacute;ntica encarnaci&oacute;n del europeo y no vacilan a la hora de usurpar toda una tradici&oacute;n. &ldquo;El mundo amenazado y aterrorizado debe darse cuenta de que la intrusi&oacute;n del cabo Hitler en la civilizaci&oacute;n europea no significa solamente el principio de un nuevo cap&iacute;tulo en el terreno del antisemitismo. &iexcl;No! Lo que dicen los incendiarios es cierto, pero en otro sentido: este Tercer Reich es el comienzo de la destrucci&oacute;n&rdquo;, dice. Pero tambi&eacute;n tienen una parte de responsabilidad los jud&iacute;os de los estratos m&aacute;s altos de la sociedad que buscaron una asimilaci&oacute;n imposible, dejando de ser lo que eran y locos por aparentar que son lo que no son. Tambi&eacute;n ellos pusieron su grano de arena para el desencadenamiento del desastre en mitad de una Europa que asiste al definitivo derrumbamiento de su mito, porque la grandeza de Europa puede muy bien no haber sido m&aacute;s que eso, un mito fundamentado en el colonialismo, en su capacidad econ&oacute;mica e industrial y en el indudablemente impresionante repertorio de ideas al que ha dado lugar desde Grecia, de modo que es posible que ahora, en 2009, en medio de una crisis que no es s&oacute;lo financiera y econ&oacute;mica sino tambi&eacute;n de ideas, tengamos nosotros, los europeos, la oportunidad de poner en claro nuestro pasado y nuestra funci&oacute;n en el mundo, tachando lo que haya que tachar, haciendo borr&oacute;n y cuenta nueva cuando sea necesario y elaborando un nuevo modo de pensar para el complicado mundo que se nos viene encima y que no ser&aacute; el que hemos conocido hasta ahora.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;"><span style="font-size: small;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Por eso pienso que la lectura de Roth, y en particular la de esta cr&oacute;nica, es una buena ocasi&oacute;n para recordar lo m&aacute;s negro de Europa, un continente desplazado de s&iacute; mismo, y para vislumbrar por d&oacute;nde hemos de ir en el futuro en lo que nos es m&aacute;s propio, es decir, en el terreno de las ideas. <span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;</span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp;</span></span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/159/sobre-una-crnica-de-joseph-roth">Sobre una crónica de Joseph Roth</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				March 11, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/159/sobre-una-crnica-de-joseph-roth">Comentarios (2)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De todos los art&iacute;culos escritos entre 1920 y 1933 y reunidos con posterioridad en el volumen titulado <em>Cr&oacute;nicas berlinesas,</em> con seguridad es el &uacute;ltimo, <em>El auto de fe del esp&iacute;ritu,</em> publicado en los <em>Cahiers juifs</em> de Par&iacute;s en 1933, aqu&eacute;l en que el jud&iacute;o Joseph Roth (1894-1939) se muestra m&aacute;s l&uacute;cido y anal&iacute;tico sobre las circunstancias que en esos momentos viv&iacute;a Europa, lo cual hoy en d&iacute;a debe darnos mucho en lo que pensar.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Cuenta Sebald una an&eacute;cdota que, conociendo el desarrollo de las cosas y sabiendo c&oacute;mo acab&oacute; todo, pone los vellos de punta: en 1931 Roth, que est&aacute; de viaje por Sajonia-Anhalt, entra para tomar algo en un mes&oacute;n de Halberstadt; de inmediato comprende que all&iacute; dentro est&aacute; en peligro y que lo mejor que puede hacer para salvar el pellejo es camuflarse con el ambiente, dejando de ser el que verdaderamente es, y pasar lo m&aacute;s inadvertido posible, as&iacute; que pide una cerveza y se sienta a leer el <em>Amtsanzeiger</em>, peri&oacute;dico de extrema derecha de ideas antisemitas y antidemocr&aacute;ticas. Ese gesto tranquiliza a los dem&aacute;s clientes, recelosos con el reci&eacute;n llegado, hasta el punto de que uno de sus vecinos de mesa incluso levanta su cerveza en el aire y brinda por su salud. Roth se bebe la suya y sale de all&iacute; lo antes posible, y m&aacute;s tarde, en una conversaci&oacute;n con unos parientes, les dice que es muy tarde ya y que esas ciudades alemanas se encuentran &ldquo;a cinco minutos del pogromo&rdquo;.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Las funestas ideas del pogromo, de la patria perdida, del exilio, de la exterminaci&oacute;n, del pueblo errante y perseguido est&aacute;n claramente expresadas en esta cr&oacute;nica, cuyo t&iacute;tulo trae a la memoria la quema de libros en </span><span>la Bebelplatz</span><span>, frente a la &Oacute;pera Nacional, el 10 de mayo de 1933, con el inquietante a&ntilde;adido de que es una vocaci&oacute;n esencialmente europe&iacute;sta la que cae aplastada bajo el peso de las botas de un ej&eacute;rcito compuesto de cabos embrutecidos. Porque &eacute;sa, la mentalidad de cabo embriagado de poder y soberbia, es la que da el tono exacto a la desgraciada &eacute;poca que comienza. Descorazonado, irritado por la ignominiosa losa de insultos y mentiras que de repente ha ca&iacute;do sobre los jud&iacute;os en todos los &oacute;rdenes, en especial si son alemanes, Roth, al que Berl&iacute;n jam&aacute;s le lleg&oacute; a gustar, comprende que &eacute;l mismo se encuentra en una posici&oacute;n cada d&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil y que no tiene otra salida ante s&iacute; que el exilio en Par&iacute;s, en un mundo que no es el suyo, donde no tarda en morir entre reflujos de alcohol.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un</span>a idea que le domin&oacute; siempre es que con el imperio austroh&uacute;ngaro no es s&oacute;lo una entidad pol&iacute;tica y militar lo que deja de existir para pasar a la historia, sino tambi&eacute;n toda una idea, la de Europa, en la que por lo menos no hab&iacute;a lugar para el estallido de la barbarie en estado puro. En &eacute;l hay una correlaci&oacute;n estricta entre la propia identidad y la pertenencia al imperio, de manera que el fin de uno implica el extrav&iacute;o de la otra. Desolado, pasa revista a muchos de los nombres jud&iacute;os nacidos en Europa y volcados hacia la cultura europea, y no puede aceptar que sus magn&iacute;ficos logros sean ahora enarbolados por quienes, con sus primarios esp&iacute;ritus de cabos salvajes y endemoniados, se consideran a s&iacute; mismos la aut&eacute;ntica encarnaci&oacute;n del europeo y no vacilan a la hora de usurpar toda una tradici&oacute;n. &ldquo;El mundo amenazado y aterrorizado debe darse cuenta de que la intrusi&oacute;n del cabo Hitler en la civilizaci&oacute;n europea no significa solamente el principio de un nuevo cap&iacute;tulo en el terreno del antisemitismo. &iexcl;No! Lo que dicen los incendiarios es cierto, pero en otro sentido: este Tercer Reich es el comienzo de la destrucci&oacute;n&rdquo;, dice. Pero tambi&eacute;n tienen una parte de responsabilidad los jud&iacute;os de los estratos m&aacute;s altos de la sociedad que buscaron una asimilaci&oacute;n imposible, dejando de ser lo que eran y locos por aparentar que son lo que no son. Tambi&eacute;n ellos pusieron su grano de arena para el desencadenamiento del desastre en mitad de una Europa que asiste al definitivo derrumbamiento de su mito, porque la grandeza de Europa puede muy bien no haber sido m&aacute;s que eso, un mito fundamentado en el colonialismo, en su capacidad econ&oacute;mica e industrial y en el indudablemente impresionante repertorio de ideas al que ha dado lugar desde Grecia, de modo que es posible que ahora, en 2009, en medio de una crisis que no es s&oacute;lo financiera y econ&oacute;mica sino tambi&eacute;n de ideas, tengamos nosotros, los europeos, la oportunidad de poner en claro nuestro pasado y nuestra funci&oacute;n en el mundo, tachando lo que haya que tachar, haciendo borr&oacute;n y cuenta nueva cuando sea necesario y elaborando un nuevo modo de pensar para el complicado mundo que se nos viene encima y que no ser&aacute; el que hemos conocido hasta ahora.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span>Por eso pienso que la lectura de Roth, y en particular la de esta cr&oacute;nica, es una buena ocasi&oacute;n para recordar lo m&aacute;s negro de Europa, un continente desplazado de s&iacute; mismo, y para vislumbrar por d&oacute;nde hemos de ir en el futuro en lo que nos es m&aacute;s propio, es decir, en el terreno de las ideas. <span>&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;</span></span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

<div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/anadal/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/anadal/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/anadal/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/anadal">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/anadal">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/anadal">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/anadal">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/anadal ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/profile/icondirect.php?lastcache=1235304114&username=anadal&joindate=1222640539&guid=2&size=small" border="0"  alt="Andr&eacute;s Nadal" title="Andr&eacute;s Nadal"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Tengo que confesar que no he le&iacute;do nada del se&ntilde;or Roth. Espero que te de una comisi&oacute;n por ganar un lector para &eacute;l.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a> <acronym title="13 March 2009 @ 5:28am">hace 541 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div --><div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaultsmall.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>Escribi&oacute; mucho. Yo no lo he le&iacute;do todo, pero casi. Tiene cosas mejores y peores, pero sobre todo una inmensa nostalgia por la Europa perdida, como Zweig, M&aacute;rai y otros que tuvieron que emigrar y acabaron suicid&aacute;ndose en California o en Brasil.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> <acronym title="13 March 2009 @ 5:40am">hace 541 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div -->]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/annotation/23/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/2/" published="Fri, 13 Mar 2009 05:28:52 -0600" ><![CDATA[<p>Tengo que confesar que no he le&iacute;do nada del se&ntilde;or Roth. Espero que te de una comisi&oacute;n por ganar un lector para &eacute;l.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/annotation/24/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Fri, 13 Mar 2009 05:40:08 -0600" ><![CDATA[<p>Escribi&oacute; mucho. Yo no lo he le&iacute;do todo, pero casi. Tiene cosas mejores y peores, pero sobre todo una inmensa nostalgia por la Europa perdida, como Zweig, M&aacute;rai y otros que tuvieron que emigrar y acabaron suicid&aacute;ndose en California o en Brasil.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/metadata/1049/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/159/" name="tags" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Wed, 11 Mar 2009 03:46:58 -0600" />
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" class="object" subclass="blog" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="owner_uuid" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="container_uuid" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="site_uuid" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="time_updated" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[1236080191]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="title" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[LAS MEMORIAS DE MONTPARNASSE, DE JOHN GLASSCO]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="description" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><strong><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;"></span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><strong><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;"></span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Leo estos d&iacute;as las <em>Memorias de Montparnasse</em>, que narran acontecimientos ocurridos en 1928, cuando el autor, con dieciocho a&ntilde;os, abandona la ciudad de Montreal de una manera m&aacute;s bien llamativa y se va a vivir con una asignaci&oacute;n mensual de su padre al centro del mundo. Leo sus recuerdos llenos de vida y se me viene a la cabeza que tambi&eacute;n yo, hace ya trece a&ntilde;os, estudiante de franc&eacute;s, corr&iacute; por el bulevar Raspail, tom&eacute; caf&eacute; en las terrazas del Select y de </span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">La Coupole</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">, vol&eacute; por los t&uacute;neles del metro hasta salir por la estaci&oacute;n de Edgar Quinet, di vueltas por el cementerio donde est&aacute;n enterrados Man Ray y Tristan Tzara y com&iacute; en el restaurante universitario de la rue Assas, donde uno se pod&iacute;a hartar por lo menos de ensalada. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Claro que por aquel tiempo yo no ten&iacute;a ni la m&aacute;s remota idea de lo que Montparnasse en particular ni Par&iacute;s en general hab&iacute;an significado para el arte del siglo XX, m&aacute;s all&aacute; de unas pocas nociones de lo m&aacute;s vagas, ni hab&iacute;a o&iacute;do hablar de toda esa gente que despu&eacute;s de </span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">la Gran</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"> Guerra</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"> abandon&oacute; sus pa&iacute;ses con lo puesto porque comprendi&oacute; que en ellos no ten&iacute;a nada que hacer y se fue a vivir a aquel barrio que, ahora me doy cuenta, m&aacute;s que un barrio era todo un universo. Glassco es uno de ellos, aunque de los &uacute;ltimos. En cierto modo, llega tarde. Ya el simple comienzo del libro nos da una idea de lo que busca y lo que deja atr&aacute;s: &ldquo;Invierno en Montreal, 1927. La vida de estudiante en </span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">la Universidad</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"> McGill</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"> me ha deprimido hasta el punto de no poder continuar con ella. No estaba aprendiendo nada; el plan de estudios estaba previsto como mucho para que me convirtiera en un profesor destinado a dirigir a otros en su debido momento por la misma senda de hechos sin vida. S&oacute;lo ten&iacute;a diecisiete a&ntilde;os y me dominaba la sensaci&oacute;n de que estaba echando a perder mi tiempo y mi juventud&rdquo;. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">El remedio: irse a Montparnasse. Ni siquiera a Par&iacute;s, sino a Montparnasse. Qu&eacute; lugar tan fascinante. Uno est&aacute; tentado de creer que el encanto de las &eacute;pocas pasadas s&oacute;lo es obra de los a&ntilde;os y las mentiras, lo cree porque mira a su alrededor y casi todo es peque&ntilde;o y aburrido y da por hecho que las cosas siempre han sido as&iacute;, y luego aprende de qu&eacute; iba en realidad aquello y comprende que hay momentos y lugares en la historia m&aacute;s all&aacute; de las razones pr&aacute;cticas de cada d&iacute;a, desbordantes de vida y plenitud, y que a la cabeza de todos ellos se encontraba Montparnasse al menos mientras la otra crisis, la del jueves negro de 1929, no hab&iacute;a estallado todav&iacute;a. Entonces la realidad se le presenta a uno con caracteres todav&iacute;a m&aacute;s vulgares de lo que supon&iacute;a, aunque ya no existe ni el consuelo de poder marchar a Montparnasse y lo que vemos es todo lo que hay. Y Glassco lo presiente desde la lejana Montreal, intuye que all&iacute; est&aacute; la aut&eacute;ntica vida as&iacute; que se larga sin pens&aacute;rselo dos veces una g&eacute;lida ma&ntilde;ana en compa&ntilde;&iacute;a de su amigo (&iquest;y amante?) Graeme Taylor, en un convoy de tres taxis llenos a rebosar de ba&uacute;les, mantas, abrigos y bastones, rumbo primero a la estaci&oacute;n Bonaventura y despu&eacute;s al puerto de Saint John, donde subir&aacute;n al buque que tras un espantoso viaje les deja en Cardiff. En Londres hacen una visita al escritor George Moore y luego, por fin, a Par&iacute;s.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A</span> los dieciocho a&ntilde;os importa poco d&oacute;nde o c&oacute;mo viva uno, si el colch&oacute;n tiene chinches o no hay cuarto de ba&ntilde;o, porque lo importante es vivir. Y Glassco vive. Vaya si vive. Come, bebe, pasea, intenta escribir, viaja a </span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">la Costa</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"> Azul</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">, sale con los amigos, tiene amantes, se acuesta a las tantas, le contagian una enfermedad ven&eacute;rea, va a burdeles, duerme bajo el Pont Neuf, posa para fotograf&iacute;as pornogr&aacute;ficas y hace de gigol&oacute;. Quiere ser escritor, y una vez le hacen mecanografiar p&aacute;ginas por las que no le pagan lo convenido y otra el editor le da un cheque sin fondos y luego desaparece. Porque Glassco se ha metido de cabeza en la vida fluyendo y cuando la vida fluye en Montparnasse pasan todas esas cosas que al cabo de los a&ntilde;os ya s&oacute;lo perviven en el recuerdo, hasta que la fiesta acaba y alguien apaga las luces. Primero Taylor tiene que regresar a Canad&aacute; porque su padre est&aacute; en las &uacute;ltimas, luego Glassco recibe una carta del suyo en que &eacute;ste le dice que no le piensa dar un d&oacute;lar m&aacute;s y que vuelva a casa lo antes posible y, por &uacute;ltimo, se queda en la calle, no tiene dinero ni sitio donde vivir y Wall Street se hunde. Escalofriante, la semejanza con lo que vivimos hoy en d&iacute;a: &ldquo;Has conseguido una visi&oacute;n fresca de una &eacute;poca moribunda. Pero no puedes volver a darle la vida s&oacute;lo con mirarla. El modo de vida de los expatriados est&aacute; alcanzando el final. El crep&uacute;sculo de los dioses apunta; la banca internacional est&aacute; cerrando las <em>porti&egrave;res</em> al cielo, o m&aacute;s bien est&aacute; bajando sus persianas met&aacute;licas. No hay m&aacute;s cr&eacute;dito, la partida ha terminado, el mundo debe volver a trabajar&rdquo;, le dice un amigo en el peque&ntilde;o <em>tabac </em>del bulevar Montparnasse.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;N</span>o s&eacute; si John Glassco es un gran escritor o no, pero no creo que sea &eacute;sa la cuesti&oacute;n. Herbert R. Lottman s&oacute;lo lo menciona al final de <em>El Par&iacute;s de Man Ray</em>, entre las notas del ap&eacute;ndice, lo mismo que hacen Billy Kl&uuml;ver y Julie Martin en esa verdadera enciclopedia para los a&ntilde;os 1900-1930 que es <em>Kiki et Montparnasse</em>. Siempre he pensado que cuando en una novela, y la forma de estas memorias, aunque hablan de hechos reales, es novelada y, en consecuencia, no se ajustan con exactitud a lo que pas&oacute;, que es lo que menos importa, que cuando en una novela lo que uno ve en primer lugar es la propia vida del autor y no su recreaci&oacute;n con vistas a una obra de arte nos encontramos ante algo que, desde el punto de vista del arte en sentido estricto, no es gran cosa. Pero puede ser, claro est&aacute;, que nos embargue y domine con m&aacute;s intensidad de lo que lo har&iacute;a una novela pura y dura, y eso es lo que ocurre con Glassco. Porque me pregunto si escribir una novela de primer orden es en realidad lo que Glassco pretend&iacute;a, si no suceder&aacute; m&aacute;s bien que su intenci&oacute;n al escribir sus memorias no sea ni por lo m&aacute;s remoto situarse por encima de la que fue su juventud en Montparnasse sino precisamente &eacute;sa, contarnos en un fabuloso embrollo pre&ntilde;ado de impulso vital c&oacute;mo fueron sus tiempos all&iacute;, para que nosotros, sus lectores de hoy, nos muramos de envidia y deseemos con furia loca y ciega el sue&ntilde;o imposible de haber tenido veinte a&ntilde;os en 1928 y haber vivido en Montparnasse sumidos en la ligereza del tiempo y los amigos que van y vienen, de las discusiones por el arte, de las copas a cualquier hora del d&iacute;a o de la noche y de las cenas de pato, caracoles y mosela a la una de la madrugada, sin la menor preocupaci&oacute;n por el d&iacute;a de ma&ntilde;ana.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp; </span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/116/las-memorias-de-montparnasse-de-john-glassco">LAS MEMORIAS DE MONTPARNASSE, DE JOHN GLASSCO</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				March 3, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/116/las-memorias-de-montparnasse-de-john-glassco">Comentarios (1)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><strong><span><span style="font-size: small; "></span></span></strong></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><strong><span><span style="font-size: small; "></span></span></strong></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Leo estos d&iacute;as las <em>Memorias de Montparnasse</em>, que narran acontecimientos ocurridos en 1928, cuando el autor, con dieciocho a&ntilde;os, abandona la ciudad de Montreal de una manera m&aacute;s bien llamativa y se va a vivir con una asignaci&oacute;n mensual de su padre al centro del mundo. Leo sus recuerdos llenos de vida y se me viene a la cabeza que tambi&eacute;n yo, hace ya trece a&ntilde;os, estudiante de franc&eacute;s, corr&iacute; por el bulevar Raspail, tom&eacute; caf&eacute; en las terrazas del Select y de </span><span>La Coupole</span><span>, vol&eacute; por los t&uacute;neles del metro hasta salir por la estaci&oacute;n de Edgar Quinet, di vueltas por el cementerio donde est&aacute;n enterrados Man Ray y Tristan Tzara y com&iacute; en el restaurante universitario de la rue Assas, donde uno se pod&iacute;a hartar por lo menos de ensalada. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Claro que por aquel tiempo yo no ten&iacute;a ni la m&aacute;s remota idea de lo que Montparnasse en particular ni Par&iacute;s en general hab&iacute;an significado para el arte del siglo XX, m&aacute;s all&aacute; de unas pocas nociones de lo m&aacute;s vagas, ni hab&iacute;a o&iacute;do hablar de toda esa gente que despu&eacute;s de </span><span>la Gran</span><span> Guerra</span><span> abandon&oacute; sus pa&iacute;ses con lo puesto porque comprendi&oacute; que en ellos no ten&iacute;a nada que hacer y se fue a vivir a aquel barrio que, ahora me doy cuenta, m&aacute;s que un barrio era todo un universo. Glassco es uno de ellos, aunque de los &uacute;ltimos. En cierto modo, llega tarde. Ya el simple comienzo del libro nos da una idea de lo que busca y lo que deja atr&aacute;s: &ldquo;Invierno en Montreal, 1927. La vida de estudiante en </span><span>la Universidad</span><span> McGill</span><span> me ha deprimido hasta el punto de no poder continuar con ella. No estaba aprendiendo nada; el plan de estudios estaba previsto como mucho para que me convirtiera en un profesor destinado a dirigir a otros en su debido momento por la misma senda de hechos sin vida. S&oacute;lo ten&iacute;a diecisiete a&ntilde;os y me dominaba la sensaci&oacute;n de que estaba echando a perder mi tiempo y mi juventud&rdquo;. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">El remedio: irse a Montparnasse. Ni siquiera a Par&iacute;s, sino a Montparnasse. Qu&eacute; lugar tan fascinante. Uno est&aacute; tentado de creer que el encanto de las &eacute;pocas pasadas s&oacute;lo es obra de los a&ntilde;os y las mentiras, lo cree porque mira a su alrededor y casi todo es peque&ntilde;o y aburrido y da por hecho que las cosas siempre han sido as&iacute;, y luego aprende de qu&eacute; iba en realidad aquello y comprende que hay momentos y lugares en la historia m&aacute;s all&aacute; de las razones pr&aacute;cticas de cada d&iacute;a, desbordantes de vida y plenitud, y que a la cabeza de todos ellos se encontraba Montparnasse al menos mientras la otra crisis, la del jueves negro de 1929, no hab&iacute;a estallado todav&iacute;a. Entonces la realidad se le presenta a uno con caracteres todav&iacute;a m&aacute;s vulgares de lo que supon&iacute;a, aunque ya no existe ni el consuelo de poder marchar a Montparnasse y lo que vemos es todo lo que hay. Y Glassco lo presiente desde la lejana Montreal, intuye que all&iacute; est&aacute; la aut&eacute;ntica vida as&iacute; que se larga sin pens&aacute;rselo dos veces una g&eacute;lida ma&ntilde;ana en compa&ntilde;&iacute;a de su amigo (&iquest;y amante?) Graeme Taylor, en un convoy de tres taxis llenos a rebosar de ba&uacute;les, mantas, abrigos y bastones, rumbo primero a la estaci&oacute;n Bonaventura y despu&eacute;s al puerto de Saint John, donde subir&aacute;n al buque que tras un espantoso viaje les deja en Cardiff. En Londres hacen una visita al escritor George Moore y luego, por fin, a Par&iacute;s.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A</span> los dieciocho a&ntilde;os importa poco d&oacute;nde o c&oacute;mo viva uno, si el colch&oacute;n tiene chinches o no hay cuarto de ba&ntilde;o, porque lo importante es vivir. Y Glassco vive. Vaya si vive. Come, bebe, pasea, intenta escribir, viaja a </span><span>la Costa</span><span> Azul</span><span>, sale con los amigos, tiene amantes, se acuesta a las tantas, le contagian una enfermedad ven&eacute;rea, va a burdeles, duerme bajo el Pont Neuf, posa para fotograf&iacute;as pornogr&aacute;ficas y hace de gigol&oacute;. Quiere ser escritor, y una vez le hacen mecanografiar p&aacute;ginas por las que no le pagan lo convenido y otra el editor le da un cheque sin fondos y luego desaparece. Porque Glassco se ha metido de cabeza en la vida fluyendo y cuando la vida fluye en Montparnasse pasan todas esas cosas que al cabo de los a&ntilde;os ya s&oacute;lo perviven en el recuerdo, hasta que la fiesta acaba y alguien apaga las luces. Primero Taylor tiene que regresar a Canad&aacute; porque su padre est&aacute; en las &uacute;ltimas, luego Glassco recibe una carta del suyo en que &eacute;ste le dice que no le piensa dar un d&oacute;lar m&aacute;s y que vuelva a casa lo antes posible y, por &uacute;ltimo, se queda en la calle, no tiene dinero ni sitio donde vivir y Wall Street se hunde. Escalofriante, la semejanza con lo que vivimos hoy en d&iacute;a: &ldquo;Has conseguido una visi&oacute;n fresca de una &eacute;poca moribunda. Pero no puedes volver a darle la vida s&oacute;lo con mirarla. El modo de vida de los expatriados est&aacute; alcanzando el final. El crep&uacute;sculo de los dioses apunta; la banca internacional est&aacute; cerrando las <em>porti&egrave;res</em> al cielo, o m&aacute;s bien est&aacute; bajando sus persianas met&aacute;licas. No hay m&aacute;s cr&eacute;dito, la partida ha terminado, el mundo debe volver a trabajar&rdquo;, le dice un amigo en el peque&ntilde;o <em>tabac </em>del bulevar Montparnasse.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;N</span>o s&eacute; si John Glassco es un gran escritor o no, pero no creo que sea &eacute;sa la cuesti&oacute;n. Herbert R. Lottman s&oacute;lo lo menciona al final de <em>El Par&iacute;s de Man Ray</em>, entre las notas del ap&eacute;ndice, lo mismo que hacen Billy Kl&uuml;ver y Julie Martin en esa verdadera enciclopedia para los a&ntilde;os 1900-1930 que es <em>Kiki et Montparnasse</em>. Siempre he pensado que cuando en una novela, y la forma de estas memorias, aunque hablan de hechos reales, es novelada y, en consecuencia, no se ajustan con exactitud a lo que pas&oacute;, que es lo que menos importa, que cuando en una novela lo que uno ve en primer lugar es la propia vida del autor y no su recreaci&oacute;n con vistas a una obra de arte nos encontramos ante algo que, desde el punto de vista del arte en sentido estricto, no es gran cosa. Pero puede ser, claro est&aacute;, que nos embargue y domine con m&aacute;s intensidad de lo que lo har&iacute;a una novela pura y dura, y eso es lo que ocurre con Glassco. Porque me pregunto si escribir una novela de primer orden es en realidad lo que Glassco pretend&iacute;a, si no suceder&aacute; m&aacute;s bien que su intenci&oacute;n al escribir sus memorias no sea ni por lo m&aacute;s remoto situarse por encima de la que fue su juventud en Montparnasse sino precisamente &eacute;sa, contarnos en un fabuloso embrollo pre&ntilde;ado de impulso vital c&oacute;mo fueron sus tiempos all&iacute;, para que nosotros, sus lectores de hoy, nos muramos de envidia y deseemos con furia loca y ciega el sue&ntilde;o imposible de haber tenido veinte a&ntilde;os en 1928 y haber vivido en Montparnasse sumidos en la ligereza del tiempo y los amigos que van y vienen, de las discusiones por el arte, de las copas a cualquier hora del d&iacute;a o de la noche y de las cenas de pato, caracoles y mosela a la una de la madrugada, sin la menor preocupaci&oacute;n por el d&iacute;a de ma&ntilde;ana.<span>&nbsp;&nbsp; </span><span>&nbsp;</span></span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

<div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/anadal/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/anadal/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/anadal/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/anadal">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/anadal">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/anadal">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/anadal">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/anadal ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/profile/icondirect.php?lastcache=1235304114&username=anadal&joindate=1222640539&guid=2&size=small" border="0"  alt="Andr&eacute;s Nadal" title="Andr&eacute;s Nadal"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>La verdad es que no se me ocurrir&iacute;a no escribir una novela de primer orden. Puedo escribir un comentario que no sea de primer orden. Ni siquiera un post. Ni un blog. Pero una novela es otra cosa.</p>
<p>El otro d&iacute;a, exagerando, dec&iacute;a que una novela es un objeto sagrado. Por eso nos impresiona tanto ver que se quemen los libros.</p>
<p>Por eso yo siempre que me pongo a ESCRIBIR (que no es lo que hago ahora) lo hago con toda la implicaci&oacute;n de mi coraz&oacute;n y de mi cerebro.</p>
<p>Me ha intrigado lo que has escrito, Ublado, as&iacute; que voy a buscar la obra que citas.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a> <acronym title="3 March 2009 @ 7:27am">hace 551 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div -->]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/annotation/11/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/2/" published="Tue, 03 Mar 2009 07:27:48 -0700" ><![CDATA[<p>La verdad es que no se me ocurrir&iacute;a no escribir una novela de primer orden. Puedo escribir un comentario que no sea de primer orden. Ni siquiera un post. Ni un blog. Pero una novela es otra cosa.</p>
<p>El otro d&iacute;a, exagerando, dec&iacute;a que una novela es un objeto sagrado. Por eso nos impresiona tanto ver que se quemen los libros.</p>
<p>Por eso yo siempre que me pongo a ESCRIBIR (que no es lo que hago ahora) lo hago con toda la implicaci&oacute;n de mi coraz&oacute;n y de mi cerebro.</p>
<p>Me ha intrigado lo que has escrito, Ublado, as&iacute; que voy a buscar la obra que citas.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/metadata/859/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="tags" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" />
<entity uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" class="object" subclass="blog" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" />
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/owner_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="owner_uuid" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/container_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="container_uuid" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/114/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/site_uuid/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="site_uuid" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[http://narraluces.org/social/export/opendd/1/]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/time_updated/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="time_updated" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[1236080191]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/title/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="title" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[LAS MEMORIAS DE MONTPARNASSE, DE JOHN GLASSCO]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/attr/description/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="description" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" ><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><strong><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;"></span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><strong><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;"></span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Leo estos d&iacute;as las <em>Memorias de Montparnasse</em>, que narran acontecimientos ocurridos en 1928, cuando el autor, con dieciocho a&ntilde;os, abandona la ciudad de Montreal de una manera m&aacute;s bien llamativa y se va a vivir con una asignaci&oacute;n mensual de su padre al centro del mundo. Leo sus recuerdos llenos de vida y se me viene a la cabeza que tambi&eacute;n yo, hace ya trece a&ntilde;os, estudiante de franc&eacute;s, corr&iacute; por el bulevar Raspail, tom&eacute; caf&eacute; en las terrazas del Select y de </span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">La Coupole</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">, vol&eacute; por los t&uacute;neles del metro hasta salir por la estaci&oacute;n de Edgar Quinet, di vueltas por el cementerio donde est&aacute;n enterrados Man Ray y Tristan Tzara y com&iacute; en el restaurante universitario de la rue Assas, donde uno se pod&iacute;a hartar por lo menos de ensalada. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Claro que por aquel tiempo yo no ten&iacute;a ni la m&aacute;s remota idea de lo que Montparnasse en particular ni Par&iacute;s en general hab&iacute;an significado para el arte del siglo XX, m&aacute;s all&aacute; de unas pocas nociones de lo m&aacute;s vagas, ni hab&iacute;a o&iacute;do hablar de toda esa gente que despu&eacute;s de </span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">la Gran</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"> Guerra</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"> abandon&oacute; sus pa&iacute;ses con lo puesto porque comprendi&oacute; que en ellos no ten&iacute;a nada que hacer y se fue a vivir a aquel barrio que, ahora me doy cuenta, m&aacute;s que un barrio era todo un universo. Glassco es uno de ellos, aunque de los &uacute;ltimos. En cierto modo, llega tarde. Ya el simple comienzo del libro nos da una idea de lo que busca y lo que deja atr&aacute;s: &ldquo;Invierno en Montreal, 1927. La vida de estudiante en </span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">la Universidad</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"> McGill</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"> me ha deprimido hasta el punto de no poder continuar con ella. No estaba aprendiendo nada; el plan de estudios estaba previsto como mucho para que me convirtiera en un profesor destinado a dirigir a otros en su debido momento por la misma senda de hechos sin vida. S&oacute;lo ten&iacute;a diecisiete a&ntilde;os y me dominaba la sensaci&oacute;n de que estaba echando a perder mi tiempo y mi juventud&rdquo;. </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">El remedio: irse a Montparnasse. Ni siquiera a Par&iacute;s, sino a Montparnasse. Qu&eacute; lugar tan fascinante. Uno est&aacute; tentado de creer que el encanto de las &eacute;pocas pasadas s&oacute;lo es obra de los a&ntilde;os y las mentiras, lo cree porque mira a su alrededor y casi todo es peque&ntilde;o y aburrido y da por hecho que las cosas siempre han sido as&iacute;, y luego aprende de qu&eacute; iba en realidad aquello y comprende que hay momentos y lugares en la historia m&aacute;s all&aacute; de las razones pr&aacute;cticas de cada d&iacute;a, desbordantes de vida y plenitud, y que a la cabeza de todos ellos se encontraba Montparnasse al menos mientras la otra crisis, la del jueves negro de 1929, no hab&iacute;a estallado todav&iacute;a. Entonces la realidad se le presenta a uno con caracteres todav&iacute;a m&aacute;s vulgares de lo que supon&iacute;a, aunque ya no existe ni el consuelo de poder marchar a Montparnasse y lo que vemos es todo lo que hay. Y Glassco lo presiente desde la lejana Montreal, intuye que all&iacute; est&aacute; la aut&eacute;ntica vida as&iacute; que se larga sin pens&aacute;rselo dos veces una g&eacute;lida ma&ntilde;ana en compa&ntilde;&iacute;a de su amigo (&iquest;y amante?) Graeme Taylor, en un convoy de tres taxis llenos a rebosar de ba&uacute;les, mantas, abrigos y bastones, rumbo primero a la estaci&oacute;n Bonaventura y despu&eacute;s al puerto de Saint John, donde subir&aacute;n al buque que tras un espantoso viaje les deja en Cardiff. En Londres hacen una visita al escritor George Moore y luego, por fin, a Par&iacute;s.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: small;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A</span> los dieciocho a&ntilde;os importa poco d&oacute;nde o c&oacute;mo viva uno, si el colch&oacute;n tiene chinches o no hay cuarto de ba&ntilde;o, porque lo importante es vivir. Y Glassco vive. Vaya si vive. Come, bebe, pasea, intenta escribir, viaja a </span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">la Costa</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"> Azul</span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';">, sale con los amigos, tiene amantes, se acuesta a las tantas, le contagian una enfermedad ven&eacute;rea, va a burdeles, duerme bajo el Pont Neuf, posa para fotograf&iacute;as pornogr&aacute;ficas y hace de gigol&oacute;. Quiere ser escritor, y una vez le hacen mecanografiar p&aacute;ginas por las que no le pagan lo convenido y otra el editor le da un cheque sin fondos y luego desaparece. Porque Glassco se ha metido de cabeza en la vida fluyendo y cuando la vida fluye en Montparnasse pasan todas esas cosas que al cabo de los a&ntilde;os ya s&oacute;lo perviven en el recuerdo, hasta que la fiesta acaba y alguien apaga las luces. Primero Taylor tiene que regresar a Canad&aacute; porque su padre est&aacute; en las &uacute;ltimas, luego Glassco recibe una carta del suyo en que &eacute;ste le dice que no le piensa dar un d&oacute;lar m&aacute;s y que vuelva a casa lo antes posible y, por &uacute;ltimo, se queda en la calle, no tiene dinero ni sitio donde vivir y Wall Street se hunde. Escalofriante, la semejanza con lo que vivimos hoy en d&iacute;a: &ldquo;Has conseguido una visi&oacute;n fresca de una &eacute;poca moribunda. Pero no puedes volver a darle la vida s&oacute;lo con mirarla. El modo de vida de los expatriados est&aacute; alcanzando el final. El crep&uacute;sculo de los dioses apunta; la banca internacional est&aacute; cerrando las <em>porti&egrave;res</em> al cielo, o m&aacute;s bien est&aacute; bajando sus persianas met&aacute;licas. No hay m&aacute;s cr&eacute;dito, la partida ha terminado, el mundo debe volver a trabajar&rdquo;, le dice un amigo en el peque&ntilde;o <em>tabac </em>del bulevar Montparnasse.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;"><span style="mso-tab-count: 1;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;N</span>o s&eacute; si John Glassco es un gran escritor o no, pero no creo que sea &eacute;sa la cuesti&oacute;n. Herbert R. Lottman s&oacute;lo lo menciona al final de <em>El Par&iacute;s de Man Ray</em>, entre las notas del ap&eacute;ndice, lo mismo que hacen Billy Kl&uuml;ver y Julie Martin en esa verdadera enciclopedia para los a&ntilde;os 1900-1930 que es <em>Kiki et Montparnasse</em>. Siempre he pensado que cuando en una novela, y la forma de estas memorias, aunque hablan de hechos reales, es novelada y, en consecuencia, no se ajustan con exactitud a lo que pas&oacute;, que es lo que menos importa, que cuando en una novela lo que uno ve en primer lugar es la propia vida del autor y no su recreaci&oacute;n con vistas a una obra de arte nos encontramos ante algo que, desde el punto de vista del arte en sentido estricto, no es gran cosa. Pero puede ser, claro est&aacute;, que nos embargue y domine con m&aacute;s intensidad de lo que lo har&iacute;a una novela pura y dura, y eso es lo que ocurre con Glassco. Porque me pregunto si escribir una novela de primer orden es en realidad lo que Glassco pretend&iacute;a, si no suceder&aacute; m&aacute;s bien que su intenci&oacute;n al escribir sus memorias no sea ni por lo m&aacute;s remoto situarse por encima de la que fue su juventud en Montparnasse sino precisamente &eacute;sa, contarnos en un fabuloso embrollo pre&ntilde;ado de impulso vital c&oacute;mo fueron sus tiempos all&iacute;, para que nosotros, sus lectores de hoy, nos muramos de envidia y deseemos con furia loca y ciega el sue&ntilde;o imposible de haber tenido veinte a&ntilde;os en 1928 y haber vivido en Montparnasse sumidos en la ligereza del tiempo y los amigos que van y vienen, de las discusiones por el arte, de las copas a cualquier hora del d&iacute;a o de la noche y de las cenas de pato, caracoles y mosela a la una de la madrugada, sin la menor preocupaci&oacute;n por el d&iacute;a de ma&ntilde;ana.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;&nbsp; </span><span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp;</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin:0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman';"><span style="font-size: small;">&nbsp;</span></span></p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/volatile/renderedentity/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="renderedentity" type="volatile" ><![CDATA[
	<div class="contentWrapper singleview">
	
	<div class="blog_post">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/116/las-memorias-de-montparnasse-de-john-glassco">LAS MEMORIAS DE MONTPARNASSE, DE JOHN GLASSCO</a></h3>
		<!-- display the user icon -->
		<div class="blog_post_icon">
		    <div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/Ubaldorodriguez/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/Ubaldorodriguez/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/Ubaldorodriguez/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/Ubaldorodriguez">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/Ubaldorodriguez">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/Ubaldorodriguez">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/Ubaldorodriguez ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/Ubaldorodriguez" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/theme_elgg_example/graphics/user_icons/defaulttiny.gif" border="0"  alt="Ubaldorodriguez" title="Ubaldorodriguez"  /></a>
</div>

	    </div>
			<p class="strapline">
				March 3, 2009				por <a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez">Ubaldorodriguez</a> &nbsp; 
				<!-- display the comments link -->
							    	<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/Ubaldorodriguez/read/116/las-memorias-de-montparnasse-de-john-glassco">Comentarios (1)</a><br />
			    			</p>
			<!-- display tags -->
							<div class="clearfloat"></div>
			<div class="blog_post_body">

			<!-- display the actual blog post -->
				<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><strong><span><span style="font-size: small; "></span></span></strong></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><strong><span><span style="font-size: small; "></span></span></strong></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Leo estos d&iacute;as las <em>Memorias de Montparnasse</em>, que narran acontecimientos ocurridos en 1928, cuando el autor, con dieciocho a&ntilde;os, abandona la ciudad de Montreal de una manera m&aacute;s bien llamativa y se va a vivir con una asignaci&oacute;n mensual de su padre al centro del mundo. Leo sus recuerdos llenos de vida y se me viene a la cabeza que tambi&eacute;n yo, hace ya trece a&ntilde;os, estudiante de franc&eacute;s, corr&iacute; por el bulevar Raspail, tom&eacute; caf&eacute; en las terrazas del Select y de </span><span>La Coupole</span><span>, vol&eacute; por los t&uacute;neles del metro hasta salir por la estaci&oacute;n de Edgar Quinet, di vueltas por el cementerio donde est&aacute;n enterrados Man Ray y Tristan Tzara y com&iacute; en el restaurante universitario de la rue Assas, donde uno se pod&iacute;a hartar por lo menos de ensalada. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Claro que por aquel tiempo yo no ten&iacute;a ni la m&aacute;s remota idea de lo que Montparnasse en particular ni Par&iacute;s en general hab&iacute;an significado para el arte del siglo XX, m&aacute;s all&aacute; de unas pocas nociones de lo m&aacute;s vagas, ni hab&iacute;a o&iacute;do hablar de toda esa gente que despu&eacute;s de </span><span>la Gran</span><span> Guerra</span><span> abandon&oacute; sus pa&iacute;ses con lo puesto porque comprendi&oacute; que en ellos no ten&iacute;a nada que hacer y se fue a vivir a aquel barrio que, ahora me doy cuenta, m&aacute;s que un barrio era todo un universo. Glassco es uno de ellos, aunque de los &uacute;ltimos. En cierto modo, llega tarde. Ya el simple comienzo del libro nos da una idea de lo que busca y lo que deja atr&aacute;s: &ldquo;Invierno en Montreal, 1927. La vida de estudiante en </span><span>la Universidad</span><span> McGill</span><span> me ha deprimido hasta el punto de no poder continuar con ella. No estaba aprendiendo nada; el plan de estudios estaba previsto como mucho para que me convirtiera en un profesor destinado a dirigir a otros en su debido momento por la misma senda de hechos sin vida. S&oacute;lo ten&iacute;a diecisiete a&ntilde;os y me dominaba la sensaci&oacute;n de que estaba echando a perder mi tiempo y mi juventud&rdquo;. </span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">El remedio: irse a Montparnasse. Ni siquiera a Par&iacute;s, sino a Montparnasse. Qu&eacute; lugar tan fascinante. Uno est&aacute; tentado de creer que el encanto de las &eacute;pocas pasadas s&oacute;lo es obra de los a&ntilde;os y las mentiras, lo cree porque mira a su alrededor y casi todo es peque&ntilde;o y aburrido y da por hecho que las cosas siempre han sido as&iacute;, y luego aprende de qu&eacute; iba en realidad aquello y comprende que hay momentos y lugares en la historia m&aacute;s all&aacute; de las razones pr&aacute;cticas de cada d&iacute;a, desbordantes de vida y plenitud, y que a la cabeza de todos ellos se encontraba Montparnasse al menos mientras la otra crisis, la del jueves negro de 1929, no hab&iacute;a estallado todav&iacute;a. Entonces la realidad se le presenta a uno con caracteres todav&iacute;a m&aacute;s vulgares de lo que supon&iacute;a, aunque ya no existe ni el consuelo de poder marchar a Montparnasse y lo que vemos es todo lo que hay. Y Glassco lo presiente desde la lejana Montreal, intuye que all&iacute; est&aacute; la aut&eacute;ntica vida as&iacute; que se larga sin pens&aacute;rselo dos veces una g&eacute;lida ma&ntilde;ana en compa&ntilde;&iacute;a de su amigo (&iquest;y amante?) Graeme Taylor, en un convoy de tres taxis llenos a rebosar de ba&uacute;les, mantas, abrigos y bastones, rumbo primero a la estaci&oacute;n Bonaventura y despu&eacute;s al puerto de Saint John, donde subir&aacute;n al buque que tras un espantoso viaje les deja en Cardiff. En Londres hacen una visita al escritor George Moore y luego, por fin, a Par&iacute;s.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span style="font-size: small; "><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A</span> los dieciocho a&ntilde;os importa poco d&oacute;nde o c&oacute;mo viva uno, si el colch&oacute;n tiene chinches o no hay cuarto de ba&ntilde;o, porque lo importante es vivir. Y Glassco vive. Vaya si vive. Come, bebe, pasea, intenta escribir, viaja a </span><span>la Costa</span><span> Azul</span><span>, sale con los amigos, tiene amantes, se acuesta a las tantas, le contagian una enfermedad ven&eacute;rea, va a burdeles, duerme bajo el Pont Neuf, posa para fotograf&iacute;as pornogr&aacute;ficas y hace de gigol&oacute;. Quiere ser escritor, y una vez le hacen mecanografiar p&aacute;ginas por las que no le pagan lo convenido y otra el editor le da un cheque sin fondos y luego desaparece. Porque Glassco se ha metido de cabeza en la vida fluyendo y cuando la vida fluye en Montparnasse pasan todas esas cosas que al cabo de los a&ntilde;os ya s&oacute;lo perviven en el recuerdo, hasta que la fiesta acaba y alguien apaga las luces. Primero Taylor tiene que regresar a Canad&aacute; porque su padre est&aacute; en las &uacute;ltimas, luego Glassco recibe una carta del suyo en que &eacute;ste le dice que no le piensa dar un d&oacute;lar m&aacute;s y que vuelva a casa lo antes posible y, por &uacute;ltimo, se queda en la calle, no tiene dinero ni sitio donde vivir y Wall Street se hunde. Escalofriante, la semejanza con lo que vivimos hoy en d&iacute;a: &ldquo;Has conseguido una visi&oacute;n fresca de una &eacute;poca moribunda. Pero no puedes volver a darle la vida s&oacute;lo con mirarla. El modo de vida de los expatriados est&aacute; alcanzando el final. El crep&uacute;sculo de los dioses apunta; la banca internacional est&aacute; cerrando las <em>porti&egrave;res</em> al cielo, o m&aacute;s bien est&aacute; bajando sus persianas met&aacute;licas. No hay m&aacute;s cr&eacute;dito, la partida ha terminado, el mundo debe volver a trabajar&rdquo;, le dice un amigo en el peque&ntilde;o <em>tabac </em>del bulevar Montparnasse.</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; "><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;N</span>o s&eacute; si John Glassco es un gran escritor o no, pero no creo que sea &eacute;sa la cuesti&oacute;n. Herbert R. Lottman s&oacute;lo lo menciona al final de <em>El Par&iacute;s de Man Ray</em>, entre las notas del ap&eacute;ndice, lo mismo que hacen Billy Kl&uuml;ver y Julie Martin en esa verdadera enciclopedia para los a&ntilde;os 1900-1930 que es <em>Kiki et Montparnasse</em>. Siempre he pensado que cuando en una novela, y la forma de estas memorias, aunque hablan de hechos reales, es novelada y, en consecuencia, no se ajustan con exactitud a lo que pas&oacute;, que es lo que menos importa, que cuando en una novela lo que uno ve en primer lugar es la propia vida del autor y no su recreaci&oacute;n con vistas a una obra de arte nos encontramos ante algo que, desde el punto de vista del arte en sentido estricto, no es gran cosa. Pero puede ser, claro est&aacute;, que nos embargue y domine con m&aacute;s intensidad de lo que lo har&iacute;a una novela pura y dura, y eso es lo que ocurre con Glassco. Porque me pregunto si escribir una novela de primer orden es en realidad lo que Glassco pretend&iacute;a, si no suceder&aacute; m&aacute;s bien que su intenci&oacute;n al escribir sus memorias no sea ni por lo m&aacute;s remoto situarse por encima de la que fue su juventud en Montparnasse sino precisamente &eacute;sa, contarnos en un fabuloso embrollo pre&ntilde;ado de impulso vital c&oacute;mo fueron sus tiempos all&iacute;, para que nosotros, sus lectores de hoy, nos muramos de envidia y deseemos con furia loca y ciega el sue&ntilde;o imposible de haber tenido veinte a&ntilde;os en 1928 y haber vivido en Montparnasse sumidos en la ligereza del tiempo y los amigos que van y vienen, de las discusiones por el arte, de las copas a cualquier hora del d&iacute;a o de la noche y de las cenas de pato, caracoles y mosela a la una de la madrugada, sin la menor preocupaci&oacute;n por el d&iacute;a de ma&ntilde;ana.<span>&nbsp;&nbsp; </span><span>&nbsp;</span></span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify; "><span><span style="font-size: small; ">&nbsp;</span></span></p>
			</div><div class="clearfloat"></div>			
			<!-- display edit options if it is the blog post owner -->
			<p class="options">
						</p>
		</div>
		</div>

<div class="generic_comment"><!-- start of generic_comment div -->

	<div class="generic_comment_icon">
		<div class="usericon">
<div class="avatar_menu_button"><img src="http://narraluces.org/social/_graphics/spacer.gif" border="0" width="15px" height="15px" /></div>

	<div class="sub_menu">
		<h3><a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a></h3>
		
	<p class="user_menu_profile">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Profile</a>
	</p>
	<p class="user_menu_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friends/anadal/">Amigos</a>	
	</p>
			<p class="user_menu_friends_of">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsof/anadal/">Amigos de</a>	
		</p>
		<p class="user_menu_friends_of_friends">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/friendsoffriends/anadal/">Amigos de amigos</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/file/anadal">Ficheros</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_blog">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/blog/anadal">Blog</a>	
	</p><p class="user_menu_pages">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/pages/owned/anadal">P&aacute;ginas</a>	
	</p>
	<p class="user_menu_file ">
		<a href="http://narraluces.org/social/pg/photos/owned/anadal">&Aacute;lbumnes de Fotos</a>	
	</p><p class="user_menu_profile">
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/izap_videos/anadal ">Video</a>
</p>	</div>	
	<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal" class="icon" ><img src="http://narraluces.org/social/mod/profile/icondirect.php?lastcache=1235304114&username=anadal&joindate=1222640539&guid=2&size=small" border="0"  alt="Andr&eacute;s Nadal" title="Andr&eacute;s Nadal"  /></a>
</div>

	</div>
	<div class="generic_comment_details">

		<!-- output the actual comment -->
		<p>La verdad es que no se me ocurrir&iacute;a no escribir una novela de primer orden. Puedo escribir un comentario que no sea de primer orden. Ni siquiera un post. Ni un blog. Pero una novela es otra cosa.</p>
<p>El otro d&iacute;a, exagerando, dec&iacute;a que una novela es un objeto sagrado. Por eso nos impresiona tanto ver que se quemen los libros.</p>
<p>Por eso yo siempre que me pongo a ESCRIBIR (que no es lo que hago ahora) lo hago con toda la implicaci&oacute;n de mi coraz&oacute;n y de mi cerebro.</p>
<p>Me ha intrigado lo que has escrito, Ublado, as&iacute; que voy a buscar la obra que citas.</p>

		<p class="generic_comment_owner">
			<a href="http://narraluces.org/social/pg/profile/anadal">Andrés Nadal</a> <acronym title="3 March 2009 @ 7:27am">hace 551 dias</acronym>		</p>

			</div><!-- end of generic_comment_details -->
</div><!-- end of generic_comment div -->]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/annotation/11/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="generic_comment" type="annotation" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/2/" published="Tue, 03 Mar 2009 07:27:48 -0700" ><![CDATA[<p>La verdad es que no se me ocurrir&iacute;a no escribir una novela de primer orden. Puedo escribir un comentario que no sea de primer orden. Ni siquiera un post. Ni un blog. Pero una novela es otra cosa.</p>
<p>El otro d&iacute;a, exagerando, dec&iacute;a que una novela es un objeto sagrado. Por eso nos impresiona tanto ver que se quemen los libros.</p>
<p>Por eso yo siempre que me pongo a ESCRIBIR (que no es lo que hago ahora) lo hago con toda la implicaci&oacute;n de mi coraz&oacute;n y de mi cerebro.</p>
<p>Me ha intrigado lo que has escrito, Ublado, as&iacute; que voy a buscar la obra que citas.</p>]]></metadata>
<metadata uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/metadata/859/" entity_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/116/" name="tags" type="metadata" owner_uuid="http://narraluces.org/social/export/opendd/114/" published="Tue, 03 Mar 2009 04:36:31 -0700" />
</odd>